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miércoles, 2 de enero de 2013

Nochevieja Serrana


Hace unos días nos lamentábamos de la falta de actividad en los meses pasados y ahora resurgidos de nuestras propias cenizas, cual ave fénix, nos apuntamos una salida más en menos de dos semanas, ¡¡¡No somos nadie los Cenefos!!!
Efectivamente, como años pasados, a los Cenefos nos apatece celebrar alguno de los días grandes navideños haciendo una etapa clásica entre los senderistas de nuestra localidad, visitar nuestra querida sierra. Elegimos pues subir a la Sierra de Morata el día 31 de diciembre de un agonizante 2012. 
Como la ruta no es ni excesivamente larga ni dura, no madrugamos demasiado, así quedamos a las 8:30 en el horno de pan de "Los Pelos" para hacernos con unas barras de pan recién hecho, del cual daremos buena cuenta a la hora del almuerzo.
La verdad es que tardamos en salir pues en el horno, José ("El Pelos") tenía ganas de chachará y con su inconfundible humor nos narró algún hecho real, o casi, que arrancó carcajadas de unos y otros; daba pena dejar tan amena conversación, más bien monólogo, pero nuestro objetivo nos aguardaba impaciente.
Así a las nueve menos cuarto: Fernando, Raul (del CSI), David (debutante en las huestes Cenefas) y un servidor, salimos a toda prisa por el barranco de la sierra hacia la zona de la perlita.
Como la marcha arranca directamente en cuesta, no da tiempo siquiera a calentar y las primeras cuestas hacen que alguno se arrepienta de haber picado el anzuelo Cenefo. David, novel en estas lides, pasa algún momento de leve apuro.
Llegamos a la bifucación que a la derecha nos llevaría a Valdoña, pero nosotros continuamos rectos, siempre para arriba. 
A poco más de 2 km de la salida, la pista termina y hemos de coger un sendero muy bien conservado. Es de agradecer que alguno se tome la molestia de limpiar de zarzas y malas hierbas del camino, para hacer más placentera la marcha.  Fernando comenta que algún viejo conocido nuestro de la peña ciclista, entre otros, es el artífice del fabuloso estado del sendero. Gracias.
El sendero gana altura muy rápidamente serpenteando entre rocas, zarzales, carrascas y algún cultivo abandonado y enseguida nos planta en todo lo alto del collado previo a la cumbre de la sierra. 
En este punto ocurre lo que nos temíamos, un fuerte aire frio del sur azota nuestras caras y cala en nuestros huesos. El augurado Jomandil hace nuestros pasos torpes y hemos de darnos prisa en llegar a la cumbre donde, con toda seguridad, podremos encontrar un sitio donde estar más resguardados.
Dicho y hecho, recorremos los pocos metros que nos faltan hasta la cumbre y allí buscamos cobijo en la cara norte, disfrutando de una vista espectacular de los Pirineos nevados.
Aparece aquí una bota Cenefa interina que de mano en mano vierte en nuestras bocas un vino fuerte de tonel que calienta nuestros pasmados adentros. Mientras tanto el almuerzo compartido repone las fuerzas consumidas en el ascenso. Mención especial a las viandas traidas por Raul de su reciente viaje por zonas leonesas: cecina, chorizo de vaca y un chorizo picante que nos acercaba al cielo todavía más, y sin movernos del sitio.
Terminado el almuerzo tiramos para abajo pero ahora vamos en dirección al barranco de la Umbría del Águila (o Umbría l'Aila que decimos por aquí). Con Fernandi siempre al frente vamos siguiendo la línea de tablillas de caza que delimitan el término de Morata.
Alcanzamos un camino marcado como senda de pequeño recorrido y descendemos por él sin mayor complicación. Éste nos planta en la carretera de acceso a Morata la cual pasamos por debajo, por el tunel barranquero, y en pocos pasos más llegamos al barranco y luego a nuestro destino final, El Albergue.
En ese momento se nos une Angel ("El Boni") para tomar un frugal vermú y brindar con las últimas jarras Cenefas de este 2012.
¡¡¡ Feliz Año 2013 !!!

martes, 17 de julio de 2012

SANTABARBARADA_2012


“El camino que unos hacen otros lo han de deshacer”. A deshacer el camino que nos ata al pueblo nos conjuramos poco antes de la Nochebuena de 2011. Una peregrinación desde la Plaza de El Pilar hasta la Ermita de nuestra Santa, la Bárbara de los mineros que estos días también peregrinan su indignación, y la de todos. Elegido el viernes 13 de este julio de dolores, y tras debates de ruta, nos citamos a las 21h en la Basílica. De Morata bajaron Miguel, Moncho, Pelotieso, Luis I y Boni. En Zaragoza esperábamos Miguel, Juancho, Rafa, Carlos, Fernando y Luis. El plan era sencillo: 10 andaban y Luis I dirigía el cotarro con The Bonis’ furgoneta, desde ya coche oficial cenefo. Un acierto, ya que pudimos cargar todo el agua, alimento y mochilas de apoyo para la andada de más de 60 kilómetros que nos esperaba.

Con puntualidad, a las 21h, tras la foto de rigor iniciamos el camino. La tarde era plomiza y muy calurosa, por lo que esos primeros kilómetros en el centro de Zaragoza,  a 38ºC, se hicieron pesados. Amenizados eso sí por los dichos de Boni. Dejamos constancia de una perla médica para aquellos que se animen a perder masa: “Menos plato y más zapato”. El resto se quedan en el vestuario. Con estas fuimos llegando al canal, cuyo camino tomamos para dirigirnos hasta Plaza donde Luis I había fijado el primer avituallamiento. En esta zona, con la noche ya cayendo, se alivió la asfixia y comenzamos a respirar un poco. Seguir la autovía y colocarnos los frontales nos enfrentó con lo que nos esperaba: una larga noche. 

La llegada a Plaza y la visión de la frago, fue la primera alegría. Allí nos esperaba Luis I que ya había inspeccionado parte del tramo siguiente, amén de enfriar la bebida y preparar el avituallamiento. Llegamos con ansia y dimos buena cuenta del agua, fruta y alguna barrita que otra. Repuestos, el siguiente objetivo era Centrovía, antes de alcanzar La Muela. Esta zona fue más dura de lo previsto por el asfalto, y algunos, como el narrador, estaba deseando llegar para cambiar neumáticos. También Carlos iba ya algo preocupado con una rozadura que amenazaba el talón. Allí asumimos que se iba a ir por el lado derecho de la carretera, intentado acortar algo el trayecto desde La Muela hasta El Sabinar. Ya por entonces Luis I nos había contado de los recelos que levantaba su deambular en The Bonis’ frago.

