domingo, 23 de diciembre de 2012

... Y FINAL. ¡¡LARGA VIDA AL 2013!!



… pues todavía nos movemos. Han pasado meses sin movilizarnos, sumidos en lo cotidiano y en la pereza. Hubo que tocar a rebato para congregar a los cenefos que van quedando y fijar como meta la tradicional comida final de año para que despertásemos del letargo, buscáramos las botas, cogiésemos la gris y tiráramos algunas millas más para cerrar el año Mariano.
Con este marco, se conjuraron Carlos, Miguel, Fernando, Juancho y Luis, junto Carlos II que nos ha acompañado alguna otra vez, para arrancar desde el puente del Tercer Milenio y afrontar una ruta que nos llevase hasta las afueras de Zaragoza y nos devolviese a Valdefierro. Nos falló Ángel, convaleciente de un esguince y Rafa que por aquel entonces viajaba hacia Zaragoza. Aunque ambos prometían asistir a la comida.
La caminata, salpicada de cemento, fue ante todo una excusa para hacer gana. Es sabido que hay que dejar algo lejos El Charco para que lo que se vea merezca ser contado. Así que nos fijaremos en el almuerzo, que como siempre estuvo estupendo. Allí se vació Carlos que nos regaló con un Protos que hizo más ibérico el embutido de fondo, y exaltó el queso que lo acompañaba. Sin olvidar el té de roca, o de Aragón o similar, con el que Miguel nos obsequia a poco que asome el frío.
Terminado el almuerzo, ya todo fue buscar las cervezas. Alcanzado PlaZa, la caminata se alegra con algo de verde y un sendero por el canal que mejora lo andado. Allí sin embargo, Juanjo ve peligrar su torrezno y se impone una marcha algo más rápida. Enseguida alcanzamos Valdefierro y nos vamos a reponer sales. Vermú largo al que pronto se nos suma Ángel, aunque a cambio de perder a Juanjo.
Con unas jarras encima, nos vamos a comer a El Viejo Roble ya con Rafa entre las huestes. Como siempre disfrutamos de una excelente comida, este año regada con Borsao. Revisión del año y como siempre previsión del próximo. Esta vez, no hemos comprometido etapas, sino responsables de organizarlas
CALENDARIO
Enero: Juanjo
Febrero: Fernando
Marzo: Carlos
Abril: Rafa
Mayo: Ángel
Junio: Luis
Julio: Miguel
Agosto: Juanjo
Septiembre: Fernando
Octubre: Carlos
Noviembre: Rafa
Diciembre: Ángel

Seguro que entre todos conseguiremos una buena temporada. ¡¡¡Al menos que podamos comprometer una salida al mes!!! Quedamos también para celebrar los 2000 allá por Morata, ocasión para una buena celebración y una buena andada (esta no cuenta para el de Febrero).
Y todo lo demás fue pasarlo bien, comer y regarlo con moderación, y coger fuerzas para un año duro y complicado. Esperemos que sea el último de este largo periodo negro, en el que vamos camino de hundir a toda una generación y expulsar del país a una buena parte de nuestros mejores hombres y mujeres, retomando lo más sombrío de nuestra historia. Solo desear que todos aquellos que lo han hecho posible, y nos han sumido en los años de soledad que se avecinan, no tengan nunca una segunda oportunidad ni en esta, ni en ninguna Tierra. Por lo demás, cenefos, disfrutemos con nuestras familias estos días, gocemos de mucha salud y tengamos la mayor prosperidad posible en este 2013.
Y como es Navidad, permitámonos acabar con una oración. La del monstruo Billy Preston en el homenaje a George Harrison:
Salud, compañeros. Y que andemos. Ni un paso atrás.

