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miércoles, 25 de enero de 2012

Las ovejas no hacen cimbeladas, o ruta Belchite-Letux.

Que el cenefo no es una animal de costumbre, lo teniamos claro... pero estar una sobremesa de la comida de fin de temporada, decidiendo objetivos de rutas para el nuevo año, y comenzar el año con una andada allí no prevista, eso es, parte de nuestra filosofía...
Y así fue, decidimos hacer una ruta para Belchite y Almonacid de la Cuba, siguiendo el PRZ-80.
Allí nos dirigimos Miguel, Carlos, Fernando y el cronista, saliendo de Zaragoza sobre las 7:30, para dirigirnos por la carretera de Castellón y tomar la A-222 para llegar a Belchite, y tras perdernos (¡cómo no!) unos minutos por las ruinas del pueblo viejo, dar con el inicio del camino, junto a la carretera de Cariñena.
El frío nos respetó, pero el fuerte viento se convirtió en compañero de paseo durante toda la jornada. 
Son seis kilómetros los que separan Belchite de ALmonacid de la Cuba, combinación de camino y senderos que trasncurren junto al río Aguasvivas. A mitad de camino se supera el estrecho de Malpasillo y el Pozo de los chorros, para después salvar el impresionante encajonamiento del valle debido a la alineación montañosa de la sierra de Belchite.
Llegados a Almonacid de la Cuba, procedimos a callejearlo llegando frente por frente con la impresionante construcción hidráulica del siglo I, y que los romanos construyeron inicialmente a modo de presa y que increiblemente ha sobrevivido hasta nuestros días. Un hito en la ingeniería de la Antigüedad que tuvo una capacidad máxima de casi 7 hectómetros cúbicos.
Las vistas desde el mirador acondicionado junto a la "Cuba" son espectaculares, como el cuidado con que los vecinos tienen tan hermoso lugar.
Junto a la presa, hay un pequeño parque, donde unas mesas de madera nos invitaron a dar buena cuenta del almuerzo cenefo. Chorizo, queso, salchichón, sobrasada... todo revuelto al estilo "fernando"... y engullido entre el pan de La Tahona del Pastor, esa panadería del paseo Teruel de Zaragoga, que siempre tiene unas colas kilométricas para vender pan.
Carlos nos regaló una de sus perlas  a modo de frase  para la posteridad:
"El pan, hace buena la comida"
Una vez dimos cuenta las viandas, maridadas con vino de Morata en bota, saboreamos la impresionante infusión cenefa (té de roca de Nigüella, miel y anís), mojando un excelente tortón de nueces, y rematados con un chupito de Chivas en petaca.
Las gallinas que entraron, sin duda y a esas alturas fueron más que las que salieron.
Después y con la tripa llena, decidimos cambiar la ruta, y continuar por el PRZ-80 en dirección a Letux. Son un poco más de tres kilómetros, por un camino rural entre ambas localidades por la zona de contacto entre la estepa y la vega del río.
Llegados a Letux, y por no repetir camino, decidimos probar suerte, e intentar retornar a Almonacid por el margen derecho del río. Donde en un cruce con duda de caminos, Carlos nos entregó la cita que da nombre a la crónica, haciendo mención a la dirección que tomarían las ovejas de estar en esa encrucijada:
"Las ovejas no hacen cimbeladas"
Pues eso mismo, las ovejas no hacen cimbeladas, pero los cenefos sí, y gordas. A los pocos minutos nos encontrábamos campo a través, zarzas a través y encontrando un atajo que nos regalaría varios kilómetros de más.
Una vez encontrada la carretera, decidimos seguir por ella, y alcanzar de nuevo Almonacid, esta vez encarándolo desde la presa.
Como las teníamos suficiente aventura cenefa, optamos por repetir el camino de ida para llegar a Belchite, punto de partida de la excursión.

Total: diecinueve kilómetros por encima de los cinco de media.
Las jarras, que las hubieron, tuvieron que esperar a Zaragoza, en concreto a un bar junto a la CAF, y la casa de Carlos. No volveremos, el navajazo aún duele...


Me despido, deseando, que a partir de la próxima salida tengamos un catedrático entre los cenefos... Suerte Luís!

lunes, 28 de febrero de 2011

Cierzo en los pinares de Zuera.




Dudábamos los cenefos entre emprender camino por los pinares de Zuera o acudir a Castejón de Valdejasa, ya que debido al incendio del 2008, no queríamos hacer una ruta por mucho pinar calcinado.
A las 7:30 la mañana, en el Paseo Teruel, en la panadería de La Tahona del Pastos, estábamos los andarines de hoy (Miguel, Carlos que debutaba, Fernando y un servidor), para comprar el pan del día y emprender marcha dirección Huesca.
Llegamos en las inmediaciones de la ruta de los pinares de Zuera, y al no observar restos de la zona incendiada, optamos por realizar esta marcha. Dejamos el coche junto a la carretera comarcal A-1102 (San Mateo-Ejea) al inicio del camino que debíamos tomar. Una botella de agua mal cerrada, hace que mi bolsa esté empapada, por lo que reparto mis enseres, y decido hacer el camino sin ella, que es un placer para mi espalda. Eran las 8:20 de la mañana, el viento (ya anunciado por Maldonado) era insufrible, y en los primeros metros, ya comienzan los comentarios negativos acerca del día elegido y distancia a realizar. El camino transcurre por amplia pista forestal, por el camino de las Casas Altas del Castelar, que nos conduciría a las cercanías del Pico Esteban (746m.), donde se halla situado un recinto de comunicaciones militares. Queda para los que estuvimos, la lección magistral del origen del Cierzo y la Tramontana. Ese cierzo, que seguía soplando de forma y manera brutal, y que no nos abandonaría en toda la jornada. Cuando nos disponíamos a seguir con nuestro camino, un séquito de "landrovers" con sus correspondientes hombres de verde nos avisan que estaban en sus propias palabras "de batida de jabalins", por lo que tuvimos que utilizar la improvisación del cenefo precavido y cambiar la dirección del recorrido para desviarnos a buscar la subida a la Palomera por otro sitio. La exigente subida a la Palomera(635m) prevista, se convierte en apenas un centenar de metros, que damos cuenta con la mente puesta en el almuerzo. Eran las 10 de la mañana, habíamos metido en nuestras botas los primeros 10km, y en la caseta Forestal de la Palomera, esparcimos las viandas del almuerzo cenefo: jamón, lomo, queso, tomate y pan, todo ello regado con vino de la bota cenefa. En pleno almuerzo, unos compañeros ciclistas, llegaron a la cima. Su almuerzo muesli, avellanas y barritas enérgeticas, hacen que a todos ellos se les salten las lágrimas al ver los bocatas en nuestras manos. Jejeje, es lo que tienen los ciclistas...
Les invitamos a un trago de vino, al que no dijeron que no, y nos dieron un poco de dulce de nueces que llevaban. Las vistas desde allí impresionantes, con los Pirineos nevados al fondo. Recogimos todo, y emprendimos marcha de nuevo. Teníamos el coche a apenas 4km, por lo que decidimos sin perder su referencia dar una vuelta por las amplias pistas que discurren por los pinares de Zuera, y a las 11:45, después de totalizar 18 kilométros llegamos al coche.
Después paramos en el Polígono de San Mateo, a cumplir con unas jarras de cerveza, acompañadas con olivas y cacahuetes, para vernos en Zaragoza una hora después, y refrendar los votos de nuestra máxima cenefa de A COMER A CASA!
Hasta la próxima cenefos!
..y a los que no han debutado, decirles que acá siempre se les espera!

domingo, 6 de febrero de 2011

ARROJO CENEFO

Tocaba una salida para ir cogiendo algo de forma e ir alejando el invierno. Nuestro guía preparó una salida hasta La Cartuja. Quedamos a las 7.30h en el Puente de Piedra y allá llegamos Juancho, Rafa y Luis con puntualidad. Un poco más tarde llegarón Raúl, Miguel y Fernando. Hacía frío y a esas horas deambulan muchos nocturnos en retirada, que provocan nuestro primer debate sobre las sardinas rancias y el maridaje con cerveza.  A las 7.45h partimos hacia San Juan de la Peña (alguno deshizo el camino) y torcemos en el Camino de los Molinos para embocar hacia San Gregorio. En el camino nos encontramos otro ejemplo de los estragos de una noche mal entendida (véase foto). Por cierto, mucho frío a estas horas de la mañana.

A las 8.20 llegamos a San Gregorio y continuamos todo recto para llegar  a San Juan de Mozarrifar, donde hubo que buscar una panadería para apañar el almuerzo comunitario planteado para esta salida. Si se busca la salida a la derecha que va hacia el campo de fútbol, hay un Spar que a esas horas sirve un maravilloso pan tierno. Se retoma el camino hacia la pasarela sobre el río Gallego. Cruzado este hay que ir hacia la izquierda y tomar la senda Juancho, paralela al río y complicada por la rosada, las zarzas, las piedras, árboles caídos y el frío. Son varias las veces que estamos a punto de dejarlo, pero el guía no ceja hasta llevarnos al azud donde comienza la Urdana, donde llegamos sobre las 10h. Aquí apañamos un almuerzo sensacional regado con vino cenefo y no cenefo. Como siempre arreglamos el mundo (aunque el arreglo lo dejamos en las Vegas). Acabado sobre las 10.50h, tenemos que tomar el camino hacia La Cartuja. Surge aquí una dificultad no prevista: fuimos asaltados por un perro jubilado y un microcan que provocó algún pequeño caos en las huestes cenefas. Tras una primera retirada (o desbandada, según las interpretaciones) para planificar las acciones a tomar, optamos por la única posible: proveernos de armas disuasorias y seguir. Un poco avergonzados al ver el percal contrario, que no estaba para mucho trote, continuamos hasta La Cartuja, donde descubrimos lo vedado del camino.