Retomado el camino, comenzamos a ascender hasta La Muela. Había que coger un camino que nos llevaba hasta las antenas y ahí comenzaron las primeras dudas. No estaba claro el camino y ya comenzamos a acordarnos de la ruta de Fernando. Menos mal que Boni exploró hasta dar con algo similar a una senda, que nos debería llevar a las antenas. Corta pero intensa. Fue la primera sudada de la noche. Llegado allí, Luis I nos citó en “el secadero de jamón”; sin más detalles. En el camino encontramos nuestra frago y al poco a Luis I que había ido a nuestro encuentro por un camino diferente. En este punto, ya Carlos estaba bastante apurado con la ampolla y le convencimos para que se subiera a la Furgoneta. Tras ciertas dudas, decidimos por fin buscar acomodo para cenar entre la Plaza de Toros y el Auditorio de La Muela. Lugar perfecto para fechas como estas, en las que recordamos que se hizo y lamentamos que nos harán. Con vítores a Mariví, desplegamos embutidos, tomate, embutidos, quesos y el vino Ribera del Duero, versión bota, que prometió Luis I. Como no podía ser de otra manera la cena fue animada. Se notaba, y bastante, que estábamos allí y nos sorprendíamos de que todavía no hubiera acudido autoridad alguna a mirar. Buena la cena, bueno el vino, bueno el postre. Luis I, que no podía andar, se desquitó con una buena dosis de bota y pasó el testigo de piloto a Carlos, al que hubo que curar el ampollón que llevaba. Tras una foto de rigor, comenzamos a andar. Antes damos cuenta del cambio de zapatillas de Rafa, que se calzó el ya famoso modelo Nike Gordito, recomendadas para corredores que atropellen la gravedad. Constatamos que Miguel también las calza (fue voluntaria la confesión). 
A la salida del parque, por fin, vino la autoridad que presumimos. Allí coincidimos, autoridad, The Bonis’ Team con la fragoneta y nosotros. Esquivada la frago, la autoridad siguió su camino. También nosotros. Dejada atrás La Muela, nos adentramos en el mar de molinos por la antigua carretera, para descender hacia El Sabinar. Es posiblemente el trayecto más duro. Sea por la noche, sea por el asfalto, sea por las molestias que ya afloran, algunos, como el narrador, comienzan a flojear. Menos mal que The Bonis’ Team nos cuidaba bien y se paró a repasar los pies, que buena falta hacía. Con lo parches puestos, se retoma el camino paralelo a la autovía hacia la siguiente parada en El Navarro, justo cuando ya comenzaba a clarear. En esta zona Luis I nos abre la puerta de servicio y de paso nos evita un buen rodeo. Es momento de recuperar algo de fuerzas, y optamos por tomar algún café, cola-cao o similar.
Al salir nos encontramos con el día. Podemos por fin, recoger frontales y chalecos reflectantes y con un ánimo algo renovado emprendemos el camino hacia La Almunia, esta vez por la parte izquierda de la carretera. De nuevo nos enfrentamos a interminables rectas, con alguno en estado de somnolencia. En este camino paralelo a la autovía, como al principio de la noche, hay más de un camión que nos saluda, no sabemos si confundiéndonos con mineros despistados o por romper el aburrimiento de su viaje. Tras una nueva parada en una gasolinera, para tomar agua y un café en el caso de Juancho (el sonámbulo), comenzamos el tramo hasta La Almunia.
Esta parte del camino es un debate continuo de cómo ir de La Almunia a Morata. Previsto estaba, pero está claro que esta ruta surge del consenso en el camino. Para más inri, Luis I, que siempre tiene algo que decir, se inhibe en la discusión: el que anda, decide. Es su teoría. Lo malo es que andarines había nueve y posibles rutas, tres. Momentos de confusión, aderezados con secantes en Zufrisa, que al menos nos hacen llevadera esta recta. Sin decisión tomada llegamos a La Almunia cuando ya el sol empezaba a caldear. Había poca gana de almorzar, visto que se nos iba a echar encima la solana, así que la parada fue fugaz. Lo único claro es que íbamos a tomar el camino hacia el alto de La Perdiz y en el área de descanso se decidiría si se sube o se va por el río… aunque todo parecía indicar lo obvio: se subiría La Perdiz.
Llegados al área de descanso de la antigua nacional, lo único que ya faltaba por decidir es la técnica de subida. El debate fue corto y se optó por la técnica MEU. Con esas nos abrimos hacia arriba en desbandada. Lo cierto es que la subida fue más sencilla de lo previsto y que no se hizo nada pesado. 
Pero se sudó. El alto nos permite ya vislumbrar Morata y el objetivo cercano. Tocaba bajar y con esto no se había contado. Mucho peor que subir. Para entonces cada piedra era un alfiler y alguna senda se atragantó a más de uno que iba justo de neumáticos. Con paciencia, descendemos a Jabacín y saltamos al camino que sube del Valle de los Fósiles a la Perdiz. La senda que conecta ambas zonas se hace interminable, pero una vez reagrupados en el camino, y con la frago esperándonos al fondo, tenemos claro que ya habíamos llegado. 
Bajamos, nos reagrupamos con Carlos y emprendemos el último tramo. Para entonces, ya se había llamado al Albergue para que nos preparase alguna bebida isotónica de La Zaragozana. Ver el pueblo y Santa Bárbara al fondo fue una nueva alegría. El objetivo se había conseguido. Con la alegría en el cuerpo llegamos al Albergue a reponer sales. Varias jarras después, nos motivamos para subir a Santa Bárbara… y así poco antes de las 12h, después de algo más de 65 km, más de 80000 pasos y 13 horas de andada llegamos a la érmita de la patrona de nuestro pueblo. Y allí estábamos todos, cenefos, PCs, The Bonis’ Team, la frago y el pueblo. En paz con nosotros mismos, con hambre y sueño. 
Para acabar, tocaba ducha y reunión de nuevo para dar cuenta en el Albergue de un rancho reparador que nos había preparado. Hubo de todo: cerveza, vinito, buena comida, algunas canciones y casi hasta firmas de camisetas. Hasta Juancho, cuando se despertó, puso himno a la andada. Eso sí, solo es aplicable una estrofa: No podemos caminar con hambre bajo el sol.
Rematamos el día en el Zepelín con copichuelas varias, cantos regionales y desbandada general. Fue una bonita experiencia que caso de repetir esperemos podamos hacerla con algunos ausentes, sea por compromisos, sea por operaciones inoportunas, sea por caídas… La Santabarbarada 2012 es historia. Gracias a Luis I y Carlos que sin ellos esto hubiera sido mucho más difícil, a Boni y su invalorable frago, a Juancho y Miguel por la organización, a Fernando por preocuparse en preparar rutas y a Lourdes por su rancho. Y a todos los que han compartido el camino. Una vez más se ha demostrado que andando solo se va rápido, pero en compañía se va más lejos.










domingo, 29 de agosto de 2010

Circular por Morata.

Con la vista puesta en el próximo 11 de septiembre, donde los cenefos celebraremos en Nigüella nuestros primeros mil kilómetros registrados, Fernando nos preparó una salida por Morata.
En un principio pretendíamos unir la vuelta por Chodes-Las Torcas-Jabacín-Mularroya hecha el verano pasado, con la subida a la Sierra desde el camino al Frasno y acabar visitando Villanueva y Chodes de nuevo. 
A las siete quedamos en nuestra recién estrenada sede social, Fernando, Luis y este que narra, para tras el pertinente saludo, encaminarnos camino a Chodes por el puente de Capurnos. La mañana pintaba bien, no hacía mucho calor y en nada y menos nos plantamos en Chodes, pasando por esa vía ferrata que ya tiempos rehuimos. Desde Chodes, tomamos la subida por la calle de la antigua panadería (¡que pena que ya no cueza esas deliciosas tortas!) camino a las paredes dejando siempre a nuestra derecha las ruinas de su Castillo.
Una vez alcanzada la Mineta, bordeamos la pared en la que los montañeros tienen perfectamente equipada para la práctica de la escalada, con nuestro Jalón a la derecha. La crecida vegetación no es obstáculo para poder seguir la senda, que junto a las Torcas, nos llevará junto al puente del Abogado.
Atravesado el puente, vemos una montañita de piedras, que en forma de hito nos indica donde empieza la senda que nos llevará hasta la zona de Jabacín.
Siguiendo la senda que pronto se hace camino, alcanzamos la autovía. En este punto intentamos divisar el vértice geodésico que según mapas hay en la cima de Jabacín, pero desde nuestra posición nos resulta imposible, retando al movimiento cenefo a alcanzarlo en una futura salida.
Cruzamos en puente bajo la autovía, y nos encaminamos hacía la zona de Mularroya, cuya majestuosa obra pantanil nos provoca sentimientos que son difíciles de traducir en palabras.
La antigua carretera acoge nuestros pasos, mientras los "dumpers" nos acompañan con su música,  hasta tomar el camino que junto a la cantera nos llevará a la entrada de Morata.
Iniciamos la segunda parte del camino, por el viejo camino del Frasno (que coincide con nuestro GR-90, otro pendiente a la lista...), y cuando llevamos un par de kilómetros, decidimos que es tiempo para reponer fuerzas. El pan del día (By Pelos) y el tomate untado, hacen que sea un lujo un almuerzo a la sombra de unos olivos. Fernando como siempre nos sorprende con la cantidad y variedad de viandas que puede acoger un bocadillo. Aprovechamos también para descarrucharnos (nuevo verbo cenefo, que significa quitarse las carruchas, sobre todo para los que llevamos pantalón corto y acogemos un ciento en nuestros calcetines). Luis que nos había dicho que sólo nos acompañaría en esta primera parte, decide acompañarnos un rato más, y reconfortados por su compañía nos dirigimos hacía el alto de Morata de la antigua carretera nacional.
Con la vieja Atalaya a nuestra derecha, Luis esta vez decide poner fin a su etapa, llevamos casi 20 kilómetros y el sol comienza a atacarnos a discreción.
Ya solos, el A-Team, comenzamos la subida a la sierra de Morata a buen ritmo, coronando a las doce y diez minutos. Llevamos ya más de cinco horas de marcha, y decidimos bajar por la senda que discurre por el barranco de la sierra. Se nota que son muchos los andarines que la transitan, así lo denota el claro trazado de la misma.
A la una vemos el desvío que se dirige por Valdoña hacia Villanueva, pero entendemos que aunque las piernas aguantarían, la hora de llegada sería todo menos prudente, y recibida la llamada de unas jarras heladas con cerveza en el Albergue, decidimos no hacer caso omiso y concluir allí nuestra particular Moratada, dejando nuestro particular cuentakilómetros a apenas veintiún de los mil.
Nigüella y su parque nos esperan el sábado 11... 
Suma y sigue cenefos...