domingo, 26 de agosto de 2012

LA BOINA DEL MONCAYO


Se acabaron las fiestas y tocaba cumplir con la tradición de rendir honores al "pelado" que nos separa de Castilla. Subimos otros años al Moncayo desde Beratón o La Cueva y decidimos este hacer la subida clásica desde la parte aragonesa. Al final fuimos siete los que nos reunimos en la Plaza a eso de las 6.30 h para salir hacia el Santuario. Ya antes de alcanzar Vera, vimos que la mañana en el Moncayo no iba a ser tan calurosa como otros años. Después de una semana de un calor asfixiante, el día amanecía más relajado y una densa boina de niebla cubría la cima del monte pelado. Descartadas otras posibilidades, subimos hasta el aparcamiento más próximo al Santuario, nos calzamos las botas y tiramos para arriba.
La subida es animada en la primera parte entre pinares. Tanto Pelo como Fernando tiran fuerte y se les notan las ganas. Los demás vamos con prudencia salvando esta zona, a la vez que nos ponemos algo de ropa para soportar el frío que ya se empieza a sentir. Superado el arbolado entramos en la subida dura por el sendero de piedras al lado del circo de San Miguel. Algo sopla el viento y poco a poco la niebla se nos va echando encima. Ya por entonces Rafa y Luis habían perdido contacto visual (físico antes) con el resto que se adivina a lo lejos. Es una subida exigente, aunque son muchos los que, pese a la mañana, nos pasan con sus pantalones cortos, sus maripís (hermosa no palabra) o camisetas de tirantes. Uno de los que bajan avisa a los descolgados que el resto tira a la cima, aunque al poco se ve a Fernando, Pelo y Luis I cubiertos hasta las cejas y a buen resguardo esperando la llegada de los últimos. Solo Ángel y Miguel habían tirado para la cima. Reagrupados los cinco, nos abrimos paso por la densa niebla y soportamos como se puede el cierzo para llegar arriba. Un año más, objetivo cumplido. Algo que tardan un poco más en hacer Ángel y Miguel, pese a ser la avanzadilla, que decidieron explorar nuevas rutas de hollar el Pico San Miguel. La anécdota del día nos deja también una nueva frase para el refranero cenefo: “no se pierde quien va a un sitio por primera vez, sino quien repite”.
Disfrutada la frase, y un par de cigarrillos (quizá más) por parte de Ángel, nos disponemos a dar cuenta del alumuerzo en uno de los refugios de piedra que abundan en la cima. Bota Ribera del Duero, embutidos, tomates, queso con anchoas y alguna fruta. Frugal. Foto de rigor en la niebla y para abajo. La bajada es rápida y en poco tiempo nos reagrupamos al pie del circo, poco antes del sendero de la zona arbolada. Nueva foto, ahora ya con mejor tiempo (incluso empieza a picar el sol) y de nuevo para adelante. Para estirar incluso nos atrevemos a trotar un poco. No mucho porque el ortigazo de Rafa nos pone sobre aviso de que es más seguro andar por estos terrenos que arriesgar. Llegados al Santuario, pues lo normal: cervecitas y para abajo. Aun nos dio tiempo a los que quedamos de picar algo en Albergue y redondear la reposición de sales con alguna jarrita. No han sido muchos kilómetros (7.5 para algunos, 9 para otros), pero sí diferentes. No hay que perderle nunca el respeto a este monte.
Hasta la próxima, quizás la de los 2000 km, ya con las vacaciones acabadas y con la vista puesta en este nuevo curso. ¡Qué nos sea leve a todos!. Salud, compañeros.