En La Cartuja tomamos la carretera para seguir hasta Montañana. Es lo peor del camino, todo asfalto y bajo un calor que ya empieza a apretar en una mañana más propia de primavera que de invierno; y eso a pesar del hielo que vimos en algunas zonas a primera hora de la mañana. Tramos que solo se arregló por el cachondeo que provocó el efecto de la crisis en el mobiliario urbano. Y si no, véase las fotos de esta andada y como son las nuevas marquesinas para esperar el autobúsde la línea 28. A las 11.50h llegamos a Montañana, y a la altura de la fábrica (no tiene perdida) giramos a la derecha para ir hacia el río. Llegados al Gallego ya lo vamos a seguir fielmente hasta que ameriza en el Ebro. Somos testigos de una fantástica mañana de domingo salpicada de familias enteras haciendo deporte. Alcanzado el Ebro, vamos hacia el bar La Barca, perfecta recomendación de Raúl en la que enjugamos sudores con jarritas frescas, morro frito y algo de calamar para ir tirando (todo isotónico). No hay mucho tiempo, así que terminamos discusiones sobre mallas, sillas y las próximas salidas. Que serán en breve.

Vamos a retomar la vieja costumbre de catalogar las salidas, para la que animamos al comentario. Recordad el ranking cenefo: paseo, calcetinada o inflón (con sus variantes y precisiones). Vaya una primera propuesta: calcetinada (dícese de la andada que se hace larga, ya sea por el kilometraje, lo insulso del terreno o lo árido del paisaje).

Datos técnicos: Salida #50 | Distancia 28,26km | Desnivel acumulado 318m | Tiempo efectivo 5h08' | vel efectiva 5,5km/h | Tiempo total 6h40'

domingo, 16 de enero de 2011

Alcubierre y la ruta Orwell. Revisited.

Un año después de que visitáramos estos parajes de la sierra de Alcubierre, decidimos volver a realizar la andada, ya que en aquella ocasión solo habíamos estado Carlos, Luis y yo. Para leer la crónica que tan bien y para deleite, como siempre, escribió Luís, aquí os dejo en el enlace: Alcubierre-Puy Ladrón-Loma Orwell-Alcubierre.
Pasaban las siete y media de una mañana que escondía todo tras una densa niebla, cuando fuimos llenando el coche de cenefos aventureros. Luis Lezcano, Fernando y Miguel Ángel, formación de lujo, para la excursión de hoy.
Salimos de Zaragoza, por la Ronda Norte, para tomar en Santa Isabel, la A-129 dirección Sariñena, que nos conduciría a Alcubierre. Preocupados por la niebla que pensábamos no nos abandonaría en toda la mañana, se obró el milagro, y a la salida de Leciñena, desapareció. Alcubierre nos esperaba con un cielo despejado y un termómetro con algún grado bajo cero. Allí se quedó el coche y allí comenzó la andada, pasaban pocos minutos de las 8:30.
Tomamos la carretera hacia la salida del pueblo, para a unos doscientos metros tomar un desvío a la derecha, que nos indicaba mediante un poste el camino hacia el Puy Ladrón (675m.), techo de la Sierra de Alcubierre. En los primeros pasos, y en trasncurso de la amena charla, Luis nos dejó la frase del día, para reflexionar, que acá se quede reflejada: "Siempre hay que estar contra el poder". Caminando, y mientras hablábamos de él, Ángel nos llamó para excusar su ausencia y citarse para la próxima. Luis, nuestro presidente, quedó suficientemente excusado por su carga de trabajo funcionarial (aunque suene a paradoja), no así la llamada pertinente que no realizó, y por lo que le damos su correspondiente "warning".
Continuamos por el camino que nos conduciría hacía las faldas de la cima que alberga las antenas de telefonía (visibles todo el camino), a través de una senda entre pinos, que es sin duda el trazado más hermoso de la caminata. Una vez alcanzada la cima, por otra senda, llegamos al Puy Ladrón, donde se erige un monumento a los caídos, y donde decidimos dar buena cuenta del almuerzo, regado por un excelente vino (gracias Luis) en bota, como procede. Eran las 10 de la mañana, el ritmo era bueno, la conversación amena y la mañana mejor. Bajando el Puy Ladrón, pudimos viajar en el tiempo, caminando por las restauradas trincheras de la Guerra Civil.
Desde allí cruzamos la carretera para alcanzar la Loma Orwell, en nuestro peculiar viaje en el tiempo. Alcubierre, nos esperaba, no sin antes, perdernos un par de veces (lo que comienza a convertirse en una tradición cenefa), antes de tomar el camino correcto. A las 12:50 estábamos junto al coche. Repetimos bar, repetimos jarritas de cervezas, y con la conciencia removida por lo visto, regresamos a Zaragoza y su niebla.

Y si, hoy, nos tocó acercarnos en este viaje al pasado reciente de nuestra guerra civil, esa guerra, que tenemos que tener presente, pero no para avivar odios caducos, sino precisamente para no volver a repetir los errores mayúsculos que se cometieron para vergüenza de nuestra Historia. Existiendo la palabra, ningún conflicto debería arreglarse mediante el uso de fuerza, y mucho menos cuando las balas se disparan contra el pecho de quien nació en tu mismo pueblo, o contra el que compartiste pupitre en la escuela... o lo que es más triste, si cabe, contra el que lleva tu misma sangre.

Miguel Hernández, nos dejó escrito en su Cancionero y Romancero de Ausencias:

Tristes guerras si no el amor la empresa. Tristes, tristes.
Tristes armas si nos las palabras. Tristes, tristes.
Tristes hombres si no mueren de amores. Tristes, tristes.

domingo, 29 de agosto de 2010

Circular por Morata.

Con la vista puesta en el próximo 11 de septiembre, donde los cenefos celebraremos en Nigüella nuestros primeros mil kilómetros registrados, Fernando nos preparó una salida por Morata.
En un principio pretendíamos unir la vuelta por Chodes-Las Torcas-Jabacín-Mularroya hecha el verano pasado, con la subida a la Sierra desde el camino al Frasno y acabar visitando Villanueva y Chodes de nuevo. 
A las siete quedamos en nuestra recién estrenada sede social, Fernando, Luis y este que narra, para tras el pertinente saludo, encaminarnos camino a Chodes por el puente de Capurnos. La mañana pintaba bien, no hacía mucho calor y en nada y menos nos plantamos en Chodes, pasando por esa vía ferrata que ya tiempos rehuimos. Desde Chodes, tomamos la subida por la calle de la antigua panadería (¡que pena que ya no cueza esas deliciosas tortas!) camino a las paredes dejando siempre a nuestra derecha las ruinas de su Castillo.
Una vez alcanzada la Mineta, bordeamos la pared en la que los montañeros tienen perfectamente equipada para la práctica de la escalada, con nuestro Jalón a la derecha. La crecida vegetación no es obstáculo para poder seguir la senda, que junto a las Torcas, nos llevará junto al puente del Abogado.
Atravesado el puente, vemos una montañita de piedras, que en forma de hito nos indica donde empieza la senda que nos llevará hasta la zona de Jabacín.
Siguiendo la senda que pronto se hace camino, alcanzamos la autovía. En este punto intentamos divisar el vértice geodésico que según mapas hay en la cima de Jabacín, pero desde nuestra posición nos resulta imposible, retando al movimiento cenefo a alcanzarlo en una futura salida.
Cruzamos en puente bajo la autovía, y nos encaminamos hacía la zona de Mularroya, cuya majestuosa obra pantanil nos provoca sentimientos que son difíciles de traducir en palabras.
La antigua carretera acoge nuestros pasos, mientras los "dumpers" nos acompañan con su música,  hasta tomar el camino que junto a la cantera nos llevará a la entrada de Morata.
Iniciamos la segunda parte del camino, por el viejo camino del Frasno (que coincide con nuestro GR-90, otro pendiente a la lista...), y cuando llevamos un par de kilómetros, decidimos que es tiempo para reponer fuerzas. El pan del día (By Pelos) y el tomate untado, hacen que sea un lujo un almuerzo a la sombra de unos olivos. Fernando como siempre nos sorprende con la cantidad y variedad de viandas que puede acoger un bocadillo. Aprovechamos también para descarrucharnos (nuevo verbo cenefo, que significa quitarse las carruchas, sobre todo para los que llevamos pantalón corto y acogemos un ciento en nuestros calcetines). Luis que nos había dicho que sólo nos acompañaría en esta primera parte, decide acompañarnos un rato más, y reconfortados por su compañía nos dirigimos hacía el alto de Morata de la antigua carretera nacional.
Con la vieja Atalaya a nuestra derecha, Luis esta vez decide poner fin a su etapa, llevamos casi 20 kilómetros y el sol comienza a atacarnos a discreción.
Ya solos, el A-Team, comenzamos la subida a la sierra de Morata a buen ritmo, coronando a las doce y diez minutos. Llevamos ya más de cinco horas de marcha, y decidimos bajar por la senda que discurre por el barranco de la sierra. Se nota que son muchos los andarines que la transitan, así lo denota el claro trazado de la misma.
A la una vemos el desvío que se dirige por Valdoña hacia Villanueva, pero entendemos que aunque las piernas aguantarían, la hora de llegada sería todo menos prudente, y recibida la llamada de unas jarras heladas con cerveza en el Albergue, decidimos no hacer caso omiso y concluir allí nuestra particular Moratada, dejando nuestro particular cuentakilómetros a apenas veintiún de los mil.
Nigüella y su parque nos esperan el sábado 11... 
Suma y sigue cenefos...