lunes, 26 de julio de 2010

Creando Cantera

Domingo. Día de Santiago y cierra España. Tocaba salida con nuestros hijos (más bien hijas) para ver si poco a poco van cogiendo el gusto de andar. Un clásico en Morata: la vuelta Morata-Chodes-Las Torcas-Morata con visita a otro arco de piedra, este más espectacular que el de Alpartir (que tampoco desmerece). 7 km con un poquito de casi todo, en comedidas dosis que esta el intervalo (que no rango) de edad se ensancha de los, más o menos, cinco a los cuarenta y bastantes. La quedada ya fue complicada, más que por los niños, por algún que otro cenefo (de facto o in pectore) con despertar laxo. A trompicones fuimos llegando al albergue una tropa abundante. Solo mencionaremos los verdaderamente importantes: María, Blanca, Inés, Marta, Lucía, Julia, Nacho y Frida (creo que correctamente ordenados).
Comenzados la salida a eso de las 9.30 h, tirando para Chodes por Capurnos. Hicimos un pequeño alto en la zona de inicio a la escalada que hay (casi) a pie de puente, pero nos quedamos con las ganas de hacer de la vía ferrata (arneses no faltaban). Tirando para Chodes nos cruzamos con los colegas de la PC que han salido de buena mañana a estirar un poco y ganarse el almuerzo. Ya en el camino, empezamos con los primeros problemas de mosquitos, que a la vista del rastro dejado son algo más que tigres. Ni el Aután parece hacerles mella.
La solana de la zona del viejo castillo se reparte entre los diversos grupos que se van formando camino del río. En breve, llegamos a la mineta y podemos contemplar nuestro río, que aún en estas fechas baja bravo y burlón de promesas de caudales ecológicos. No sabemos qué conocerán los hijos de estas cenefitas, pero nos tememos lo peor. Cruzando por el puente de las Torcas, llegamos a nuestra peña agujereada. Reponemos fuerzas con unas rondas de chuches para los niños y una bolsa para Juancho. Rumores había de su filia, pero no se considero que llegase a tanto.
Subimos a la peña e hicimos sesión de fotos, antes de bajar y asistir a la refrescada de pinrel de Belén. Pertinentes risas y hacia Morata. En la zona de escalada había más de un grupo que aprovecha la buena mañana y la sombra para tirar de roca. Es un espectáculo ver como van ascendiendo poco a poco, con tesón, aprovechando cada asidero de la pared. Con más asideros y menos tesón para subiendo hacia las paredes negras. Ya alguna niña empieza a dar síntomas de cansancio y ni la preciosa vista del pueblo le reconforta en exceso.
El camino es ya llanito, pasando por el comedero de buitres y la zona del tren encajonado, antes del cruce con las viñas bajas. De ahí, en adelante, una pequeña subida y la bajada al calvario fin de etapa.
El resto, como de costumbre. Vermú popular en el albergue con jarras isotónicas (en sus variedades de sola, con gas o con limón), barritas energéticas de torreznos y dos platos de patatas bravas para compensar tanta mesura.
Los niños felices. Creando cantera.

domingo, 20 de junio de 2010

1ª Bloguerada... y no será la última


Y si, al final nos juntamos. Llevábamos tiempo los integrantes de los blogs “lagasolinaamedias”, “senderosalsol” y “cenefos” planeando hacer la una salida conjunta para ponerle cara, voz y ojos a tantos mails, a tantas crónicas y a tantaos mensajes del Facebook.
Y nos juntamos quince, y aprovechando la moratalidad de los cenefos y que en los “gasolinas” hay originarios de Ricla y de La Almunia, pues decidimos hacer una andada que uniera las tres localidades.
“Gasolinas” vinieron Sara, Diego, José Carlos, Iker, Javi y Tomás; de “Senderos al Sol” Isabel, Conchi, Chema, Alberto Carlos y Goyo; y “cenefos” Fernando, Juanjo y a última hora se apuntó José Antonio.
En el albergue de Morata quedamos a las 8 de la mañana. Presentaciones, puesta a punto y a comenzar la jornada. En el último momento decidimos llegar hasta la Mineta, en vez de por el camino de las pareces, hacerlo por Chodes, para de esta manera enseñarles a nuestros compañeros los caminos y senderos de nuestro pueblo. Juntar a tanta gente andando es complicado, la heterogenia del grupo hizo que se formaran grupúsculos de varios en los que las conversaciones iban y venían como si nos conociéramos desde hace tiempo.
Subiendo por la Mineta, el “Calleja de Valdejalón” que lleva ya salidas fogueándose dejó constancia en este sendero del primero de los videos espontáneos que grabó en la jornada.



Desde la Mineta la Mineta, fuimos por un sendero hasta buscar el paso del río Aranda, cuyo paso hicimos a través de un tronco de árbol que hace de puente natural. La vegetación ocultaba el paso hasta el pero entre José Antonio y Fernando la duda fue corta y enseguida lo encontramos. La primera actividad del la multiaventura se pasó sin que nadie sintiera la temperatura del agua del río de primera mano.


Del trayecto hasta la silga, nos tocó podar cientos de zarzas que se acumulaban en la senda que se había tornado invisible. Los senderistas andaban un poco confundidos, pues por un momento nos hallábamos envueltos por paisajes que bien pudieran estar en una selva centroamericana. Al ir en pantalón corto las zarzas, ortigas y demás plantas “beligerantes” no dudaron un instante en dejarme las piernas firmadas, ya se sabe que el cenefo es animal de costumbres y de tropezar dos veces con la misma piedra. Goyo también sufrió del mismo ataque y por las mismas causas.
Y llegamos a la "silga" donde los que ya la habíamos pasado vimos en los ojos de los debutantes los mismos miedos que nos acompañaron el día que la pasamos por primera vez. La silga nos deparó el momento estelar en el que el cenefo Fernando, cual espiderman, rescató de un seguro chapuzón a Isabel,  que desde hoy rebautizada como la "niña de la silga". Nuestro segundo video nos ilustra este paso.


Y una vez pasado la silga, y con las mochilas mas descargadas de tensiones y adrenalinas, seguimos por la "selva", paralelos al jalón y en dirección hacia la central eléctrica de las Torcas, casa a la cual nuestros vecinos llaman "la casa de la luz", donde dimos cuenta de un variado almuerzo. Bocadillos, fruta y galletas, todo ello regado con agua, bota de vino (secuestrada¿?) y café o carajillo, y ¡qué más se puede pedir!
Tras el almuerzo surge la primera duda, eran casi las once la mañana y apenas llevábamos 6 kilómetros, hoy no era día para hacer medias, decidiendo hacer el camino previsto, pero aumentando un poco el ritmo para llegar a tiempo al rancho.
Junto al Jalón, caminamos por la senda de los desfiladeros del Jalón, pasamos por famoso el palo del Moro, y pronto pusimos las botas en las calles de Ricla. Allí nos reagrupamos y decidimos tirar a La Almunia, y estos últimos 4 kilómetros hacerlos cada uno a su ritmo. Los cenefos y medio grupo de "gasolinas" decidimos volar a 7 kilómetros por hora, con la mente dentro de una jarra helada de cerveza que sobre la una y  cuarto dimos buena cuenta en el Lucky.
Al  poco rato llegó el grueso del pelotón, apuntándose enseguida a las jarras. Risas, felicitaciones, y sobre todo un respeto a la única norma que pusimos ¡No se habla de política! que cada uno somos de nuestra madre y nuestro padre,  y creo que la norma fue oportuna
Subimos a la parte de arriba del Casino, donde la Peña Gastronómica de La Almunia, nos permitió celebrar la comida de hermandad. El cocinero Miguel Ángel (futuro suegro de José Carlos, y digo futuro con redundancia, eh!) nos preparó unos entremeses espectaculares (queso y pernil) y un  rancho con mayúsculas, que dimos buena cuenta hasta dejar la olla como la del anuncio del Fairy. Postre, café y copas...