domingo, 29 de julio de 2012

ENTRE MORATAS


Propuso no hace mucho Luis I unir Moratas, la del Jalón que nos arrebatan y la del Jiloca que le afluye. Nuestro guía tanteó primero la ruta y parecía que la distancia estaría allá por los 36 km, asumible para una mañana de verano, la del 28 de julio en la que Maldonado prometía tormenta de las buenas para el mediodía. Para evitar el sol previo y la tormenta posterior nos citamos a las 5h en la Plaza. Por unos motivos o por otros al final quedamos seis andarines dispuestos a hermanar moratas. Tras la foto de rigor en la plaza, comenzamos a andar a eso de las 5.15 h.
La primera parte, que nos iba a llevar a El Frasno la conocemos de numerosas andadas previas. El ritmo era fuerte (bastante fuerte) en estas primeras cuestas que nos van llevando a El Frasno donde llegamos con las primeras luces del día, poco antes de las 6.30 h. Paramos en la panadería a recoger algo de pan y bollería que aumente la carga de las pesadas mochilas que llevamos, y tras escarceos varios tomamos el camino del cementerio para subir a la erilla alta. Es la subida fuerte de la jornada, eso sí por un bonito paisaje. Ni que decir tiene que no hubo mucho agrupamiento en la subida, y que a algunos, como el que narra y Moncho, tanto ritmo se les atraganta. En el cruce con la senda de Aluenda, hacemos un alto, para reponer algo de fuerzas y allá nos ofrece Moncho plátanos, sin lugar a duda manipulados. No se entiende si no, como Moncho reinicia el camino a toda velocidad, al lado de los miuras, y dejando atrás al único que no se había dopado. Afortunadamente, el alto se alcanza enseguida y nos reagrupamos para tomar la pista que sale a la izquierda justo antes del cruce con la carretera.
El descenso, vestido de pinos y alegrado por la humedad de la mañana, es bastante entretenido. Guiados por Luis I, vamos poco a poco acercándonos a Sediles donde tenemos prometido un buen almuerzo. Allá llegamos sobre las 9.15 de la mañana y con más de la mitad del camino hecho. Buscado un sitio donde dar cuenta de la tortilla de patata que nos trajo Pelo, el vino de Luis I y los quesos, tomates y embutidos varios, descansamos durante un rato, a la vez que Luis I nos introduce en la sabiduría popular de Pololes. Dejamos constancia de una perla: “Pobre y tonto, que mal asunto” (si Pololes previó esta crisis y sus medidas, no lo sabemos, pero pudiera…). 
Acabado prácticamente el vino, aliviadas las mochilas y transferido el peso, de nuevo foto, reponemos agua y para adelante a eso de las 10 h. Salimos de Sediles camino de Belmonte y entramos en una zona de monte bajo, plagado de almendros, expuesto al sol que se hace más dura que la previa. Pronto vemos Belmonte, Mara y la serranía que tenemos que cruzar para llegar a la otra Morata.
Con calma, descendemos a Belmonte, donde de nuevo nos inmortalizamos. Ascendemos el pueblo y nos tiramos monte arriba. Esta parte es la más fea. Ya el sol calienta de lo suyo. La última subida se nos va atragantando y se hace dura la subida, no por lo larga, si no porque ya pesan los kilómetros. Menos mal que nos ha prometido Luis I que una vez arriba todo es bajada hasta Morata. Promesa, que una vez arriba, suspende hasta cruzar unas torres de alta tensión que vemos a lo lejos. Promesa que una vez alcanzadas las torres, alarga hasta un poco más allá… Casi perdemos la esperanza cuando vemos por fin, que el camino pica hacia abajo.  Y sí, en poco, vemos Morata de Jiloca. 
El descenso se hace animado con Bionic Man en cabeza junto a Luis I y el resto detrás. Ya por entonces vamos avisando a Javi, nuestro rescatador, que nos hace el enorme favor de venir a buscarnos con su coche. Alcanzamos por fin, la primera casa a las afueras de Morata y allí nos ofrecen agua fresca, algo que desde aquí agradecemos. Buena gente. Un empujón más y tras 36 km 200 m y después de 6 horas 37 minutos andando, alcanzamos la placa que señala el pueblo. Foto y a reponer sales, que las piscinas están cerca y huele a cervecita. Nos llama Antonio, que se ofrece a cubrir la ronda reponedora, algo que agradecemos. En breve llega Javi, terminamos cervezas, y para Morata, la de Jalón (dejamos constancia de que por carretera también hay 36 km). ¿Y lo demás?, pues una jarrita en el Casino, una ducha reponedora y una estupenda paella que nos habían preparado en el albergue. Estupendo día. Ya sabemos que hay entre Moratas: buen monte y mejor ambiente.
Hasta la próxima que parece será el Moncayo, allá por el 25 como solemos hacer todos los años. ¡Qué no sea demasiado el estropicio de Almonacid!, que no sobra monte para machacarlo.