domingo, 8 de agosto de 2010

NEVER SAY NEVER AGAIN: Calcenada 2010

El año pasado hicimos en una noche dos calcenadas y prometimos (en caliente) que aquello era suficiente. Que el cenefo no es animal de larga distancia. Que para hacer ganica para el almuerzo nos bastan 20 o 30 km. Que lo poco gusta y lo mucho cansa. Pero, también es cierto que el cenefo no es animal que deje cosas a medias (aquí hay sus más y sus menos) y como lo de 104 km sigue siendo utopía (y ni ganas de probarlo), decidimos que la oferta de cuarenta y algo de este año desde Litago a Calcena permitía completar la primera parte que hicimos de Calcena a Litago. Así que allá fuimos... a rematar.
Pero empecemos por donde solemos acabar: los agradecimientos. Javi y Miguel tienen buena parte de culpa de que la calcenada de este año fuera más sencilla. Fue un alivio que Javi se prestase a llevarnos a Litago a última hora. Lástima que no practique durante el año para que alguna vez pueda tirar kilómetros y sudar esa camiseta. Con Miguel ya habíamos quedado que nos llevaba ropa de alivio para la meta y si era menester nos bajaba de Calcena. Él juega en otra división y este año estaba decidido a acabar los 104.
Con esto, acudimos al albergue a las 6 el equipo A más Ángel (excelente incorporación) y Luis. Y por supuesto Javi. Carretera hacia Litago y llegada sobre las 7.10. Al llegar ya vimos el penar del rosario de cientocuatristas que una vez superada la noche, y aliviados con el desayuno, emprendían el último tercio de la prueba. Nos registramos, una foto y para adelante. La mañana estaba fresca y agradable para andar. La salida de Litago, abierta al Moncayo, anima a la andada. Vamos adelantando a muchos que van ya cargados de kilómetros y que sorprende puedan llegar. La primera parte de Litago a Añón, alguna cuesta tiene pero es llevadera, con el monte pelado de compañero en el horizonte.
Añón vive en equilibrio, viendo pasar el Huecha y refrescado de bosque. Llegamos a él, por el valle y la zona de la cueva, para salir por el camino del bosque donde todavía se admira alguna carbonera y que nos enfrenta al pueblo. Alguno replica y compara con Nigüella, quizás no tan cantada, pero que tampoco desmerece. En estas seguimos para adelante, camino de Talamantes. El paisaje se hace algo menos agradable porque le perdemos la cara al que rodeamos y porque además comienzan ya los primeros repechos. La subida a los cerros de la Silla se hace pesada y cada uno va a su ritmo como debe de ser (para subir el ego de los A, dejar constancia de que sí, que llegaron antes), que esto es cuestión binaria: solo se admite se llega o no se llega, pero no el cuándo. En este tramo ya hemos visto más de uno con auténticos estragos y empachos de camino, pero ahí van aguantando.
Tras la subida y un acusado descenso, llegamos a Talamantes y la zona del almuerzo. Chicken-in suavecito, algo de reposición, y repaso de neumáticos que nunca viene mal. En el reposo coincidimos con algún viejo conocido como Eloy que nos sigue emplazando para este otoño en la vecina Huesca. Coincidimos también con las primeras bicicletas que nos alcanzan (han salido de Calcena a las 8 am). Teñidos de rojo y negro, salimos de Talamantes en busca del último esfuerzo que nos queda para llegar a Calcena: la subida a la Tunda, Tonda, Fonda, que de todo hubo.
Comienza lo peor del día, y ahora sí que vemos auténticos zombies por el camino. Lorenzo no tiene piedad y aprieta de lo lindo. La subida a la Tonda es un camino de 3 km que permite cambiar de valle y llegar de nuevo al Isuela. Pero se hacen duros. Ni el refrigerio, ni los paisajes, ni las alegrías que camino o caminantes ofrecen. Baste citar a uno de los zombies (indescriptible), cuando llega roto al punto de avituallamiento. Con escaso resuello, resume lo que siente: “si me caigo al suelo, enterradme aquí mismo”. Y a fe que alguno buscaba la pala solo por piedad. Nosotros no tenemos tanta justificación, que solo llevamos escasos 30 km. Así que seguimos. Nos desgranamos, y vamos llegando arriba como podemos. En la cima, una foto y reposamos algo. La bajada es más animada con un bonito paisaje ondulante y una conversación sobre alta cocina que nos va llevando a Valdeplata. En este último avituallamiento, la organización ha tenido el bonito detalle de poner un grifo de cerveza. Quizás no contaba con la llegada de Juancho que a poco les acaba el suministro, la cebolla y hasta el pimiento picante que tenían para acompañar las cañitas.
Ya solo quedaban unos seis kilómetros, pero fueron los peores. Son ya más de las 14 h, Lorenzo está con la lupa tocando las narices, el asfalto quema, y a alguno le empiezan las primeras rozaduras. Se hace interminable, a pesar de que cada coche que pasaba decía lo mismo: que no queda nada. Incluso alguno empezó a temer que aquellos que dudan de San Garmin y su fiabilidad contando kilómetros, tienen razones para ello. Nos cruzamos con los de la gasolina que iban de vuelta, suponemos que después de completar los 104. Al menos nos alegraron algo este trayecto infernal. Veremos esa crónica.
Pero como no hay mal que cien años dure, llegamos. Han sido 8 horas. Con una media ligeramente superior a 5 km/h. Que es la oficial, la que recogen los estatutos cenefos bien clarito. En la meta, como es pertinente jarras de cerveza y búsqueda de Miguel. Lo encontramos y nos da cuenta de que esta vez sí: ha rematado la Calcenada con éxito y en un excelente tiempo (poco más de dieciséis horas, un tiempazo). Enhorabuena. También encontramos a “la niña de la silga” (supimos de ella por un amigo) e inmortalizamos el reencuentro.
Nos cambiamos, comimos, tomamos unos heladitos y para Morata (de Jalón, que hay que reivindicar ese río que se nos desgañita de gritar por qué). Así fue el final de la segunda parte de la Calcenada. Una prueba dura, en la que acabar tiene su mérito. Como mérito tiene un pueblo que se vuelca en estos actos. En dos años solo hemos visto camaradería, sonrisas y solidaridad tanto en los puntos de avituallamiento como al final. No sabemos cómo serán los intramuros, ni falta que nos hace, pero de puertas para fuera solo nos despierta envidia. Sana envidia.
En cuanto a los cenefos… como el año pasado solo nos queda coronar el protagonista de todo esto. Será después de fiestas y una vez que regrese el rastafari. Que ya queda menos para mil. Y esta vez no decimos nunca jamás… que el equipo A está con ganas.

domingo, 1 de agosto de 2010

EL PICO DEL RAYO

¡Mira que hemos oído hablar del Pico del Rayo!. Lo visitamos hace poco más de un año en la Vicorada. De pasada. Y nos hemos propuesto más de una vez subir, pero causas varias nos dejaron retratados en esa frase del ideario cenefo con escaso parangón: "Nada, cenefos, otra etapa sin acabar" (Luis I dixit). Esta vez la propuesta iba en firme, aunque con cañones recortados. Nada de intentos desde Morata que se nos llevaran por delante esa hora indolente del vermú. Así que salida y llegada desde El Frasno. Media docena de contingentes, salchichas y cerveza incluidos, estábamos a eso de las 7.30 en nuestra sede social dispuestos al ataque. Compramos pan y para arriba.
El inicio desde el cementerio de El Frasno ya es un clásico de este blog; casi se pueden distinguir los puntos de track en la tapia del camposanto. Tras el oportuno cántico a San Garmin (patrón cenefo con San Sifo), check point en la salida, que cenefo prevenido no vivirá mil años. Rafa nos hizo pasar un control de pulsaciones y capacidad pulmonar; parece que estamos aptos para el consumo (sic). Tras el oportuno test salimos por la pista para enseguida desviarnos a la izquierda, camino de la Erilla Alta y el nevero que ya visitamos en diciembre del año pasado. La subida, sin tener una pendiente excesiva, se hace algo dura por lo continuada. Algunos rompen a sudar enseguida y otros van masticando salchicha, que algo queda de la noche anterior. Con alguna paradica y trago de agua vamos llegando al final justo al cruce con la carretera militar que lleva a la zona de control aéreo. Aquí un nuevo test que refleja un significativo aumento de pulsaciones (quizás haya que apurar el consumo). Varios carteles de prohibición y un militar nos alertan de que estamos en zona militar (en honor a la verdad relajada y con comprensión senderista). Se cruza la carretera y seguimos la pista que fajeando (ya ha cuajado el verbo) la Sierra de Vicort lleva hasta Viver. En esta zona se nos ve más sueltos y con un resuello de alivio (dos cifras en las pulsaciones).
La duda estaba en cómo atajar para llegar al Pico del Rayo. Había varias posibilidades, que variaban según las fuentes. Decidimos seguir hasta el cruce de la pista con la senda que lleva a Inogés y que se distingue perfectamente por la caseta con fuente que hay en el cruce. Detrás de la caseta nace (y casi perece) una senda que a cuchillo nos ha de llevar a una zona intermedia entre las antenas de televisión y el Pico del Rayo. La senda, preciosa y dura. Sembrada de musgo y rodeada de acebales, con un suelo algo complicado, nos permite disfrutar del monte en toda su intensidad (en el diccionario cenefo la hemos bautizado como senda rafita). Si vamos tomando como referencia la cima y sin desviarnos en exceso a la izquierda, al final se llega justo a una pista que lleva al Pico del Rayo. Último esfuerzo y cumbre, con Juancho y Fernando (que no equipo A; no la vayamos a liar) en cabeza.
Para aquellos que no hayan estado, decir que la vista es espectacular. De subidón (literal en todos los sentidos). Para celebrarlo decidimos brindar con media barra de pan del día salpicado de todo un poco (excepto salchicha gracias a Dios).