A todos los asistentes, gracias por compartir una jornada tan espectacular. A los ausentes, solo decirles que aunque seguro que habrá más, hoy se os echó de menos.
Lo dicho, bienvenidos y sobretodo bien hallados.
Hoy ha nacido la "Peña la Silga".


Crónicas de los otros blogs participantes:








TRCK DE LA RUTA...

lunes, 5 de abril de 2010

PIETAS: Duelo de Garmins

Pietas tiene un encanto decadente. Uno de esos refugios de relajo que florecieron (léase urbanisticamente hablando) cuando ya la presión de la ciudad había expulsado la autencidad de nuestros pueblos. Reluce agonizante en la Sierra de Vicort, con chalecitos salpicando el paisaje, calles con salpullidos de desidia, ermita rehabilitada con retazos de voluntad, su famosa fuente con merendero y una sensación, para aquellos que conocemos poco más que la excelencia de sus aguas, de que todo debería haber sido de otra manera. Ir andando a Pietas era el objetivo para esta Semana Santa de pueblo, hombro y tambor. Allá nos fuimos el Jueves Santo, 1 de abril.
A las 8 h nos reunimos en el albergue un buen número de cenefos para lo que ha sido el promedio último. Allí estaban, los habituales Fernando, Juanjo, Miguel Ángel y Luis a los que se unieron los más ocasionales Rafa, Yuri, Fernando y Fran. 8 andarines y 2 Garmins.
Tras los saludos y bravos por el quorum, tiramos a la salida del pueblo para coger el camino de El Frasno. Enseguida nos desviamos por la derecha por la Umbría del Águila, camino de la Atalaya. Admitimos aquí comentarios para confirmar el nombre definitivo de la umbría y su barranco, así como la génesis de la atalaya. En esta zona el tirón de Fernando, Fran y Rafael, nos deja realmente asombrados. Parecen fuertes y con ganas de echar fuera la toxina invernal. El camino poco a poco se empina, aunque la dureza no es excesiva. Con la Sierra de Morata a la derecha y un entorno de campos y pseudo-oasis vamos poco a poco alcanzando el alto que permite vislumbrar el llano de El Frasno. Nuestra primera foto y trazada a la izquierda para buscar el camino que sortee la cicatriz de la autovía. Por esa zona, que poco después debió patear Luis I, hubo una primera divergencia sobre cuál era el camino a seguir. A decir verdad, los Garmins ni vacilaron ni fallaron. Aclaradas dudas, cruzamos la autovía a poco ya de El Frasno, al que nos vamos acercando por la antigua carretera nacional, atacada de la misma enfermedad que las calles de la urbanización de Pietas.
En El Frasno, a callejear. De nuevo ciertas divergencias, para llegar cerca del cementerio donde se nos propone una doble ruta por arriba o bien la parte baja del pueblo para llegar a Pietas. A las propuestas grabadas en el GPS se suma la opinión buscada de un vecino que nos aconseja lo obvio: seguir por la carretera. Hacemos caso de lo planificado y tiramos para abajo por un camino que primero desaparece y posteriormente aparece para ir más o menos paralelos a la carretera. Cuando ya tenemos Pietas a tiro, nos desviamos a la izquierda para bajar (y obviamente, luego subir) por una bonita zona de pinos que nos lleva cerca del desvío que lleva a la hospedería (así reza) y la ermita. En esta zona se producen ciertas diferencias entre los Garmins y entre las filosofías de los fines y los medios que dejaron frases para la bitácora: ¿Llegaremos a Pietas, Fernando?.
Llegamos. Sin problemas. Y se hizo poco antes de las 10.30 h. Una visita a la ermita y un buen chicken-in. Rememoramos viejos almuerzos de barra palmera y vino cenefo con sabor a escaso, amén de su intermitencia que la broca del 2 de Fernando debería solventar (¿cómo está el asunto?). Poco después de las once nos pusimos en marcha, en este caso al encuentro del coche rescatador para la mitad de la flota. Alguna foto queda como constancia. Precisemos que el compromiso de la etapa corta estaba previsto de antemano: era sine qua non para aquellos que tenían preparativos de procesión. Disculpados y agradecidos de que apañaran la agenda para compaginar ambas cosas.
El resto, con un solo Garmin (asumimos el riesgo), emprendimos el regreso a Morata por camino distinto, pero con parada y fonda en El Frasno. En concreto en el Bar Manolo, donde disfrutamos de la cervecita con limón de la casa. Un interesante ejercicio de optimización de recursos. Reparadas fuerzas, comenzamos la rodada hacia Morata por la vieja carretera que pasando por encima del túnel conecta con un camino que transcurre paralelo a la autovía. Desviados en el primer cruce a la izquierda vamos ahora de nuevo por el lado contrario del barranco del Águila. Al final llegamos de nuevo al cruce, marcado con un poste castrado (es difícil de asumir que esto no tiene remedio, ¿será que somos así?), que habíamos tomado a la derecha en la ida.
A eso de las 13 h llegamos a la fuente del Portal y barranco abajo al albergue reparador. Cerveza a tutiplén para reponer fuerzas.
La próxima vez subiremos a Pietas por la Sierra con la guía de Luis I. Y confiemos que tengamos consenso sobre la importancia del camino, que se sigue haciendo al andar. Solo ha cambiado que se puede trazar de antemano, aunque sea por puro divertimento.
Hasta el sábado.

domingo, 7 de marzo de 2010

Vía ferrata... hacia Ricla

Para nuestros amigos de la gasolina a medias...
fotos...
7 de marzo. Era un día de dudas. No cuajó lo de Pietas porque nos pidió el compañero Rafa dejarlo para una ocasión en la que pudiera mojarlo con nosotros. Teníamos alguno con arrastre de catarro que no estaba para mucho trote, lo que pronosticaba una etapa corta. Además la asamblea de la noche anterior acabó sin decisión sobre qué hacer al día siguiente. Salvo la hora (8.30) y el sitio (el albergue) todo lo demás eran dudas. Esta vez el destino decidió por nosotros.
Habíamos hablado de completar ese camino Morata-Ricla que ya habíamos previsto alguna vez y que recientemente nos recordaron los de la gasolina en una entrada. Y justo a la hora de encuentro, amanecieron Javi (con Chispa, su perra) y Ángel que habían decidido salir de la mineta dejando el coche en las paredes de escalada, para llegar hasta Ricla o casi. Así que tocamos reagrupamiento y allá nos fuimos. Por ahorrar un poco (en realidad poco) de camino llegamos en coche hasta la zona de escalada, y comenzamos a andar bajo la lluvia. Escasa e intermitente, aunque acabó siendo protagonista del día.
En la mineta cogemos el camino que sale hacia la izquierda para rodear el monte y descender hasta el Aranda (o Isuela, volvimos al viejo debate, que ya quedó zanjado anteriormente). Esta vez, el Aranda llevaba agua, no era el riachuelo que cruzamos este último otoño. El puente, improvisado, unos árboles caídos que pasamos sin mayor dificultada salvo Chispa que cayó al agua.
Superado este primer obstáculo, llegamos a la desembocadura en el Jalón. Una bonita zona que merece la pena visitar. Allí en la margen izquierda del Jalón comienza un camino que nos ha de llevar hasta Ricla, siguiendo nuestro río.
La cosa, no obstante, se complica cuando vemos como se encajona en el monte y llegamos a una pared que desciende abrupta hasta el cauce. Todo controlado nos dicen nuestros guías porque ahí está la silga. Vía ferrata hacia Ricla. El río baja con más agua que de costumbre y ya algunos pasos son complicados con zarzas en un lado y el río en el otro. Ayudándonos de los bastones y tirando como se puede las mochilas conseguimos sortear los primeros problemas hasta llegar a la vía ferrata. Paso complicado que provoca no pocas dudas en aquellos que gustamos de ver el río de lejos y con respeto. Pero visto que Javi y Chispa pasan, allá fuimos. Ojo, precaución toda, si se ha de ir allí. Es un paso con silga en el que vas desplazandote por la pared agarrada a ella (a fe que con toda el alma). Serán unos veinte metros, que ciertamente se hacen más fácil de lo que al principio parece. Eso sí, para aquellos que lo quieran intentar al revés, mejor abstenerse (o sea desde Ricla hacia Morata). Al menos como estaba el río hoy, imposible.
Superada la prueba multiaventura, se sigue por un camino complicado por las zarzas, que finalmente se abre, para llegar a un camino ya señalizado que nos ha de llevar hasta Ricla, ahora sí exento de riesgo. Hay varias alternativas, pero decidimos cruzar de nuevo el río por un viejo puente y seguir por la zona de la acequia de la margen derecha.
Descansamos brevemente al llegar a la vía del tren. Chicken-in frugal, en exceso. Algo de fruta y comida de pájaros, salvo los afortunados del bocadillo. Ni bota con la que celebrar el subidón de adrenalina. Pero no estaba en los planes... si los hubiera habido.
Continuamos y llegamos finalmente al camino de las conchas, donde nos desviamos para ir hacia la vieja carretera nacional. Allí vamos hacia el pantano to be. Encontramos un riachuelo cuarto y mitad del Aranda que ya habrá quien se encargue de engordar. Ruina.
Llegados al cruce con el camino de Jabacin, subimos ya metidos en una lluvia intensa. No está el ánimo para fotos, así que de esta zona poco recuerdo queda, salvo que nos mojamos. El descenso no obstante desde la paridera Jabacín al río, cueva de las grullas incluída, es precioso con las paredes, que antes rodeamos, al fondo. En este caso, el cruce del río lo hacemos por el puente el abogao (sic) y el tunel del tren.
Y fin. Conectamos así Morata-Ricla con el Jalón como compañero.
Hubo cervezas varias en tandas varias para celebrarlo. Muchas gracias a nuestros colegas por enseñarnos este maravilloso paisaje.
Hasta la próxima, que parece ser será por Sabiñán y celebrando la entrada de la primavera.
Nota: estamos teniendo mucha suerte con las salidas este año. Promete.
Calificación: paseo multiaventura.