martes, 17 de julio de 2012

SANTABARBARADA_2012


“El camino que unos hacen otros lo han de deshacer”. A deshacer el camino que nos ata al pueblo nos conjuramos poco antes de la Nochebuena de 2011. Una peregrinación desde la Plaza de El Pilar hasta la Ermita de nuestra Santa, la Bárbara de los mineros que estos días también peregrinan su indignación, y la de todos. Elegido el viernes 13 de este julio de dolores, y tras debates de ruta, nos citamos a las 21h en la Basílica. De Morata bajaron Miguel, Moncho, Pelotieso, Luis I y Boni. En Zaragoza esperábamos Miguel, Juancho, Rafa, Carlos, Fernando y Luis. El plan era sencillo: 10 andaban y Luis I dirigía el cotarro con The Bonis’ furgoneta, desde ya coche oficial cenefo. Un acierto, ya que pudimos cargar todo el agua, alimento y mochilas de apoyo para la andada de más de 60 kilómetros que nos esperaba.

Con puntualidad, a las 21h, tras la foto de rigor iniciamos el camino. La tarde era plomiza y muy calurosa, por lo que esos primeros kilómetros en el centro de Zaragoza,  a 38ºC, se hicieron pesados. Amenizados eso sí por los dichos de Boni. Dejamos constancia de una perla médica para aquellos que se animen a perder masa: “Menos plato y más zapato”. El resto se quedan en el vestuario. Con estas fuimos llegando al canal, cuyo camino tomamos para dirigirnos hasta Plaza donde Luis I había fijado el primer avituallamiento. En esta zona, con la noche ya cayendo, se alivió la asfixia y comenzamos a respirar un poco. Seguir la autovía y colocarnos los frontales nos enfrentó con lo que nos esperaba: una larga noche. 

La llegada a Plaza y la visión de la frago, fue la primera alegría. Allí nos esperaba Luis I que ya había inspeccionado parte del tramo siguiente, amén de enfriar la bebida y preparar el avituallamiento. Llegamos con ansia y dimos buena cuenta del agua, fruta y alguna barrita que otra. Repuestos, el siguiente objetivo era Centrovía, antes de alcanzar La Muela. Esta zona fue más dura de lo previsto por el asfalto, y algunos, como el narrador, estaba deseando llegar para cambiar neumáticos. También Carlos iba ya algo preocupado con una rozadura que amenazaba el talón. Allí asumimos que se iba a ir por el lado derecho de la carretera, intentado acortar algo el trayecto desde La Muela hasta El Sabinar. Ya por entonces Luis I nos había contado de los recelos que levantaba su deambular en The Bonis’ frago.

