viernes, 15 de noviembre de 2013

SIN ASFALTO... SIN REBLAR


FICHA TECNICA
 Fecha:   09/11/2013 
 Distancia:   45 km  
 Dificultad:  Difícil 
 Tiempo Invertido:   9 horas andando


Tiene la Peña Ciclista la sana costumbre de preparar la hibernada con unas convivencias en Calcena o aledaños. Y fue elegido el pasado sábado 9 de noviembre como fecha de acampada, no en Calcena, cuyo albergue al parecer estaba a reventar, sino Purujosa. Precioso pueblo con el que se despide Aragón al Oeste, antes de atropellarse por Soria. La cosa consiste en que los de la bici salen de Morata y pedalean toda la mañana, y algo de tarde, hasta destino, mientras que los senderistas salen un poco más allá, en este caso Illueca, para llegar cuando se agota el día. El plan sonaba maravilloso, así que nos juntamos en la Plaza Mayor del pueblo, los Pacos, Juancho, Luis y la bota. Falló por imprevistos de última hora Luis I.

El día estaba algo fresco, pero bueno para andar, e iniciamos la ruta en el camino que lleva a la Cabrera, poco más allá de la gasolinera antes de abandonar Illueca hacia Gotor. Había que tomárselo con calma que la andada era larga. Y así lo hicimos. El principio ya lo conocemos de otras veces: ascensión por pista hacia la Sierra y se toma una bonita senda hasta la caseta donde hacemos el primer descanso del día. Ya para entonces habíamos empezado a arreglar la educación y el mundo. Aún no había entrado en juego la regla de tres, pero poco faltaba. Aprovechamos, eso sí para reivindicarla.
Repuesto el primer aliento apurado de la mañana, nos desviamos a la derecha sobre cota 1000 para seguir por la Sierra hacia el término de Jarque. La consigna era descansar y comer algo a las dos horas de marcha, y eso anima a cualquiera. En ese camino ya empieza Paco A. a encontrar rebollones, que para más de uno, debía haber esparcido el día de antes, porque era imposible tanta agudeza visual. Aprendimos, de paso, un silogismo de fácil memorización: no pinos, no rebollones. Dicho queda. En una zona de poco viento y algo de sol, decidimos detenernos para el primer homenaje del día: el almuerzo. La tortilla de Paco B. (bueno, de Pili), exquisita, queso con anchoas, algo de embutido, sardinas, etc. etc. Y comentarios varios sobre naranjas y exquisiteces sobre formas de pelarla, algo más abundantes conforme ganaba terreno el pellejo de la bota. Con unas mandarinas de postre, tiramos para la fuente de Valdeleño, eso sí, con Oseja siempre testigo de nuestra andada.
Es ya esta zona, plena de pinos, algo más dura por lo malo del día.
Bastante aire, aunque afortunadamente no demasiado frío, lo que nos hace concentrarnos en llevar un ritmo vivo. En la fuente un pequeño trago helado, foto y para adelante. Es un bonito terreno en el que se oyen especies autóctonas como el cuervo de los pinos, o podemos ver de vez en cuando variedades de la seta del corcho, que tampoco es comestible (bueno, comestibles todas son, al menos una vez). También se aprecian setas curiosas (las hubo de todos los tipos) y de considerable tamaño, al parecer exquisitas (ojo, solo de grandes). Con este panorama fúngico, llegamos cerca de la ermita de la Virgen de la Sierra, donde diversificamos caminos, para no forzar las rodillas de Paco B. Los más, seguimos el alcorce (como buenamente pudimos, la verdad) que nos marca Paco A. Con el camino ahorrado llegamos a una senda que nos ha de conducir a Aranda (ya se distingue desde allí el embalse de Maidevera). Hermoso paraje entre encinas y pinos, donde de nuevo vimos gran cantidad de setas. Una senda que merece la pena disfrutar; totalmente recomendable.
Al final de la misma, nos esperaba ya Paco B. para tomar la pista todos juntos e ir al Gorro, donde esperaban los ciclistas. Es un rápido descenso, incentivado por la jarra y los torreznos que se avecinan. Unas risas, saludos a Javi Clemente que se une, botella de vino incluida, a la expedición, un par de fotos de grupo y de nuevo camino para ir a una ermita cerca del embalse de Maidevera donde se había decidido comer. Y allí fuimos los cinco.
De nuevo algo de alcorce hubo. Sobre las 14 h aterrizamos allí, y desplegamos de nuevo toda la artillería: una fenomenal ensalada de tomate y cebolla, tortillas varias, queso (cosecha Luis I), embutidos, boquerones…. Todo era bueno para tanta gana. Con la tripa llena, cuesta quitarse la pereza, pero antes de que se enquiste, revisamos botas y tiramos para adelante. Ya se distingue a lo lejos la sierra que separa Aranda de la zona de Calcena. Cuando comenzamos a ascender nos adelantan los ciclistas. Ya en esta zona se hicieron dos grupos: Paco B y Luis quedaron algo más rezagados de los demás, con Paco A. con ganas de tirar de boina (negra, of course). La subida es larga y algo pronunciada, y según cuenta algún senderista de los que iba en cabeza, llegaron a coger (o casi) a los ciclistas. El cronista no da fe. Sí de los corzos, rapaces y hermosas vistas que se distinguen, así como del cierzo que soplaba. Alcanzado el collado cerca de El Marojal, nos tiramos a la izquierda para meternos en una zona de pinos; reserva de los cestasvacías, que abundaban, y mucho, a esas horas de la tarde.
Poco a poco ya se vislumbra Calcena y nos acercamos al pueblo de Purujosa, y la famosa antena que lo corona, aunque también se precipitaba el atardecer. Entre rebollones, pies azules, y algo de cachondeo, vamos llegando a un cruce que identificamos como el que utilizan en la Calcenada de otoño para servir algo de caldo a los andarines. Allí, según las indicaciones que le habían dado a Paco A. nos fuimos a la izquierda. Parecía que quedaba poco, y el GPS marcaba que Purujosa no estaba más allá de 3 km, pero en línea recta. La referencia de la antena la hemos dejado de ver, y en poco, dejamos de ver ya nada. Incluso el GPS, que se había cascado. Aunque parecía que se habían seguido bien las indicaciones para no pisar el asfalto, y evitar la carretera, empezaron las dudas de cuánto queda. Poco a poco, vamos ascendiendo y retomamos un GR, que al menos nos da seguridad de que llevaría a alguna parte. Claro que para entonces ya hacía mucho que había atardecido. Teníamos claro que no estaba muy lejos Purujosa, y que íbamos bien, siempre cerca de la línea eléctrica, pero no teníamos referencia de cuánto quedaba. Afortunadamente, el GPS volvió a la vida y en el mapa pudimos ver el camino que nos acercaba a Purujosa. Era cuestión de seguir recto, girar a la derecha… y allí estaba. En medio del monte, con todo su esplendor. Conseguido… 45 km. Algo más de 11 horas después de comenzar la marcha, llegamos a destino. Una buena andada. Sí señor. Y para reconocimiento de los guías y de Paco A. el camino que tomamos, bien indicado, no era más largo que el oficial por la carretera (en todo caso algo más, pero como mucho un kilómetro), y visto sobre el Mapsource, no tiene pérdida. Quizás de noche, no esté tan claro.