domingo, 21 de febrero de 2010

LOST IN MUEL



más fotos... tiempo efectivo: 5horas 48 minutos
tiempo totl. 6 horas 15 minutos
¡Loado sea el día!. Tras muchos dimes y diretes, hoy ha debutado Miguel (Polo, para no confundir con el otro que hoy se ha diluído por Nigüella). Bienvenido seas a las huestes cenefas, y esperemos que la confirmación de alternativa no se haga de rogar. Además los padrinos de alternativa dan fe de que ha aguantado como un campeón la calcetinada de 30 km esteparios que nos hemos metido entre pecho y espalda. Para abrir boca.
El destino de hoy era Muel, para completar una vuelta circular que pasase por Mezalocha y Jaulín. Allá fuimos a eso de las 7 h, para llegar al punto de salida cerca de la 8 h. Muel es un laberinto lleno de calles cortadas de mala manera (no hemos fotografiado el tablón que había cruzado en una calle sin señalización alguna, pero juramos que así se las gastan en Muel, no es cerámica todo lo que reluce). Además al desconcierto se sumama la lluvia y un cielo nublado, nubladísimo que no presagiaba nada bueno. Mal que bien remediamos el asunto y al final aparcamos cerca del parque de las cascadas (a ver, que hay unos saltos de agua del río Huerva, supongo, en ese parque). Calzamos botas, ajustamos chubasqueros y para arriba.
Se sale de Muel por el parque y se coge inmediatamente un camino a mano derecha (por ahí según la terminología Juancho) para acompañr durante un tramo al Huerva.
En este tramo tenemos lluvia, las conversaciones de rigor (a ver si apañamos España y el Real Zaragoza, que no sabemos cuál está peor) y mucho barro. Juancho hace gala de guía y nos lleva a conocer campos (y atravesar). Algunas dudas acentúan nuestra sensación de lost in muel que llevábamos de salida, pero todo parece aclararse al encontrar un camino que Juancho jura nos ha de llevar a Mezalocha. También se aclara algo la lluvia, que no el cielo.
Seguimos el camino que cualquiera podrá comprobar que está perfectamente indicado. Aquí un inciso para acordarnos de todos los capullos que se dedican a romper carteles o cambiar piedras y mojones. Con las piedras precisamente se nos ocurre qué hacer con sus mojones supuesto que sean del sexo masculino (que no género). Si fueren del otro sexo, también se nos ocurriría algo (dicho queda que capullos es plural genérico).
Pese a todo alcanzamos pronto (y digo pronto porque no anotamos horas, pero se puede consultar el track) el pantan(it)o de Mezalocha. Cuco y viejo. Techado de buitres y sin demasiado impacto ambiental. Atravesado, llegamos en un pis pas a Mezalocha para tomar un camino que nos ha de llevar al cruce inicial del pantano. Esta vuelta circular vuelve a despistarnos y entramos de nuevo en las dudas. Juancho esta vez hace un faena de apaño y nos alumbra con su GPS para tomar el camino de Mezalocha a Jaulín. Esta es la parte más dura del camino ya que si bien no tiene mucha cuesta, tenemos un mal compañero: el viento. Frío. Cuando el hambre azuza, a eso de las 10, buscamos un refugio en una paridera abandonada para el chicken-in con bota. Hoy era uno de esos días en el que si alguien viene con un termo de café caliente se gana 50 euros.
Retomamos el camino y hablando de algas, de María Teresa y la de deportes (Vicario o algo así) vamos parcheando cuestas y alcanzando Jaulín, cuna de Gastones. Una visita rápida a la balsa y los patos, sobre cuya persistencia se entabla algún debate. Sorprendidos por la estatua que da la bienvenida (es un decir) al parque, nos alejamos de Jaulín para buscar el camino a Muel. Es fácil de ver: sígase el parque eólico (en singular). De nuevo cuestas y algunas dudas que nos llevan por primera vez a preguntar a un lugareño que no era tal pero nos indicó bien.
Ya encaminados, solo queda seguir. Ahora sí que el camino se empieza a hacer pesado, sobre todo porque veíamos que las expectativas del vermú se iban a reducir a nada o casi. Juancho, descubre una función en su GPS de interés: km a destino. No sabemos si ha sido el mejor día para hacerlo. Al fin distinguimos el pueblo y su pasión motera en efervescencia. Son las 14 h. Solo queda hacer unas llamadas y encomendarnos al patrón para ver si el vermú es perdonable. La cosa ha sido así: 225.000 euros de ida y vuelta, unas jarritas y manjares (nos sabían, que no de por sí) escasos para retomar el regreso a casa. Calcetinada de bienvenida. Gracias Miguel.
A los perezosos de invierno: a ver para la próxima si somos legión. Se admiten sugerencias.