Retomado el camino, comenzamos a ascender hasta La Muela. Había que coger un camino que nos llevaba hasta las antenas y ahí comenzaron las primeras dudas. No estaba claro el camino y ya comenzamos a acordarnos de la ruta de Fernando. Menos mal que Boni exploró hasta dar con algo similar a una senda, que nos debería llevar a las antenas. Corta pero intensa. Fue la primera sudada de la noche. Llegado allí, Luis I nos citó en “el secadero de jamón”; sin más detalles. En el camino encontramos nuestra frago y al poco a Luis I que había ido a nuestro encuentro por un camino diferente. En este punto, ya Carlos estaba bastante apurado con la ampolla y le convencimos para que se subiera a la Furgoneta. Tras ciertas dudas, decidimos por fin buscar acomodo para cenar entre la Plaza de Toros y el Auditorio de La Muela. Lugar perfecto para fechas como estas, en las que recordamos que se hizo y lamentamos que nos harán. Con vítores a Mariví, desplegamos embutidos, tomate, embutidos, quesos y el vino Ribera del Duero, versión bota, que prometió Luis I. Como no podía ser de otra manera la cena fue animada. Se notaba, y bastante, que estábamos allí y nos sorprendíamos de que todavía no hubiera acudido autoridad alguna a mirar. Buena la cena, bueno el vino, bueno el postre. Luis I, que no podía andar, se desquitó con una buena dosis de bota y pasó el testigo de piloto a Carlos, al que hubo que curar el ampollón que llevaba. Tras una foto de rigor, comenzamos a andar. Antes damos cuenta del cambio de zapatillas de Rafa, que se calzó el ya famoso modelo Nike Gordito, recomendadas para corredores que atropellen la gravedad. Constatamos que Miguel también las calza (fue voluntaria la confesión). 
A la salida del parque, por fin, vino la autoridad que presumimos. Allí coincidimos, autoridad, The Bonis’ Team con la fragoneta y nosotros. Esquivada la frago, la autoridad siguió su camino. También nosotros. Dejada atrás La Muela, nos adentramos en el mar de molinos por la antigua carretera, para descender hacia El Sabinar. Es posiblemente el trayecto más duro. Sea por la noche, sea por el asfalto, sea por las molestias que ya afloran, algunos, como el narrador, comienzan a flojear. Menos mal que The Bonis’ Team nos cuidaba bien y se paró a repasar los pies, que buena falta hacía. Con lo parches puestos, se retoma el camino paralelo a la autovía hacia la siguiente parada en El Navarro, justo cuando ya comenzaba a clarear. En esta zona Luis I nos abre la puerta de servicio y de paso nos evita un buen rodeo. Es momento de recuperar algo de fuerzas, y optamos por tomar algún café, cola-cao o similar.
Al salir nos encontramos con el día. Podemos por fin, recoger frontales y chalecos reflectantes y con un ánimo algo renovado emprendemos el camino hacia La Almunia, esta vez por la parte izquierda de la carretera. De nuevo nos enfrentamos a interminables rectas, con alguno en estado de somnolencia. En este camino paralelo a la autovía, como al principio de la noche, hay más de un camión que nos saluda, no sabemos si confundiéndonos con mineros despistados o por romper el aburrimiento de su viaje. Tras una nueva parada en una gasolinera, para tomar agua y un café en el caso de Juancho (el sonámbulo), comenzamos el tramo hasta La Almunia.