Chicken-in reglamentario al que se suma Ángel. Nos llena de alegría ese cambio de la galleta por el bocadillo. Por cierto, seguimos destacando la labor innovadora de Fernando en estos menesteres: el ferranadriá del almuerzo montés. Un avanzado en la fusión y el mestizaje, sin parangón. Con el apetito en retirada, procedemos como es habitual, a arreglar un poco el país, hacernos algunas fotos de nuestra hollada y tirar para abajo. La vuelta decidimos hacerla por la pista que lleva a las antenas. Finalmente nos topamos con la carretera militar de nuevo, y es complicada otra opción por este lado de monte, así que tiramos para abajo por el arcén (excepto Juancho) hasta de nuevo el cruce con la zona de la Erilla Alta.
El descenso se pudo hacer por la misma pista de subida, pero San Garmin nos había reservado una senda, que partía del cruce de la senda de Aluenda con este camino a la Erilla Alta. Más de uno dudamos que hubiera allí senda alguna, pero la fe que procesamos a nuestro santo patrón no admite fisura. Adelante. La emboscada es guapa. Un piso lleno de agujas de pino y madera seca (biomasa sin conocimiento, ¡qué no haya un incendio allí, por Dios!) hace difícil cualquier tránsito, como bien pudo constatar Ángel (¿noticias de esa muñeca?). Pero la técnica cuchillo se impone y terminamos ¡en la carretera militar!. Eso sí por poco tiempo. A estas alturas, la mayoría habíamos perdido la referencia, aunque siempre supimos que el cementerio y el coche nos quedaban a la izquierda. Monte a través, nuevo cruce de la carretera (es el cuarto, con lo que ya se puede considerar vicio), carruchas a tutiplén y llegamos a nuestro destino.
El resto es lo habitual: jarras, algo comestible (e incluso incomestible, como esos pimientos de padrón que picaban como demonios) y negociación de camisetas nuevas. La siguiente, ese trozo de calcenada que nos quedaba por completar. ¡Qué vaya bien!
(por problemas técnicos, las fotos tendrán que esperar)

lunes, 26 de julio de 2010

Creando Cantera

Domingo. Día de Santiago y cierra España. Tocaba salida con nuestros hijos (más bien hijas) para ver si poco a poco van cogiendo el gusto de andar. Un clásico en Morata: la vuelta Morata-Chodes-Las Torcas-Morata con visita a otro arco de piedra, este más espectacular que el de Alpartir (que tampoco desmerece). 7 km con un poquito de casi todo, en comedidas dosis que esta el intervalo (que no rango) de edad se ensancha de los, más o menos, cinco a los cuarenta y bastantes. La quedada ya fue complicada, más que por los niños, por algún que otro cenefo (de facto o in pectore) con despertar laxo. A trompicones fuimos llegando al albergue una tropa abundante. Solo mencionaremos los verdaderamente importantes: María, Blanca, Inés, Marta, Lucía, Julia, Nacho y Frida (creo que correctamente ordenados).
Comenzados la salida a eso de las 9.30 h, tirando para Chodes por Capurnos. Hicimos un pequeño alto en la zona de inicio a la escalada que hay (casi) a pie de puente, pero nos quedamos con las ganas de hacer de la vía ferrata (arneses no faltaban). Tirando para Chodes nos cruzamos con los colegas de la PC que han salido de buena mañana a estirar un poco y ganarse el almuerzo. Ya en el camino, empezamos con los primeros problemas de mosquitos, que a la vista del rastro dejado son algo más que tigres. Ni el Aután parece hacerles mella.
La solana de la zona del viejo castillo se reparte entre los diversos grupos que se van formando camino del río. En breve, llegamos a la mineta y podemos contemplar nuestro río, que aún en estas fechas baja bravo y burlón de promesas de caudales ecológicos. No sabemos qué conocerán los hijos de estas cenefitas, pero nos tememos lo peor. Cruzando por el puente de las Torcas, llegamos a nuestra peña agujereada. Reponemos fuerzas con unas rondas de chuches para los niños y una bolsa para Juancho. Rumores había de su filia, pero no se considero que llegase a tanto.
Subimos a la peña e hicimos sesión de fotos, antes de bajar y asistir a la refrescada de pinrel de Belén. Pertinentes risas y hacia Morata. En la zona de escalada había más de un grupo que aprovecha la buena mañana y la sombra para tirar de roca. Es un espectáculo ver como van ascendiendo poco a poco, con tesón, aprovechando cada asidero de la pared. Con más asideros y menos tesón para subiendo hacia las paredes negras. Ya alguna niña empieza a dar síntomas de cansancio y ni la preciosa vista del pueblo le reconforta en exceso.
El camino es ya llanito, pasando por el comedero de buitres y la zona del tren encajonado, antes del cruce con las viñas bajas. De ahí, en adelante, una pequeña subida y la bajada al calvario fin de etapa.
El resto, como de costumbre. Vermú popular en el albergue con jarras isotónicas (en sus variedades de sola, con gas o con limón), barritas energéticas de torreznos y dos platos de patatas bravas para compensar tanta mesura.
Los niños felices. Creando cantera.

domingo, 18 de julio de 2010

PIM, PAM, TOMA ARCO DE PIEDRA

Seguimos aprovechando el olor a vacaciones y pueblo que nos trae el verano para seguir andando por los alrededores de Morata. En esta ocasión el organizador nos ha marcado una etapa que ya hicieran los de la gasolina: visita al arco de piedra de Alpartir. Como es costumbre, a las siete quedamos en el Albergue. Esta vez un grupo más numeroso con Fernando, Miguel Ángel, Juancho, Rafa, Luis y Ángel, que ya nos había acompañado el día de la silga, y al que esperamos en futuras ocasiones.
Llegado a Alpartir nos desviamos a la derecha para dejar el coche en la zona de eriales que corona el pueblo. Desde allí parte un camino que nos ha de llevar al cruce de caminos que marca la entrada al valle de Tiermas. Viejo conocido, emprendemos la andada por esta agradable zona, umbría a esas horas de la mañana. Nos lleva poco tiempo recorrer las huertas, y alcanzar un cruce, a la derecha, con la Senda de Ortigas Viejas, recuperada por la Butrera y excelentemente marcada con un poste a la orilla del hoy seco río Alpartir. Recordamos lo hermoso de esa zona en primavera, cuando la recorrimos en sentido inverso aprovechando la andada de Valdejalón. Tomamos la senda y tiramos para arriba. Ahora ya rompemos a sudar más de uno, conforme vamos ascendiendo hasta llegar a una paridera junto a una pista que lleva al pico del Buitre. En este lugar reponemos algo de líquido y empiezan los primeros momentos de confusión.
La hoja de ruta marca que debemos tomar la Senda Solana que parte de la paridera, prácticamente en línea recta con la de Ortigas Viejas. Escarceos y como siempre, fe en Garmin y en el organizador. Tiramos para arriba con Fernando de guía. No ha de pasar mucho, para darnos cuenta que lo que era senda, es pedregal, monte y acaso campo. En fin, que nos hemos desviado. Aun con todo tiramos monte arriba, ya con la referencia de la pista del Pico del Buitre a la izquierda. Definitivamente, hemos roto a sudar del todo. Una vez hollada cima, reflexionamos y avistamos lo que puede ser la senda, que siempre hemos tenido cerca. Allá nos vamos para poco a poco recuperar la calma, ahora que la altitud alcanzada nos dice que ya casí todo está subido.
La Senda Solana nos hace confluir al final con la pista. Después de la dureza del monte a través esto es lujo y empezamos a subir el promedio. Poco nos queda de tranquilidad porque enseguida hay que dejar la pista, en una zona llana, que tiene un monte a su izquierda (Casca Alta) con un sendero que debemos de tomar para ir al Arco de Piedra. Constancia dejamos de la presencia por allá de un cazador en una época más de senderistas que de cazadores. En todo caso, cuando alguien lleva escopeta en mano no se carga de razones pero si descarga precauciones, y ante la ausencia de Luis I, optamos por cabecear sin más.
Subida la senda se alcanza una cresta que tiene abajo un valle y a la izquieda el monte pedregoso de la Casca Alta. Hacemos un primer intento de encontrar el Arco, con poco éxito por lo que decidimos subir al monte para atisbar el panorama y el almuerzo. Ambos impresionantes. Merece la pena subir para tener una excelente panorámica de la Sierra, incluso del lejano Moncayo. Abrimos mochilas, tomates, longanizas, panes y demás, y damos cuenta de la obligada reposición. En este caso, las que han entrado han superado las gallinas salientes. Ángel, más frugal, opta por los azúcares. Todo vale.
Una vez repuestos, retomamos la búsqueda del Arco. Mole de piedra de grandes dimensiones que sale a tajo del monte, ya en descenso al valle, con un precioso agujero ojival que le da nombre. Fotos de rigor y tiramos para la pista que se ve abajo, desde la base del arco. La técnica es sencilla: a cuchillo. Solo aplicamos el raciocinio para superar una zona de zarzales. Hecho, retomamos la pista y tiramos de nuevo para alcanzar el valle que habíamos dejado a primera hora de la mañana, si bien más arriba. No era esta la primera intención, ya que queríamos tomar la Senda de Valdelagües, pero no atinamos. Tenemos excusa para volver. Ya en el valle, hay algún momento de debate, sobre qué hacer. Pero hay compromisos varios, por lo que optamos por tirar para Apartir y hacer una etapa más corta de lo habitual.
Curiosamente, no ha habido debate lingüistico, ni casi polémica. Salvo la de oquedad o cueva, que dejamos para los apasionados del google o gondal. Etapa bonita, apacible y con un toque de monte que habíamos perdido.
Lo demás ya se sabe: Albergue, jarras de cerveza y viandas varias. Gracias Juan. Reconocimiento también público al cenefo Miguel Ángel que ha tenido dos buenas ideas en una sola mañana. Así, a pelo. A concretarlas. Y por supuesto a los de la gasolina que nos inspiraron y a la buena labor de la Butrera.
Felicidades y un fuerte beso a Marta de todos los cenefos.