domingo, 24 de enero de 2010

Riglos... Al fin

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más fotos... Tiempo efectivo: 3 horas 36 minutos
Tiempo total: 4 horas 24 minutos
Teníamos una deuda pendiente con esos mallos que nos anuncian que el Pirineo está cerca y esta es tierra de montañeros. Hubo amagos abortados a veces por la pereza, a veces por la lluvia. Incluso dudábamos hoy con esa amenaza de lluvia que se cernía sobre la zona. Pero con todo, quedamos para salir a las siete en el coche de Miguel Ángel, Juancho, Fernando y Luis.
Con muchas nubes, pero buena temperatura llegamos a Riglos cuando comenzaba la luz del día (escasica). Apañados comenzamos a andar a las 8.30 aproximadamente. Hay un cruce inicial en el que se puede optar por rodear los mallos (camino del cielo), si bien la ruta es corta. Juancho nos trazó una más larga que nos supone bajar a buscar la orilla del Gallego. Compañeros del lujo, el Gallego y la vía del canfranero, vamos a buscar el salto hidroeléctrico de Carcavilla. El paisaje es precioso con el Gallego encajonado abajo, rodeado de verdadero monte, adornado todo de una fina lluvia que no molesta. Si acaso le da cierto encanto al paseo. Los senderos son algo exigentes, pero llevables.
Pasado el salto hidroeléctrico tomamos camino del embalse de la Peña, tirando para arriba. Dejamos ya atrás los apeaderos que Fernando duda para retiro esperitual. En poco nos presentamos en el embalse, que casi rebosa. El embalse precioso con Santa María de la Peña al fondo y Triste a la derecha. Tras unas fotos y un pequeño descanso, acompañamos el embalse camino arriba hasta un cruce en el que tomamos un camino a la derecha (está marcado por un poste). No estaba en el plan inicial pero el final es el mismo, todo vale. Al poco, descansamos para el reglamentario chicken-in con bota cenefa.
Continuada la cuesta llegamos al barranco de Forcallo (dudas cómo hubiéramos llegado al barranco por el otro camino). Una bonita zona, que tomada hacia arriba nos ha de llevar finalmente a Riglos. Llegamos a la casa de les Escaletes, punto donde se acaba la tranquilidad. Vemos los montes delante que tenemos que afrontar. Sabemos que detrás está Riglos y alla vamos. Cuesta dura por caminos y senderos que se atranganta a Miguel Ángel. Cerca de la cima, una preciosa y frondosa senda con continuos manantiales que se termina abriendo a una zona quemada que le da un cierto aspecto lunar al entorno. Posiblemente un pequeño incendio provocado por un rayo, que afortunadamente se extendió lo justo.Visto esto llegamos a lo alto, para ver a la izquierda alguno de los típicos mallos. Hace ya mucho que el camino es un continuo sendero muy erosionado por el agua.
El descenso final es duro y rápido para llegar al pueblo. Buscamos rápido la cervecita que encontramos en el albergue. Tres rapiditas y para casa a eso de las 13 h. Conversaciones sobre gatos y frase del día que dejamos dicha: igualico que Juanito, sobre todo cuando se da la vuelta. Pues eso, véase Riglos.
Parada en la panadería de Ayerbe y en poco en Zaragoza.
Hermosa excursión para no perderse.
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domingo, 17 de enero de 2010

Alcubierre-Puy Ladrón-Loma Orwell-Alcubierre

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más fotos...                                                       Tiempo efectivo: 4 horas 2 minutos
Tiempo total: 4 horas 56 minutos
Comenzábamos hoy, 17 de enero, la temporada de 2010 y se eligió una incursión en el pasado... visitar las huellas (más bien cicatrices) que dejó el frente de nuestra guerra civil en la sierra de Alcubierre. La ruta comenzaba en Alcubierre. Para allá partimos a las 7.30 Carlos, Juancho y Luis. El resto, por motivos varios, causó baja.
El día no presagiaba nada bueno, estaba nublado y una fina llovizna nos acompañó todo el camino. Sin embargo, ya cerca de Alcubierre cesó la lluvia, ya de forma definitiva para toda la mañana. Salimos desde el pueblo a las 8.25 y tomando la carretera a Leciñena, tomamos un camino a la derecha que nos lleva al Puy Ladrón o la posición San Simón en la zona de las tres Huegas donde se desarrolló uno de tantos episodios (o masacres) de la guerra civil. En este caso con un espectador de lujo: George Orwell, alistado en las filas republicanas.
El inicio del camino es un poco duro por el barro. A eso se suma la pájara que llevaba Luis de serie. Carlos y Juancho ponen un ritmo no muy fuerte por la afilada de Grañen, pero suficiente para el primer descuelgue. Al final hay que echar mano de la glucosa (¡a la media hora de salir!, pero mano de santo). Sobre las 9.00 llegamos al Corral del Cajal, edificación de piedra abandonada en medio de la nada. El paisaje monegrino integral. Poco a poco vamos ascendiendo hacia el Puy Ladrón. La temperatura va subiendo pero la niebla no nos termina de abandonar y aunque adivinamos un bello horizonte en la zona oscense, apenas podemos distinguir Guara nevado al fondo. Entramos en una zona de pinos no excesivamente frondosa pero bonita, con pinos con muérdago, parásito que no es fácil de ver en otras zonas. Sobre las 10 llegamos al Puy Ladrón y el monumento a los muertos por el lado nacional en la defensa de esta posición (según el Heraldo se dejaron matar heroicamente... fue así de crudo). Honramos a todos, de uno u otro bando, respirando un poquito del aire fresco que afortunadamente corre por allí. Qué no nos falte. El almuerzo con frío y vino se alarga hasta las 10.40, hora a la que salimos para buscar la loma Orwell (http://www.redaragon.com/turismo/orwell/). En la bajada hacia la carretera, tiramos primero a la derecha para ver la zona de trincheras y zonas defensivas de la posición San Simón (Puy Ladrón). Hay que verlo e imaginarte por allí zumbando bombas. Y 15 meses que estuvieron. Durante media hora, visitamos las trincheras, abrigos, cuevas, zonas de literas, aljibe etc. que por allí abundan. Hay carteles informativos que por ahora están muy bien cuidados (si alguien quiera más información: http://www.losmonegros.com/guerracivil/).
A las 11.20 abandonamos esta zona y tiramos para la actual carretera, que cruzamos para coger la antigua y cuyo tránsito se controlaba desde el monte Irazo o loma Orwell. Allá nos dirigimos para llegar sobre las 11.45. Esta zona está muy bien cuidado, y la fortificación defensiva estupéndamente reconstruida. Gran lección de historia.
A las 12.00 tiramos para Alcubierre, improvisando un poco. Tiramos de senda (previo tracking) para finalmente monte a través coger un camino que nos ha de llevar a Alcubierre donde llegamos a las 13.10 aproximadamente.
Como había que estar pronto en Zaragoza, un refrigerio rápido en el bar de la plaza de Alcubierre (también una lección de Historia) y volvemos.
Así acabamos la primera salida de 2010, en la que hemos combinado deporte y un poquito de cultura histórica. Un hermoso paseo, muy recomendable.
Hasta la próxima cenefos.
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jueves, 31 de diciembre de 2009

Primera Temporada: Epílogo

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Allá por el verano de 2008 bajando de El Frasno, camino de Morata, en una de estas conversaciones que por prudencia se deben sigilar, surgió un nombre para lo que hasta entonces era un sentimiento: Cenefos. Si el almuerzo, el vermú, la charlica y el ejercicio de una buena mañana en el monte nos reconfortaba, ¿por qué no darle continuidad?. Nos planteamos dejar la hibernación para un poco más allá de la jubilación, y seguir pateando senderos, sin abusar pero con continuidad, y empezamos 2009 con ese propósito. Incluso estrenamos nuestras ropas cenefas con orgullo, allá por la Sierra de Alcubierre… pero teníamos nuestras dudas. La familia, el trabajo, la pereza, el tiempo… la cosa empezó a diluirse. Sin embargo, asomando la primavera volvimos a la carga: llegó Tauste y la famosa calcetinada y poco antes de la Semana Santa asumimos el reto de la andada de Valdejalón: 30 km. Y luego llegó la Vicorada y disfrutamos como enanos por Vicort a pesar de esos 20 minutos de sobra. ¡Ya estábamos lanzados!. Luego llegó la ernestada, salidicas por esa Mularroya que nos están machacando y esas salidas con Luis I y nuestros compañeros de La Almunia. El verano nos animaba, y empezamos a compartir experiencias con nuestros amigos los ciclistas, que nos abrieron nuevas rutas y horizontes. Aún quedaba un reto: esa calcenada de 60 km que se nos clavó en el alma. Qué dura entonces y qué hermosa en la distancia.

Aprendimos para qué sirve el horizonte: para andar. Aprendimos que hay que caminar en compañía para llegar lejos. Y esa compañía fue llegando (aunque alguna la seguimos esperando). La Sección LA y Nigüella están con nosotros. ¡Hasta se nos agotaron las camisetas!. Hubo pájaras (algunas gloriosas), piques, algo de competitividad pese a todo, mucho de vino (ciclista y cenefo) y almuerzo. ¡Cómo olvidar ese chicken-in reglamentario en Alpartir preparado por la Sección LA!. Y las jarricas de cerveza del final. También hubo momentos tristes como aquella subida al Moncayo marcada por la ausencia. Es la vida, como el camino jalonado de dureza, de duro deambular a veces y de apacible belleza siempre, a poco que sepamos mirar, escuchar, meditar y dejarnos acompañar.

En esas fuimos llegando hasta aquí con casi todos en el camino. Alguno convaleciente, por poco tiempo. Pero con ilusión. Acabamos la primera temporada y esperemos que lleguen muchas más, que saldemos cuentas pendientes: Riglos, Pirineos, Camino de Santiago… ¿la Calcenada de 104?. Pero que poco a poco nuestra botas se vayan curtiendo de polvo, de aire limpio, de paisaje, de franca charla y animados almuerzos.