Esta parte del camino es un debate continuo de cómo ir de La Almunia a Morata. Previsto estaba, pero está claro que esta ruta surge del consenso en el camino. Para más inri, Luis I, que siempre tiene algo que decir, se inhibe en la discusión: el que anda, decide. Es su teoría. Lo malo es que andarines había nueve y posibles rutas, tres. Momentos de confusión, aderezados con secantes en Zufrisa, que al menos nos hacen llevadera esta recta. Sin decisión tomada llegamos a La Almunia cuando ya el sol empezaba a caldear. Había poca gana de almorzar, visto que se nos iba a echar encima la solana, así que la parada fue fugaz. Lo único claro es que íbamos a tomar el camino hacia el alto de La Perdiz y en el área de descanso se decidiría si se sube o se va por el río… aunque todo parecía indicar lo obvio: se subiría La Perdiz.
Llegados al área de descanso de la antigua nacional, lo único que ya faltaba por decidir es la técnica de subida. El debate fue corto y se optó por la técnica MEU. Con esas nos abrimos hacia arriba en desbandada. Lo cierto es que la subida fue más sencilla de lo previsto y que no se hizo nada pesado. 
Pero se sudó. El alto nos permite ya vislumbrar Morata y el objetivo cercano. Tocaba bajar y con esto no se había contado. Mucho peor que subir. Para entonces cada piedra era un alfiler y alguna senda se atragantó a más de uno que iba justo de neumáticos. Con paciencia, descendemos a Jabacín y saltamos al camino que sube del Valle de los Fósiles a la Perdiz. La senda que conecta ambas zonas se hace interminable, pero una vez reagrupados en el camino, y con la frago esperándonos al fondo, tenemos claro que ya habíamos llegado. 
Bajamos, nos reagrupamos con Carlos y emprendemos el último tramo. Para entonces, ya se había llamado al Albergue para que nos preparase alguna bebida isotónica de La Zaragozana. Ver el pueblo y Santa Bárbara al fondo fue una nueva alegría. El objetivo se había conseguido. Con la alegría en el cuerpo llegamos al Albergue a reponer sales. Varias jarras después, nos motivamos para subir a Santa Bárbara… y así poco antes de las 12h, después de algo más de 65 km, más de 80000 pasos y 13 horas de andada llegamos a la érmita de la patrona de nuestro pueblo. Y allí estábamos todos, cenefos, PCs, The Bonis’ Team, la frago y el pueblo. En paz con nosotros mismos, con hambre y sueño. 
Para acabar, tocaba ducha y reunión de nuevo para dar cuenta en el Albergue de un rancho reparador que nos había preparado. Hubo de todo: cerveza, vinito, buena comida, algunas canciones y casi hasta firmas de camisetas. Hasta Juancho, cuando se despertó, puso himno a la andada. Eso sí, solo es aplicable una estrofa: No podemos caminar con hambre bajo el sol.
Rematamos el día en el Zepelín con copichuelas varias, cantos regionales y desbandada general. Fue una bonita experiencia que caso de repetir esperemos podamos hacerla con algunos ausentes, sea por compromisos, sea por operaciones inoportunas, sea por caídas… La Santabarbarada 2012 es historia. Gracias a Luis I y Carlos que sin ellos esto hubiera sido mucho más difícil, a Boni y su invalorable frago, a Juancho y Miguel por la organización, a Fernando por preocuparse en preparar rutas y a Lourdes por su rancho. Y a todos los que han compartido el camino. Una vez más se ha demostrado que andando solo se va rápido, pero en compañía se va más lejos.