domingo, 20 de junio de 2010

1ª Bloguerada... y no será la última


Y si, al final nos juntamos. Llevábamos tiempo los integrantes de los blogs “lagasolinaamedias”, “senderosalsol” y “cenefos” planeando hacer la una salida conjunta para ponerle cara, voz y ojos a tantos mails, a tantas crónicas y a tantaos mensajes del Facebook.
Y nos juntamos quince, y aprovechando la moratalidad de los cenefos y que en los “gasolinas” hay originarios de Ricla y de La Almunia, pues decidimos hacer una andada que uniera las tres localidades.
“Gasolinas” vinieron Sara, Diego, José Carlos, Iker, Javi y Tomás; de “Senderos al Sol” Isabel, Conchi, Chema, Alberto Carlos y Goyo; y “cenefos” Fernando, Juanjo y a última hora se apuntó José Antonio.
En el albergue de Morata quedamos a las 8 de la mañana. Presentaciones, puesta a punto y a comenzar la jornada. En el último momento decidimos llegar hasta la Mineta, en vez de por el camino de las pareces, hacerlo por Chodes, para de esta manera enseñarles a nuestros compañeros los caminos y senderos de nuestro pueblo. Juntar a tanta gente andando es complicado, la heterogenia del grupo hizo que se formaran grupúsculos de varios en los que las conversaciones iban y venían como si nos conociéramos desde hace tiempo.
Subiendo por la Mineta, el “Calleja de Valdejalón” que lleva ya salidas fogueándose dejó constancia en este sendero del primero de los videos espontáneos que grabó en la jornada.



Desde la Mineta la Mineta, fuimos por un sendero hasta buscar el paso del río Aranda, cuyo paso hicimos a través de un tronco de árbol que hace de puente natural. La vegetación ocultaba el paso hasta el pero entre José Antonio y Fernando la duda fue corta y enseguida lo encontramos. La primera actividad del la multiaventura se pasó sin que nadie sintiera la temperatura del agua del río de primera mano.


Del trayecto hasta la silga, nos tocó podar cientos de zarzas que se acumulaban en la senda que se había tornado invisible. Los senderistas andaban un poco confundidos, pues por un momento nos hallábamos envueltos por paisajes que bien pudieran estar en una selva centroamericana. Al ir en pantalón corto las zarzas, ortigas y demás plantas “beligerantes” no dudaron un instante en dejarme las piernas firmadas, ya se sabe que el cenefo es animal de costumbres y de tropezar dos veces con la misma piedra. Goyo también sufrió del mismo ataque y por las mismas causas.
Y llegamos a la "silga" donde los que ya la habíamos pasado vimos en los ojos de los debutantes los mismos miedos que nos acompañaron el día que la pasamos por primera vez. La silga nos deparó el momento estelar en el que el cenefo Fernando, cual espiderman, rescató de un seguro chapuzón a Isabel,  que desde hoy rebautizada como la "niña de la silga". Nuestro segundo video nos ilustra este paso.


Y una vez pasado la silga, y con las mochilas mas descargadas de tensiones y adrenalinas, seguimos por la "selva", paralelos al jalón y en dirección hacia la central eléctrica de las Torcas, casa a la cual nuestros vecinos llaman "la casa de la luz", donde dimos cuenta de un variado almuerzo. Bocadillos, fruta y galletas, todo ello regado con agua, bota de vino (secuestrada¿?) y café o carajillo, y ¡qué más se puede pedir!
Tras el almuerzo surge la primera duda, eran casi las once la mañana y apenas llevábamos 6 kilómetros, hoy no era día para hacer medias, decidiendo hacer el camino previsto, pero aumentando un poco el ritmo para llegar a tiempo al rancho.
Junto al Jalón, caminamos por la senda de los desfiladeros del Jalón, pasamos por famoso el palo del Moro, y pronto pusimos las botas en las calles de Ricla. Allí nos reagrupamos y decidimos tirar a La Almunia, y estos últimos 4 kilómetros hacerlos cada uno a su ritmo. Los cenefos y medio grupo de "gasolinas" decidimos volar a 7 kilómetros por hora, con la mente dentro de una jarra helada de cerveza que sobre la una y  cuarto dimos buena cuenta en el Lucky.
Al  poco rato llegó el grueso del pelotón, apuntándose enseguida a las jarras. Risas, felicitaciones, y sobre todo un respeto a la única norma que pusimos ¡No se habla de política! que cada uno somos de nuestra madre y nuestro padre,  y creo que la norma fue oportuna
Subimos a la parte de arriba del Casino, donde la Peña Gastronómica de La Almunia, nos permitió celebrar la comida de hermandad. El cocinero Miguel Ángel (futuro suegro de José Carlos, y digo futuro con redundancia, eh!) nos preparó unos entremeses espectaculares (queso y pernil) y un  rancho con mayúsculas, que dimos buena cuenta hasta dejar la olla como la del anuncio del Fairy. Postre, café y copas...

A todos los asistentes, gracias por compartir una jornada tan espectacular. A los ausentes, solo decirles que aunque seguro que habrá más, hoy se os echó de menos.
Lo dicho, bienvenidos y sobretodo bien hallados.
Hoy ha nacido la "Peña la Silga".


Crónicas de los otros blogs participantes:








TRCK DE LA RUTA...