Salud compañeros para este 2010. Es mucho lo que nos queda por andar. Sólo hace falta dar el primer paso.
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domingo, 20 de diciembre de 2009

final de temporada 2009: Zaragoza-Cadrete-Zaragoza



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...más fotos                                                     Tiempo efectivo: 4 horas 36 minutos
Tiempo total: 5 horas 11 minutos
 .. Y se acabó. Se nos fue la primera temporada cenefa, y había que celebrarlo. Consensuamos el día 20, poco antes de la lotería y los excesos navideños para ir cogiendo el tranquillo a estos días. El objetivo: hacer ganica para ir a comer a El Cerdo, evocador nombre. Y para hacer ganica una salida alrededor de Zaragoza: evitamos así coger coches, que el cenefo es previsor. El pronóstico no era alentador: aventuraban uno de los días más fríos del año.
En la explanada de entrada del Parque Grande acordamos la quedada a las 8. Allí estábamos a dos grados bajo cero, Fernando, Carlos, Yuri, Juancho y Luis, esperando a Miguel Ángel que confió en Tuzsa para el dispositivo de salida. Con ligero retraso salimos sobre la 8.10 por el Parque Grande, camino de los Pinares de Venecia. A esas horas, con el sol a medio gas, el frío se deja notar, aunque ya son muchos los que están correteando por allá. Poco a poco la subida, sin ser exigente nos va haciendo entrar en calor. Llegamos al velódromo (al menos eso parece), el camino de tiro de bola y luego el cuarto cinturón para dejar ya Zaragoza y los pinares. El paisaje estepario está salpicado de la nieve caída esta semana. El frío arrecia y así nos lo recuerdan los múltiples ciclistas (inseparables compañeros durante esta temporada) que nos pasan. Camino de Valdeconsejo, vamos planificando lo que puede ser la próxima temporada. Sea por el frío, sea por el sol que empieza asomar, nos subimos arriba y llegamos a planificar salidas de varios días... no hay que emocionarse: paso a paso. Habrá que consolidar lo conseguido y seguir haciendo grupo. Sin embargo, son varias las ideas que cuajan y esperamos llevarlas a cabo.
Guiados por el GPS de Juancho y con Yuri y Fernando como liebres tiramos para el barranco de las Almunias, la zona más divertida y bonita del recorrido. Terreno erosionado con fuerza por el agua, que nos va a llevar a Cadrete. Antes, parada para almorzar y rendir el último homenaje de este año a la bota cenefa. Llegados a Cadrete, tenemos que coger asfalto para dirigirnos a la Fuente de la Junquera, que ya nos ha explicado brevemente un paisano (de un pequeño pueblo de Aragón) lo que fue y lo que es. Foto comunitaria, tozolón de Fernando y para adelante. Ah!, por una vez, los cenefos (que para eso es Navidad) hemos hecho una parada técnica en un bar de la localidad: reponemos líquidos y, ahora sí, para adelante.
De la Fuentes de la Junquera hasta Zaragoza, un paseico que salpicamos de más fotos en el Batallador, antes de aterrizar en el Parque de Bomberos, como meta de la etapa. De allí hasta el final, cervezas, vino, una buena comida y mejor compañia. Esto ya queda intramuros, que hasta los blogueros senderistas gustan cerrar los ojos para recordar según qué momentos.
Ha sido un placer, compañeros. El primer paso de la próxima temporada está al caer, y esperemos estar todos. ¡Ah!, y recordad: Nuestra Tierra pertenece al Cierzo (Juancho dixit).

Disfrutemos de unas hermosas Navidades y mucha salud, amor y amistad para este próximo año.

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jueves, 20 de agosto de 2009

Caminado por nuestra Sierra. Morata de Jalón.


morata_de_jalon_senderismo_14Distancia recorrida: 10,58 kilómetros
Altitud min: 412 metros, max: 918 metros
Desnivel acum. subiendo: 598 metros, bajando: 598 metros
Grado de dificultad: Moderado
Tiempo efectivo: 2 horas 15 minutos
Tiempo total: 3 horas 3 minutos

fotos...
No había mucho tiempo por razones familiares varias (solo quedaba una ventana en la mañana de 8.30 a 11.30), pero sí ganas de hacer algo previo a la moncayada, así que decidimos algo rápido: subir al vértice geodésico de la sierra de Morata. A las 8.35 (tarde, pero es lo que había) comenzamos la caminata, partiendo como siempre del Albergue y tomamos barranco arriba para subir por la Umbria l'Aila (creemos que así se escribe la Umbría del Águila, este tema hay que aclararlo). Para los que quieran subir por pista hay que coger en la segunda bifurcación el camino de la derecha (hay marcada una estaca que señala el GR-90 que baja de El Frasno) y seguir todo recto para acabar cerca del cerro de la Atalaya desde donde se divisa, de frente, El Plano de El Frasno y a la derecha la Sierra de Morata que es el objetivo, ya subiendo por la cresta de la sierra (hay una pequeña senda) que delimita los términos municipales de El Frasno y Morata. En nuestro caso, decidimos subir parte de la Umbría por la izquierda y cruzarla posteriormente, para ya coger monte a través, orientados siempre por la referencia de Morata y Chodes que vemos a nuestra espalda.

La caminata es exigente y nos permite eliminar algo de las toxinas acumuladas en las fiestas. El monte está tremendamente seco después de una primavera poco benévola y un tórrido verano. Hoy, no es una excepción y Lorenzo pega de lo lindo. Además, por las urgencias solo hemos cogido una botella de agua, por lo que el alivio es poco o nada. Llegada a la senda que parte de la Atalaya, tenemos algo de sombra, y menos pendiente, con lo que la caminata se dulcifica un poco. El paisaje, eso sí, es precioso con una buena perspectiva de Morata y las serranias que le rodean. Para andar, una gozadica. Con algún descanso para retomar fuerzas, llegamos a las 10:20 al vértice geodésico y tomamos las fotos de rigor para dejar constancia.

Varias son las posibilidades de bajada, pero dada las urgencias de la mañana, tiramos de frente para coger el camino que va por el barranco de la Sierra. En este aceleramos, recordando tiempos de ernestada: más de 8 km/h de tirada en esta zona nos despierta todavía más la ya de por sí desbravada sed que llevamos por nuestra mala cabeza. En breve, llegamos a Morata y desesperados tiramos para el Albergue donde tres cervecitas por barba aflojan un poco la sed y nos reconfortan con este pequeño placer que supone echarte al monte. Han sido unos 10 km y poco más de dos horas de andada real (véase ficha técnica, que para eso está).

Calificaciones:
Paseo, eso sí, pelín exigente por las subidas monte a través que siempre se notan.

Postdata: Pedimos público perdón al cenefo in pectore. Decidimos muy a última hora la caminata y no avisamos Nostra culpa. Avisamos, no obstante, que la repetiremos.

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jueves, 13 de agosto de 2009