sábado, 23 de junio de 2012

Sendantonio 2012

Un año más, nuestros compañeros de Nigúella nos invitaron a su peculiar celebración de la festividad de San Antonio. Santo otrora venerado y festejado pero durante muchos años dejado en el olvido en pos de los titulares: San Vicente y San Lorenzo.
Es el segundo año que se revive la fiesta y de nuevo uno de los actos principales del día fue una andada por los alrededores del pueblo. Un paseo matutino de unos 10km, casi un aperitivo para los que están acostumbrados a andar pero un paseo largo para los que no.
Como la ruta no nos llevaría más de dos horas y media, decidimos apurar el sueño y quedamos citados a las 9 de la mañana en la plaza. Allí, con otros amigos de la localidad, los Cenefos: Juanjo, Ana, Carlos, un "resucitado" Manuel Ángel y Miguel; ultimaban los preparativos antes de la salida.
Con puntualidad británica, el nutrido grupo salía presto por las calles de la localidad para afrontar el único tramo dificultoso de la jornada. Una subida casi monte a través por un sendero frecuentado por ganados ovinos nos conduce rápidamente a una zona de mayor altitud desde donde las vistas del Moncayo son espectaculares.
Con eso de estar pateando caminos de ovejas, algún cenefo se cebo con el famoso dicho: "Las Ovejas no hacen cimbeladas" (ver crónica cenefa de la salida por Belchite).
Ahora si, en un monte a través completo, alcanzamos el camino que nos conduce al balsete, pero justo antes de alcanzarlo, otro monte a través nos mete de lleno en la zona denominada "Pizaiza".
Tomamos aquí un barranco que muy encañonado desciende rápidamente hasta la carretera, este es el barranco de La Iglesia. Un barranco al más típico estilo farwest sustituyendo los cactus por retamas, romeros y aliagas.
Final de un barranco y comienzo de otro, hoy hacemos barranquismo. Descendemos ahora el barranco de Ricla, que va hacia Arándiga, que contradicción. A la izquierda y encaramados en la peña Nigúella, unos sorprendidos buitres observan estupefactos la inusual procesión que cruza a toda velocidad por estos lares.
El barranco nos conduce a un puente carretero el cual cruzamos para alcanzar la ribera del rio Isuela, el cual vadeamos por una zona seca próxima a un añejo azud de derivación.
Ya en la margen derecha del Isuela, un suave y agradecido camino nos guia entre huertas y frutales, y de estos últimos algunos dan buena cuenta. Las encarnadas cerezas y los maduros domasquinos hacen picar a más de uno, y a estas horas saben de rechupete.
Poco más antes de llegar al parque del molino de Nigúella el refrescón que la fuente del lavadero que nos regala el frescor de las higueras con las que vive hermanada.
Llegada al parque y finalizado el breve chicken out comienza el copioso chicken in. Las brasas dan buena cuenta de numerosas piezas de paceta y longaniza que pedían piedad antes de ser engullidas por los agotados anadarines.
Por otro lado el calor suplió la falta de kilómetros en cuanto a lo que a sed se refiere y cantidades importantes de cerveza se deslizaban por las secas gargantas del personal.
Como si de un ejercito perfectamente disciplinado se tratase, mientras unos preparaban la música, otros preparaban un rancho y uno terceros dos paellas espectaculares. Todo para dar gusto a más de 80 comensales que allí se reunieron para celebrar a su manera la festividad de San Antonio. Algunos cenefos, como no puede ser de otra manera, les acompañamos y disfrutamos con ellos de este magnífico día con tan buen gusto preparado.
Finalizada la comida, todos a bailar y a disfrutar de las gracias de uno y de otro, en especial la ceremonia de boda que el "Padre Guancho" ofició con solemne tono de voz y discurso. Amén.
La fiesta continuó en la plaza del pueblo, según me contaron, hasta las seis de la mañana o así, apurando la disco-móvil que con esfuerzo han ido montando para el disfrute de todos
Gracias a nuestros amigos de Nigüella por la invitación y os animamos a que sigáis celebrando este tipo de actos haciendo gala de hospitalidad y generosidad sin par, vamos que nos apuntamos para el año que viene.