sábado, 10 de abril de 2010

Valdejalón V: Todo de tirón... y sin trampas

Podría ser una crónica de sentimientos encontrados. Esos que nos arrollaron en el camino de San Cristobal. Podría ser distinta porque todo es distinto cuando andar no importa. Pero va a ser una crónica más. Reivindicativa de monte, de primavera, de aire, de ganas de salir a compartir una mañana con amigos, conocidos o simplemente desconocidos con una misma afición. Con compañeros. Y allá nos fuimos los cenefos, esta vez con casi pleno. Rafa, Miguel, Juancho, Yuri y Luis desde Zaragoza a eso de las 6 a.m. que la cosa empezaba a las 7. Nos estaba esperando Fernando que se adelantó a Morata el día de antes. Lo típico: recogida de dorsales, algo de picar, unos consejos y en nada sonaron las sirenas de la ambulancia que se habían marcado como pistoletazo de salida.
Camino de Mularroya, un buen número de andarines de toda edad y pelaje. La zona inicial de Cantalobos es suave, mantenida, con un ligero pique hacia arriba que no nos exige demasiado. Ya en estas, se escapan Yuri y Fernando dejando al resto detrás, con esas charlas de buena mañana insustanciales, como debe ser para aligerar desayuno.
Enseguida llegamos a la zona de atrás de los Palacios, ya pinar alegrado de arbustos, romeros y mañana fresca. El camino se hace pedregosa, transmuta en senda que sube descaradamente hacia arriba, para llegar a la Cuz de Alberto, donde está el primer avituallamiento. Esta zona es muy bonita, y tiene el encanto de Mularroya... sí, esa Mularroya que estáis pensando. Retenedla bien que todo pasa.
De allá, tomamos de nuevo pista hacia el viejo convento de San Cristobal que otras veces hemos comentado en este blog. La zona es suave, con un prolongado descenso en la zona de Fontellas para girar en esa senda ya marcada hacia San Cristobal. Con el ánimo alicaído, llegamos al viejo convento, donde la organización había previsto el almuerzo. Hubo reunión general, miradas esquivas de resignación y poco a poco, fuimos abandonando la zona por la senda de la acequia, camino ya de Alpartir y de esa hermosa zona del valle del río Alpartir, que otras veces hemos recorrido sea camino de la Buitrera o del Valle del Amor. El monte ya es monte y la primavera gozada. El sol, además, acompañaba. La hermosa senda de Ortigas Viejas nos reencuentra con lo mejor del senderismo, con un aire tan limpio y aromático que hasta cuesta echarlo.
En esas, Rafa comienza a tirar hacia el camino de subida a la Plaza del Pino. Por delante Yuri y Fernando a lo suyo que hoy ha sido probarse. En el camino conocemos a Eloy que nos sigue desde Huesca y al que mandamos un abrazo.
La subida, por conocida, la hacemos a ritmo sostenido. Lejos quedan aquellos días que con Luis I nos costaba subir. Algo hemos mejorado. Ya la bajada se nos da un poco peor, pero vamos tranquilos, concentrados en la charrada hasta llegar a Alpartir. Coincidimos todos que allí nos hubiéramos quedado porque quedaban los kilometros de la basura (simil de baloncesto, nada más), de menor interés. Incluso, hermoso sería una Valdejalonada exclusiva en esa preciosa zona, en los alrededores de Alpartir, que tanto tiene que ofrecer.
Pasado Alpartir tomamos un camino llano que nos lleva cerca de la zona del convento por donde han descendido los de la caminata corta. Algo se anima la zona con un breve pinar, y se hace divertido buscar ese último avituallamiento de los Algueceros donde tomaban el dorsal (control de paso) y que muchos se han saltado para atajar un buen tramo. Picaros la organización que no contaba con las ganas de acabar de la gente. Esta vez los cenefos hemos cumplido, sellado dorsal, conversado un rato y rato... Rato en el que no vino nadie al control.
Tomado de nuevo el camino, se sale a una zona de campos, llana, donde se empiezan a sentir ciertas flojeras. Luis ha mentado su botas desvanecidas ni se sabe las veces (salvo Rafa que sí lo sabe). A Miguel algún músculo le crujía, y en general se mascaban las ganas de llegar. Y así lo hicimos antes de la 13h. O sobre las 12h que fue cuando llegaron los primeros cenefos: Yuri y Fernando.
Cambio de camisetas y consenso para renovar vestuario y que todos podamos disfrutar de similares prendas una vez pasado el tiempo de dudas iniciales. Varias cervezas y comida rápida porque había que subir a Morata.
No nos olvidamos de nuestros colegas de la gasolina a los que por fin conocimos. Majísimos chavales con los que tenemos que compartir camino, almuerzo y comida. José Carlos, Diego: queda prometido y citados estamos allá por junio cuando despunte el verano.
Así acabó esta triste edición de la andada de Valdejalón. Han sido 30 kilómetros que los cenefos más retrasados han hecho en 5 h 24 min efectivos más 20 min de paradas (5.5 km /h). Los primeros cenefos 45 minutos menos totales.

Alteramos nuestra costumbre para incorporar al blog el principio de un hermoso poema del gran Leon Felipe.

Ser en la vida romero,
romero solo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero..., solo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez solo y ligero,
ligero, siempre ligero.


No te conocimos, pero fuiste compañero. Cenefos.

lunes, 5 de abril de 2010

PIETAS: Duelo de Garmins

Pietas tiene un encanto decadente. Uno de esos refugios de relajo que florecieron (léase urbanisticamente hablando) cuando ya la presión de la ciudad había expulsado la autencidad de nuestros pueblos. Reluce agonizante en la Sierra de Vicort, con chalecitos salpicando el paisaje, calles con salpullidos de desidia, ermita rehabilitada con retazos de voluntad, su famosa fuente con merendero y una sensación, para aquellos que conocemos poco más que la excelencia de sus aguas, de que todo debería haber sido de otra manera. Ir andando a Pietas era el objetivo para esta Semana Santa de pueblo, hombro y tambor. Allá nos fuimos el Jueves Santo, 1 de abril.
A las 8 h nos reunimos en el albergue un buen número de cenefos para lo que ha sido el promedio último. Allí estaban, los habituales Fernando, Juanjo, Miguel Ángel y Luis a los que se unieron los más ocasionales Rafa, Yuri, Fernando y Fran. 8 andarines y 2 Garmins.
Tras los saludos y bravos por el quorum, tiramos a la salida del pueblo para coger el camino de El Frasno. Enseguida nos desviamos por la derecha por la Umbría del Águila, camino de la Atalaya. Admitimos aquí comentarios para confirmar el nombre definitivo de la umbría y su barranco, así como la génesis de la atalaya. En esta zona el tirón de Fernando, Fran y Rafael, nos deja realmente asombrados. Parecen fuertes y con ganas de echar fuera la toxina invernal. El camino poco a poco se empina, aunque la dureza no es excesiva. Con la Sierra de Morata a la derecha y un entorno de campos y pseudo-oasis vamos poco a poco alcanzando el alto que permite vislumbrar el llano de El Frasno. Nuestra primera foto y trazada a la izquierda para buscar el camino que sortee la cicatriz de la autovía. Por esa zona, que poco después debió patear Luis I, hubo una primera divergencia sobre cuál era el camino a seguir. A decir verdad, los Garmins ni vacilaron ni fallaron. Aclaradas dudas, cruzamos la autovía a poco ya de El Frasno, al que nos vamos acercando por la antigua carretera nacional, atacada de la misma enfermedad que las calles de la urbanización de Pietas.
En El Frasno, a callejear. De nuevo ciertas divergencias, para llegar cerca del cementerio donde se nos propone una doble ruta por arriba o bien la parte baja del pueblo para llegar a Pietas. A las propuestas grabadas en el GPS se suma la opinión buscada de un vecino que nos aconseja lo obvio: seguir por la carretera. Hacemos caso de lo planificado y tiramos para abajo por un camino que primero desaparece y posteriormente aparece para ir más o menos paralelos a la carretera. Cuando ya tenemos Pietas a tiro, nos desviamos a la izquierda para bajar (y obviamente, luego subir) por una bonita zona de pinos que nos lleva cerca del desvío que lleva a la hospedería (así reza) y la ermita. En esta zona se producen ciertas diferencias entre los Garmins y entre las filosofías de los fines y los medios que dejaron frases para la bitácora: ¿Llegaremos a Pietas, Fernando?.
Llegamos. Sin problemas. Y se hizo poco antes de las 10.30 h. Una visita a la ermita y un buen chicken-in. Rememoramos viejos almuerzos de barra palmera y vino cenefo con sabor a escaso, amén de su intermitencia que la broca del 2 de Fernando debería solventar (¿cómo está el asunto?). Poco después de las once nos pusimos en marcha, en este caso al encuentro del coche rescatador para la mitad de la flota. Alguna foto queda como constancia. Precisemos que el compromiso de la etapa corta estaba previsto de antemano: era sine qua non para aquellos que tenían preparativos de procesión. Disculpados y agradecidos de que apañaran la agenda para compaginar ambas cosas.
El resto, con un solo Garmin (asumimos el riesgo), emprendimos el regreso a Morata por camino distinto, pero con parada y fonda en El Frasno. En concreto en el Bar Manolo, donde disfrutamos de la cervecita con limón de la casa. Un interesante ejercicio de optimización de recursos. Reparadas fuerzas, comenzamos la rodada hacia Morata por la vieja carretera que pasando por encima del túnel conecta con un camino que transcurre paralelo a la autovía. Desviados en el primer cruce a la izquierda vamos ahora de nuevo por el lado contrario del barranco del Águila. Al final llegamos de nuevo al cruce, marcado con un poste castrado (es difícil de asumir que esto no tiene remedio, ¿será que somos así?), que habíamos tomado a la derecha en la ida.
A eso de las 13 h llegamos a la fuente del Portal y barranco abajo al albergue reparador. Cerveza a tutiplén para reponer fuerzas.
La próxima vez subiremos a Pietas por la Sierra con la guía de Luis I. Y confiemos que tengamos consenso sobre la importancia del camino, que se sigue haciendo al andar. Solo ha cambiado que se puede trazar de antemano, aunque sea por puro divertimento.
Hasta el sábado.