Morata-Chodes-Las Torcas-Jabacín-Mulrroya-Morata


morata_de_jalon_senderismo_12
Distancia recorrida: 14,97 kilómetros

Altitud min: 386 metros, max: 526 metros
Desnivel acum. subiendo: 337 metros, bajando: 339 metros
Grado de dificultad: Fácil
Tiempo: 3 horas 26 minutos
fotos...
Un clásico. Para retomar la actividad después de la Calcenada, un pequeño paseo de 15 kilómetros, por los bellos alrededores de Morata. Quedamos los cenefos en el sitio de costumbre: el albergue a las 8.00 am. Un poco de charlica y decidimos hacer este clásico de los los muchos andarines y andarinas de este pueblo: ir a las paredes y de allí subir a Jabacín para regresar por Mularroya.
Si bien es posible ir por el camino del cementerio adelante, decidimos salir primero hacia Chodes por el camino del Barranco, que nos ha de llevar al hermoso puente de Capurnos, un puente de sillería (siglo XVII) de un único ojo que rehabilitaron recientemente y enclavado en una preciosa zona de huerta, que nos trae recuerdos de las muchas meriendas que por allá celebramos cuando “andar”, ya fuera a pie o en bicicleta, no era ni cardiosaludable, ni un deporte, ni una afición, sino simplemente lo que tocaba.
El camino hacia Chodes, ahora asfaltado, es breve y una vez llegado al pueblo, se gira a la derecha para ir hacía la cantera. Enseguida pasamos a camino que seguimos recto sin desviarnos: es el camino a las Torcas. A la derecha vamos dejando la única pared de lo que fue el castillo de Chodes. En el trayecto vamos saludando a varios grupos que han salido a hacer la ronda a las paredes aprovechando el frescor de la mañana. Enseguida se alcanza la orilla del río, y se ve majestuosa la que conocemos como Peña Agujereada, así como las bonitas paredes de roca que han dado fama a esta zona entre los amantes de la escalada. Cruzada la vía del tren (que pasa el monte a través de un túnel), abandonamos el camino para coger una senda a la izquierda que rodea el monte. La senda paralela al río, transcurre entre choperas, para llegar de nuevo a la vía del tren al otro lado del túnel. Allí cruzamos el puente con mucha precaución y seguimos unos metros paralelos a la orilla del tren, hasta ver una senda a mano derecha. De nuevo nos lleva al río entre una zona de vegetación, choperas y, curiosamente, olivares. Hay que tener cuidado porque en alguna zona se encajona y hay zarzales que dificultan el paso. El paseo es divertido y sencillo hasta llegar a una zona despejada de árboles, que coincide con la parte final del barranco que desciende de Jabacín. En la parte derecha del barranco se observa una senda (continuación de la que hemos seguido por la orilla del río) que es la que tomamos para ascender hasta la paridera de Jabacín. Conviene girarse en el camino y admirar las hermosas peñas que homenajean a nuestro río en esta zona. Incluso el Ave, al fondo, se pliega al ritual. Para los amantes de las cuevas, se deja alguna a mano derecha (inconfundible por la enorme boca de entrada).


Llegada a la paridera, hay que cruzar la autovía (hay un túnel) para retomar un camino que nos ha de llevar a Mularroya. Enseguida se adivina al fondo la zona todavía forestal y la zona ya mutilada de lo que ha sido este bello paraje. Con la jota, y la mala leche, en la garganta, bajamos para llegar a la antigua carretera a la altura de los Palacios. Allí, en lo que fue una zona de descanso, hacemos el pertinente chicken-in que debemos agradecer a Fernando: bocadillo reglamentario, algo de fruta, trago de agua, charradica y adelante. Pasados los Palacios, se observa enseguida un camino a la derecha, que inicialmente transcurre entre pinos. Este, nos ha de llevar ya a la zona de la cantera que hay a la salida de Morata. Cruzamos de nuevo la autovía, y por la carretera se sigue hasta el pueblo. Alternativamente, justo antes de la señal que anuncia Morata a 0.3 km se puede coger un camino para cruzar la carretera y bajar por el barranco hasta la Fuente y de allí al albergue. Fin de la etapa.
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lunes, 29 de junio de 2009

A Purroy

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más fotos...

A Purroy... Llevábamos varias semanas los cenefos planeando una salida no muy larga para acoger a la diseñadora de este blog. Y elegimos Purroy.

A la caminata se unía un andarín de excepción (y a fe que no defraudó), acompañado de Carmen Pili, Fernando y Alfonso. Cayó, sin embargo, nuestra diseñadora de honor. No nuestro ánimo que mantuvo Purroy como objetivo. Y allá fuimos a eso de las 8.15 con una socarrina amenazante como compañia.
Pasamos la fábrica, y el Sherpa nos anima a coger el camino previo al Palomar para tirar de camino. Sin hacer sangre, dejamos constancia del primer gatillazo a la izquierda que nos llevaba directo a la sierra. Prudentes seguimos el camino de la vaguada que nos ha de guiar a Purroy. El trote no es cochinero pero se aguanta. Poca subidita, algo de monte y Purroy a tiro. LLegando a la cicatriz del Ave, el Sherpa renuncia al puente y tiramos para arriba. Aquí, los cenefos nos quitamos el sombrero por el Sherpa (metafora, que la chicharrina nos está para bromas). Chino-chano Luis emprende la subida y la cosa se pone dura. Menos mal que se ve el puntalico cerca y se puede sostener el ánimo, ya que el aliento a duras penas. Lezcanada. Desde ese puntalico se tiene una buena panorámica de Purroy (back side). Tras una foto para honrar la salida, tiramos en busca de una sombra con la que aliviar el almuerzo. Giramos a la derecha, ya camino de Purroy, hacemos alto en un campo resguardado y reponemos. Las gallinas que entran por las que salen. Gracias Juancho por las gallinas.
Aliviados, llegamos ya a Purroy para coger luego el camino que sale de la estación y que sube al alto de Villanueva para bajar luego hacía Chodes. De nuevo, Luis tira para adelante, seguido de Juancho, seguramente estimulados por la cerveza fresca que se promete en el casino. Y allá que llegamos tras unas 3 horas y 15 minutos de andada para los aproximadamente 18 kilómetros. Cervecitas reparadoras y para casa.
Calificaciones:
Paseo en general, salvo algún pequeño desmayo de calcetinada.

Muchas gracias a todos por compatir vuestro tiempo con nosotros. Hasta la próxima.

domingo, 7 de junio de 2009

Convento de San Cristobal-Mularroya: Around the reservoir 2

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Las 8.00 era la hora. El albergue el sitio. Y Rafa el esperado (comprensible su ausencia). Casi todo en orden y según lo previsto para una jornada de homenaje a Mularroya, en la que además estrenaba ropa cenefa Fernando. Juancho y el narrador han sido los compañeros de alternativa.

Tras dejar el coche enfrente de la gasolinera, hemos salido a las 8.15 y cogido la carretera de Santa Cruz, para inmediatamente desviarnos a la izquierda y coger el camino que va paralelo al río Grio, el que se tornará Grialón en unos años, dejando la magia de los días de ranas y agua hasta los tobillos olvidados para siempre. Al pasar la paridera de la Sardilla seguimos recto y cogemos el camino de la derecha para seguir por la zona barrancosa que delimita la Sardilla. Cruzamos ya el límite con Alpartir y nos encontramos con un cruce de caminos en el que puede verse las marcas de un oleoducto. Giramos entonces a la izquierda para ir a las ruinas del convento de San Cristobal. Aquí ha habido una pequeña crisis de orientación (solo dudas) pero finalmente hemos llegado al derruido convento sobre las 10.15 h. A los pies del monte San Cristóbal se extiende esta zona ruinosa, por desgracia, en la que se aprecia una bella panorámica de lo que es terreno llano, demandante de agua y enramado de intereses. Abonado para autorizar trasvases que llamamos intracuenca para dejar todo en casa. Buen lugar de meditación para reflexionar sobre la casa de quién. Mientras tanto, bocadillo cenefo, sin vino y a la vera de la balsa del huerto, y antes de que cunda la murria llamadica a Rafa para darle su última oportunidad y salida hacia Fontellas sobre las 10.45 h. Dejamos atrás la meditación, la ruina, el expolio y las gafas de Juancho.

Monte a través, cruzamos la loma del convento para llegar al camino que lleva a Fontellas , por una zona de pinos y poca vegetación, como todo en esta zona, ruda pero bella. El camino está sembrado de madera cortada, no recogida. Yesca. Poco a poco nos vamos acercando a Mularroya y ya las máquinas se hacen presente, la tala insultante y la jota creciente. Unas fotos de inmortalidad con un paisaje que fue, cruzamos el río por donde podemos y al coche. Tocamos chufa a las12.33. Han sido 3 horas 48 min de andada y unos 18 km. Una cervecica muy rápida en el albergue para quitar el regusto a tala y a casa.

Calificaciones:
Ha habido coincidencia: paseo

Agradecimientos:
A todos los partidos que de forma unánime nos van cambiando el paisaje para que no se nos haga tan repetitivo. Hoy es jornada electoral y sabemos agradecer estas cosas.

Esta crónica está dedicada a los hijos cenefos que conocerán un pantano que no conocieron sus bisabuelos, pero que ya amenazaba el abuelo que mandaba (y mucho) a sus abuelos. Habrá otras culecas, en otros sitios, a la orilla del pantano y en Capurnos al ladico de otro río, el Jarío, con su caudal ecológico “garantizado”, y escarmentado, camino del Ebro… aquel que no trasvasamos porque aquella es otra casa.