sábado, 16 de junio de 2012

EL TOZAL Domingo 10 de junio de 2012: Santa Cilia-Tozal-Santa Cilia Kilómetros: 22 aproximadamente (consultar track) Estaba fijado el Tozal como una de las andadas cenefas de este año. Ya se tuvo que posponer y parecía que, por la natural pereza cenefa, iba a quedarse de nuevo en la lista. Sabido es que cuando llega el verano, la actividad se dispara, pero se concentra en el espacio. Y Guara está fuera de los límites. Ya antes de empezar habían caído algunos. Nuestro jubilado de honor nos falló por su mala cabeza, y al final quedamos cuatro para la andada: Fernando, Miguel, Rafa y Luis. Partimos hacia Huesca a eso de las 6h. No habíamos fijado claramente la ruta: Santa Cilia, Used, Nocito… varias posibilidades. Aunque nos habían desaconsejado Santa Cilia para esta época del año, lo cierto es que no hacía calor y nos sobraba tiempo. Así que decidimos ahorrar carretera a la vista de que el tiempo acompañaba. A eso de las 7.30, ya habíamos comprado pan, llegado a destino, puesto las botas, calentado, hecho la foto de rigor… e iniciada la marcha. Lo que tiene esta andada es que no engaña. Hay que subir unos 1300 metros y luego hay que bajarlos. O sea que al principio, todo empinado. La subida es tendida, suave y llevadera, y permite calentar motores con cierta tranquilidad. En las primeras rampas coincidimos con varias parejas y grupos diversos que descienden del Tozal, después de subir de madrugada y pasar noche por allá arriba. Como no teníamos claro dónde paraba el Tozal (todos neófitos en la zona, aunque el sendero está bien marcado y no hay pérdida), ya nos advierten de que queda tramo… Así que nos lo tomamos con tranquilidad. Tras una primera zona con menos vegetación, tomamos pronto un sendero pedregoso más empinado donde ya abunda más color verde. Aquí empiezan las primeras cuestas de verdad y donde se empiezan a vencer desniveles más acusados. En todo caso, el esfuerzo todavía no es demasiado exigente. Abajo ya nos queda la imagen de la hoya de Huesca, y se empieza a notar la altura. Si sumamos nubes amenazantes que ocultaban cualquier rayo de sol, el día está bueno para andar e incluso se siente algo de fresco. La primera ascensión acaba en una pradera, donde pasta tranquilamente un grupo de ovejas a los pies de un espectacular nevero. Frente a esa zona, tenemos el Tozal. Seguimos sin tener claro cuál de los tres picos es… por la distancia que nos queda y la altura, parece claro que el tercero y más lejano es la meta. A estas alturas Miguel ya tenía algunas molestias que le impedían ir a ritmo alto, así que lo mejor era tomárselo con tranquilidad y cada uno a su ritmo para llegar arriba. Ahora sí que las cuestas son más exigentes. Hay que subir un primer pico, y a partir de él, crestear para subir arriba. Conforme nos vamos acercando, empezamos a escuchar gritos y a distinguir actividad en el Tozal. A lo lejos, nos parece que hay gente bajando despavorida de la cima, aunque se desvía a la izquierda para continuar un alocado descenso. De algo debían huir, pero la distancia nos daba pocas pistas del motivo. A la vista de que el flujo iba en aumento, empezamos a deducir que se podría tratar de una carrera. Obvio es que al cenefo que le cuesta lo suyo subir al Tozal, no le cabe en la cabeza que haya quienes lo suban a la carrera y lo bajen a la desesperada. En todo caso, a los pies de la última subida se confirma que se está celebrando la Subida al Tozal desde Nocito. Incluso, si hubiéramos apurado el paso, se hubiera coincidido con un experto en estas aventuras y hermano de nuestro cenefo in pectore por excelencia. Parece que quedó segundo. Lo animado de la carrera nos permite hacer un último ascenso mucho más tranquilo y entretenido. Poco más de 4 h, después de salir hacemos chufa en el Tozal. Allí nos reagrupamos todos y disfrutamos de las vistas. Eso sí, el prometido almuerzo en la sola compañía del monte no pudo ser. En todo caso, había sitio para todos y disfrutamos como siempre de un abundante e intenso almuerzo. Dejamos aquí constancia de que la bota, pierde (la de vino). Una vez repuestos, tocaba bajar. El descenso es largo y más aburrido porque descendemos por la misma zona. También hay que tomárselo con tranquilidad porque pesan las piernas y el terreno no es propicio para acelerar demasiado el paso. Con todo, sobre las 15.30 llegamos de nuevo al coche. Fernando, que se había adelantado en el último tramo para hacerlo corriendo, nos estaba esperando. Nos felicitamos, estiramos un poco, y para casa… Esta vez no tuvimos éxito en la parada para las cervecitas, así que con el reseco llegamos a casa. Ración doble la próxima. En la andada comentamos el viernes día 6 de julio como el más adecuado para la andada Pilar-Ermita Santa Bárbara. Fernando ya ha visto la ruta hasta La Muela. Todas sugerencias serán bienvenidas.