domingo, 21 de marzo de 2010

Sabiñán: Maldonado la ha clavado


Hoy tocaba andada organizada por los Comuneros en la comarca de Calatayud. En Sabiñán para más señas. De vez en cuando retomamos esto, para no romper la predicción Alonso: andar andan muchos... Allá fuimos Fernando, Juancho y Luis a eso de las 6.45 con nuestras mochilas, botas, móviles de chichinabo (sic), chubasqueros y capas que la cosa, decían, pintaba a lluvia. Salvo Maldonado que anunciaba agua cuando ya no se podia aguar la fiesta.
En la salida, encontramos esta vez una esplendida representación de ese Morata de nuestros amores. Bien. Un cielo algo encapotado, una temperatura esplendida y una traca; todo lo necesario para salir pitando a las 8.30 cuesta arriba hacia el símbolo de Sabiñán/Saviñan: su monumental y singular enebro. Ni decir que el amigo de Fernando rompió cinta y salió pitando: estrategia AL11EZ. Algo nos debió pasar porque salimos detrás como desesperados, rompiendo promedios y pechos cenefos. La cuestecita se las trae. Hay que dosificarse, al menos hasta alcanzar la senda marcada para ir al enebro, una vez abandonado el camino principal. Juancho, que al parecer está con una marcha más, nos va dejando. Debe dar fe del cartel del enebro a los justitos que van llegando. En el enebro (llegamos a las 9.15), unas fotos, recogemos algo de paisaje y cuesta abajo a Morés.
En esta zona coincidimos con Miguel de Maluenda con él vamos ya a hacer toda la marcha. Tras un escueto avituallamiento iniciamos un largo descenso para alcanzar sobre las 10 Morés. En el pabellón un bocadillo interruptus y a andar de nuevo.
Hay que coger la carretera hacia Purroy, para inmediatamente desviarse a la derecha hacia el monte. Subida, para coger una zona más llana en la que superamos por primera vez la vía del AVE.
En el siguiente avituallamiento, algo de longaniza y fruta, e iniciamos el camino hacia Paracuellos. Una subida que a Luis se le atraganta completamente. Sea la longaniza, sea lo que sea, algo no iba y nos fuimos quedando. Solidaridad que es de agradecer. No es en sí dura porque es bastante extendida, pero sumadas a las molestias causa estragos. Una vez alcanzado el puntalico, iniciamos un largo descenso para llegar a Paracuellos donde está el último avituallamiento. Ya queda poco: cuatro escasos kilómetros con Sabiñán al fondo. Pero siguien siendo una tortura.
A escasos 10 minutos antes de las 13h llegamos a Sabiñán y vamos buscando cervecitas que encontramos primero en el pabellón. Ha estado bien, salvo molestias de estómago y ampolla (y va la tercera seguida en el mismo sitio: alarma), los demás perfecto.
Con Miguel tomamos una cervecitas y vamos recomponiendo el ánimo, antes de comer. Esto ya se hace de rogar, pero al final damos cuentas de la caldereta de cordero y ensalada con más voluntad que entusiasmo. Y Juancho contento. Mirada al frente y objetivo en mente.
Ah!, la mañana perfecta: no llovió como pronosticó Maldonado (www.eltiempo.es). Lo clavó.
De los arrabales de la sierra de Vicort nos llega la frase del día: UNO NO VENDE LA TIERRA POR LA QUE CAMINA SU PUEBLO. Crazy Horse dixit. Pues eso. Que lo sepáis.
Calificación: calcetinada suave con via crucis (singular como el enebro).

PD. Como os habréis dado cuenta no aparece el track de la andada, para aprovechar mejor el juego que nos da el dominio cenefos.es, hemos creado una página donde estarán agrupados todos los tracks de las anadadas cenefas. Pulsa en la siguiente imagen:


domingo, 7 de marzo de 2010

Vía ferrata... hacia Ricla

Para nuestros amigos de la gasolina a medias...
fotos...
7 de marzo. Era un día de dudas. No cuajó lo de Pietas porque nos pidió el compañero Rafa dejarlo para una ocasión en la que pudiera mojarlo con nosotros. Teníamos alguno con arrastre de catarro que no estaba para mucho trote, lo que pronosticaba una etapa corta. Además la asamblea de la noche anterior acabó sin decisión sobre qué hacer al día siguiente. Salvo la hora (8.30) y el sitio (el albergue) todo lo demás eran dudas. Esta vez el destino decidió por nosotros.
Habíamos hablado de completar ese camino Morata-Ricla que ya habíamos previsto alguna vez y que recientemente nos recordaron los de la gasolina en una entrada. Y justo a la hora de encuentro, amanecieron Javi (con Chispa, su perra) y Ángel que habían decidido salir de la mineta dejando el coche en las paredes de escalada, para llegar hasta Ricla o casi. Así que tocamos reagrupamiento y allá nos fuimos. Por ahorrar un poco (en realidad poco) de camino llegamos en coche hasta la zona de escalada, y comenzamos a andar bajo la lluvia. Escasa e intermitente, aunque acabó siendo protagonista del día.
En la mineta cogemos el camino que sale hacia la izquierda para rodear el monte y descender hasta el Aranda (o Isuela, volvimos al viejo debate, que ya quedó zanjado anteriormente). Esta vez, el Aranda llevaba agua, no era el riachuelo que cruzamos este último otoño. El puente, improvisado, unos árboles caídos que pasamos sin mayor dificultada salvo Chispa que cayó al agua.
Superado este primer obstáculo, llegamos a la desembocadura en el Jalón. Una bonita zona que merece la pena visitar. Allí en la margen izquierda del Jalón comienza un camino que nos ha de llevar hasta Ricla, siguiendo nuestro río.
La cosa, no obstante, se complica cuando vemos como se encajona en el monte y llegamos a una pared que desciende abrupta hasta el cauce. Todo controlado nos dicen nuestros guías porque ahí está la silga. Vía ferrata hacia Ricla. El río baja con más agua que de costumbre y ya algunos pasos son complicados con zarzas en un lado y el río en el otro. Ayudándonos de los bastones y tirando como se puede las mochilas conseguimos sortear los primeros problemas hasta llegar a la vía ferrata. Paso complicado que provoca no pocas dudas en aquellos que gustamos de ver el río de lejos y con respeto. Pero visto que Javi y Chispa pasan, allá fuimos. Ojo, precaución toda, si se ha de ir allí. Es un paso con silga en el que vas desplazandote por la pared agarrada a ella (a fe que con toda el alma). Serán unos veinte metros, que ciertamente se hacen más fácil de lo que al principio parece. Eso sí, para aquellos que lo quieran intentar al revés, mejor abstenerse (o sea desde Ricla hacia Morata). Al menos como estaba el río hoy, imposible.
Superada la prueba multiaventura, se sigue por un camino complicado por las zarzas, que finalmente se abre, para llegar a un camino ya señalizado que nos ha de llevar hasta Ricla, ahora sí exento de riesgo. Hay varias alternativas, pero decidimos cruzar de nuevo el río por un viejo puente y seguir por la zona de la acequia de la margen derecha.
Descansamos brevemente al llegar a la vía del tren. Chicken-in frugal, en exceso. Algo de fruta y comida de pájaros, salvo los afortunados del bocadillo. Ni bota con la que celebrar el subidón de adrenalina. Pero no estaba en los planes... si los hubiera habido.
Continuamos y llegamos finalmente al camino de las conchas, donde nos desviamos para ir hacia la vieja carretera nacional. Allí vamos hacia el pantano to be. Encontramos un riachuelo cuarto y mitad del Aranda que ya habrá quien se encargue de engordar. Ruina.
Llegados al cruce con el camino de Jabacin, subimos ya metidos en una lluvia intensa. No está el ánimo para fotos, así que de esta zona poco recuerdo queda, salvo que nos mojamos. El descenso no obstante desde la paridera Jabacín al río, cueva de las grullas incluída, es precioso con las paredes, que antes rodeamos, al fondo. En este caso, el cruce del río lo hacemos por el puente el abogao (sic) y el tunel del tren.
Y fin. Conectamos así Morata-Ricla con el Jalón como compañero.
Hubo cervezas varias en tandas varias para celebrarlo. Muchas gracias a nuestros colegas por enseñarnos este maravilloso paisaje.
Hasta la próxima, que parece ser será por Sabiñán y celebrando la entrada de la primavera.
Nota: estamos teniendo mucha suerte con las salidas este año. Promete.
Calificación: paseo multiaventura.

domingo, 21 de febrero de 2010

LOST IN MUEL



más fotos... tiempo efectivo: 5horas 48 minutos
tiempo totl. 6 horas 15 minutos
¡Loado sea el día!. Tras muchos dimes y diretes, hoy ha debutado Miguel (Polo, para no confundir con el otro que hoy se ha diluído por Nigüella). Bienvenido seas a las huestes cenefas, y esperemos que la confirmación de alternativa no se haga de rogar. Además los padrinos de alternativa dan fe de que ha aguantado como un campeón la calcetinada de 30 km esteparios que nos hemos metido entre pecho y espalda. Para abrir boca.
El destino de hoy era Muel, para completar una vuelta circular que pasase por Mezalocha y Jaulín. Allá fuimos a eso de las 7 h, para llegar al punto de salida cerca de la 8 h. Muel es un laberinto lleno de calles cortadas de mala manera (no hemos fotografiado el tablón que había cruzado en una calle sin señalización alguna, pero juramos que así se las gastan en Muel, no es cerámica todo lo que reluce). Además al desconcierto se sumama la lluvia y un cielo nublado, nubladísimo que no presagiaba nada bueno. Mal que bien remediamos el asunto y al final aparcamos cerca del parque de las cascadas (a ver, que hay unos saltos de agua del río Huerva, supongo, en ese parque). Calzamos botas, ajustamos chubasqueros y para arriba.
Se sale de Muel por el parque y se coge inmediatamente un camino a mano derecha (por ahí según la terminología Juancho) para acompañr durante un tramo al Huerva.
En este tramo tenemos lluvia, las conversaciones de rigor (a ver si apañamos España y el Real Zaragoza, que no sabemos cuál está peor) y mucho barro. Juancho hace gala de guía y nos lleva a conocer campos (y atravesar). Algunas dudas acentúan nuestra sensación de lost in muel que llevábamos de salida, pero todo parece aclararse al encontrar un camino que Juancho jura nos ha de llevar a Mezalocha. También se aclara algo la lluvia, que no el cielo.
Seguimos el camino que cualquiera podrá comprobar que está perfectamente indicado. Aquí un inciso para acordarnos de todos los capullos que se dedican a romper carteles o cambiar piedras y mojones. Con las piedras precisamente se nos ocurre qué hacer con sus mojones supuesto que sean del sexo masculino (que no género). Si fueren del otro sexo, también se nos ocurriría algo (dicho queda que capullos es plural genérico).
Pese a todo alcanzamos pronto (y digo pronto porque no anotamos horas, pero se puede consultar el track) el pantan(it)o de Mezalocha. Cuco y viejo. Techado de buitres y sin demasiado impacto ambiental. Atravesado, llegamos en un pis pas a Mezalocha para tomar un camino que nos ha de llevar al cruce inicial del pantano. Esta vuelta circular vuelve a despistarnos y entramos de nuevo en las dudas. Juancho esta vez hace un faena de apaño y nos alumbra con su GPS para tomar el camino de Mezalocha a Jaulín. Esta es la parte más dura del camino ya que si bien no tiene mucha cuesta, tenemos un mal compañero: el viento. Frío. Cuando el hambre azuza, a eso de las 10, buscamos un refugio en una paridera abandonada para el chicken-in con bota. Hoy era uno de esos días en el que si alguien viene con un termo de café caliente se gana 50 euros.
Retomamos el camino y hablando de algas, de María Teresa y la de deportes (Vicario o algo así) vamos parcheando cuestas y alcanzando Jaulín, cuna de Gastones. Una visita rápida a la balsa y los patos, sobre cuya persistencia se entabla algún debate. Sorprendidos por la estatua que da la bienvenida (es un decir) al parque, nos alejamos de Jaulín para buscar el camino a Muel. Es fácil de ver: sígase el parque eólico (en singular). De nuevo cuestas y algunas dudas que nos llevan por primera vez a preguntar a un lugareño que no era tal pero nos indicó bien.
Ya encaminados, solo queda seguir. Ahora sí que el camino se empieza a hacer pesado, sobre todo porque veíamos que las expectativas del vermú se iban a reducir a nada o casi. Juancho, descubre una función en su GPS de interés: km a destino. No sabemos si ha sido el mejor día para hacerlo. Al fin distinguimos el pueblo y su pasión motera en efervescencia. Son las 14 h. Solo queda hacer unas llamadas y encomendarnos al patrón para ver si el vermú es perdonable. La cosa ha sido así: 225.000 euros de ida y vuelta, unas jarritas y manjares (nos sabían, que no de por sí) escasos para retomar el regreso a casa. Calcetinada de bienvenida. Gracias Miguel.
A los perezosos de invierno: a ver para la próxima si somos legión. Se admiten sugerencias.

domingo, 24 de enero de 2010

Riglos... Al fin

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más fotos... Tiempo efectivo: 3 horas 36 minutos
Tiempo total: 4 horas 24 minutos
Teníamos una deuda pendiente con esos mallos que nos anuncian que el Pirineo está cerca y esta es tierra de montañeros. Hubo amagos abortados a veces por la pereza, a veces por la lluvia. Incluso dudábamos hoy con esa amenaza de lluvia que se cernía sobre la zona. Pero con todo, quedamos para salir a las siete en el coche de Miguel Ángel, Juancho, Fernando y Luis.
Con muchas nubes, pero buena temperatura llegamos a Riglos cuando comenzaba la luz del día (escasica). Apañados comenzamos a andar a las 8.30 aproximadamente. Hay un cruce inicial en el que se puede optar por rodear los mallos (camino del cielo), si bien la ruta es corta. Juancho nos trazó una más larga que nos supone bajar a buscar la orilla del Gallego. Compañeros del lujo, el Gallego y la vía del canfranero, vamos a buscar el salto hidroeléctrico de Carcavilla. El paisaje es precioso con el Gallego encajonado abajo, rodeado de verdadero monte, adornado todo de una fina lluvia que no molesta. Si acaso le da cierto encanto al paseo. Los senderos son algo exigentes, pero llevables.
Pasado el salto hidroeléctrico tomamos camino del embalse de la Peña, tirando para arriba. Dejamos ya atrás los apeaderos que Fernando duda para retiro esperitual. En poco nos presentamos en el embalse, que casi rebosa. El embalse precioso con Santa María de la Peña al fondo y Triste a la derecha. Tras unas fotos y un pequeño descanso, acompañamos el embalse camino arriba hasta un cruce en el que tomamos un camino a la derecha (está marcado por un poste). No estaba en el plan inicial pero el final es el mismo, todo vale. Al poco, descansamos para el reglamentario chicken-in con bota cenefa.
Continuada la cuesta llegamos al barranco de Forcallo (dudas cómo hubiéramos llegado al barranco por el otro camino). Una bonita zona, que tomada hacia arriba nos ha de llevar finalmente a Riglos. Llegamos a la casa de les Escaletes, punto donde se acaba la tranquilidad. Vemos los montes delante que tenemos que afrontar. Sabemos que detrás está Riglos y alla vamos. Cuesta dura por caminos y senderos que se atranganta a Miguel Ángel. Cerca de la cima, una preciosa y frondosa senda con continuos manantiales que se termina abriendo a una zona quemada que le da un cierto aspecto lunar al entorno. Posiblemente un pequeño incendio provocado por un rayo, que afortunadamente se extendió lo justo.Visto esto llegamos a lo alto, para ver a la izquierda alguno de los típicos mallos. Hace ya mucho que el camino es un continuo sendero muy erosionado por el agua.
El descenso final es duro y rápido para llegar al pueblo. Buscamos rápido la cervecita que encontramos en el albergue. Tres rapiditas y para casa a eso de las 13 h. Conversaciones sobre gatos y frase del día que dejamos dicha: igualico que Juanito, sobre todo cuando se da la vuelta. Pues eso, véase Riglos.
Parada en la panadería de Ayerbe y en poco en Zaragoza.
Hermosa excursión para no perderse.
www.cenefos.es

domingo, 17 de enero de 2010

Alcubierre-Puy Ladrón-Loma Orwell-Alcubierre

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más fotos...                                                       Tiempo efectivo: 4 horas 2 minutos
Tiempo total: 4 horas 56 minutos
Comenzábamos hoy, 17 de enero, la temporada de 2010 y se eligió una incursión en el pasado... visitar las huellas (más bien cicatrices) que dejó el frente de nuestra guerra civil en la sierra de Alcubierre. La ruta comenzaba en Alcubierre. Para allá partimos a las 7.30 Carlos, Juancho y Luis. El resto, por motivos varios, causó baja.
El día no presagiaba nada bueno, estaba nublado y una fina llovizna nos acompañó todo el camino. Sin embargo, ya cerca de Alcubierre cesó la lluvia, ya de forma definitiva para toda la mañana. Salimos desde el pueblo a las 8.25 y tomando la carretera a Leciñena, tomamos un camino a la derecha que nos lleva al Puy Ladrón o la posición San Simón en la zona de las tres Huegas donde se desarrolló uno de tantos episodios (o masacres) de la guerra civil. En este caso con un espectador de lujo: George Orwell, alistado en las filas republicanas.
El inicio del camino es un poco duro por el barro. A eso se suma la pájara que llevaba Luis de serie. Carlos y Juancho ponen un ritmo no muy fuerte por la afilada de Grañen, pero suficiente para el primer descuelgue. Al final hay que echar mano de la glucosa (¡a la media hora de salir!, pero mano de santo). Sobre las 9.00 llegamos al Corral del Cajal, edificación de piedra abandonada en medio de la nada. El paisaje monegrino integral. Poco a poco vamos ascendiendo hacia el Puy Ladrón. La temperatura va subiendo pero la niebla no nos termina de abandonar y aunque adivinamos un bello horizonte en la zona oscense, apenas podemos distinguir Guara nevado al fondo. Entramos en una zona de pinos no excesivamente frondosa pero bonita, con pinos con muérdago, parásito que no es fácil de ver en otras zonas. Sobre las 10 llegamos al Puy Ladrón y el monumento a los muertos por el lado nacional en la defensa de esta posición (según el Heraldo se dejaron matar heroicamente... fue así de crudo). Honramos a todos, de uno u otro bando, respirando un poquito del aire fresco que afortunadamente corre por allí. Qué no nos falte. El almuerzo con frío y vino se alarga hasta las 10.40, hora a la que salimos para buscar la loma Orwell (http://www.redaragon.com/turismo/orwell/). En la bajada hacia la carretera, tiramos primero a la derecha para ver la zona de trincheras y zonas defensivas de la posición San Simón (Puy Ladrón). Hay que verlo e imaginarte por allí zumbando bombas. Y 15 meses que estuvieron. Durante media hora, visitamos las trincheras, abrigos, cuevas, zonas de literas, aljibe etc. que por allí abundan. Hay carteles informativos que por ahora están muy bien cuidados (si alguien quiera más información: http://www.losmonegros.com/guerracivil/).
A las 11.20 abandonamos esta zona y tiramos para la actual carretera, que cruzamos para coger la antigua y cuyo tránsito se controlaba desde el monte Irazo o loma Orwell. Allá nos dirigimos para llegar sobre las 11.45. Esta zona está muy bien cuidado, y la fortificación defensiva estupéndamente reconstruida. Gran lección de historia.
A las 12.00 tiramos para Alcubierre, improvisando un poco. Tiramos de senda (previo tracking) para finalmente monte a través coger un camino que nos ha de llevar a Alcubierre donde llegamos a las 13.10 aproximadamente.
Como había que estar pronto en Zaragoza, un refrigerio rápido en el bar de la plaza de Alcubierre (también una lección de Historia) y volvemos.
Así acabamos la primera salida de 2010, en la que hemos combinado deporte y un poquito de cultura histórica. Un hermoso paseo, muy recomendable.
Hasta la próxima cenefos.
www.cenefos.es