Llegados a destino, tomamos unas cervezas rápidas y nos fuimos con las lactarius deliciosus, camino de Zaragoza, en el coche que Paco B. había, gentilmente, dejado preparado el día anterior. Allá dejamos a los ciclistas, a Paco A. y Javi, disfrutando de la fiesta… Otra vez será, pero fue un día maravilloso, una andada estupenda y para recordar. Un placer.

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Fotos de la salida

jueves, 7 de noviembre de 2013

No sé si os lo he dicho... pero estoy tremendamente feliz


FICHA TECNICA
 Fecha:   27/10/2013 
 Distancia:   19.3 km  
 Dificultad:   Fácil 
 Tiempo Invertido:   4h10m (andando) 



Nota previa: Esta crónica la escribió y remitió Rafa el día después de la andada como prometió. Este uploader pide disculpas por su dejadez y atocinamiento.


Después de muchos whatsapps y de conseguir cerrar día y hora de salida, por fin los Cenefos se juntan para celebrar los 2.000 km andados, tal como acordamos en aquella comida de las Navidades de 2.012. Han pasado ya más de 10 meses y creo que ya tenemos en las piernas algunos km de más, pero la mañana del pasado domingo 27 de octubre fue ideal para la celebración. La temperatura, fresca durante casi toda la jornada; el viento leve, ya que sólo nos pegó cuando cresteamos hacia la cima, y el sol, moderado para no agobiarnos, hizo que la caminata fuera más agradable de lo habitual. Tras quedar todos a las 07:30 en el consultorio médico ( por cierto, a ver si nos hacemos europeos y adoptamos el horario que nos toca, o sea el de Londres, ya que esa noche más de uno se despertó una hora antes para no hacer tarde), y tras los saludos pertinentes y revisión de la logística, partimos hacia Jabacín. Fernando, aún convaleciente de su rodilla, se quedó un rato más en el pueblo mientras el resto dábamos la vuelta  por el futuro pantano, con el compromiso de juntarnos en la subida por la “umbría de laila” (suena a canción de Tom Jones…) hacia el pico de la Sierra. Así que nada más empezar, “pechadica” y sudada hasta coronar Jabacín. Ya en esta primera subida se van haciendo grupos de cháchara según niveles de fondo. Así Luis I, Wancho y Boni se van para arriba rápido y Miguel Ángel, Luis O. y yo les vamos cubriendo la retaguardia. Pasamos por debajo de la autovía y nos encaminamos, no sin miedo ya que a lo lejos se oían más disparos que en Sarajevo, hacia la zona del pantano. Nos cruzamos con varios cazadores con sus respectivos perros y procuramos ir juntos para que a nadie le dé por dispararnos (desde lejos, todos abultamos como un elefante y no creo que a nadie le de por disparar al bulto ). Luis I nos guía (esta vez bien, aunque cómo siempre refleja en acta que hemos vuelto a cambiar de itinerario varias veces ). Pasamos por el camino al lado de lo que antiguamente fue el pinar de Mularroya. ¡Qué pena! Un sumidero, o sobradero, más grande que “pa qué” se alza en medio de la nada (ya que actualmente está todo parado ) dando una sensación de prisión futurista abandonada. La terrible herida que han hecho en el parque nos muestra con crudeza cuan egoístas, salvajes y especuladores nos volvemos a veces los humanos. Bueno, en fin, que es un día de celebraciones. Continuamos ya por el valle, cruzamos de nuevo la carretera por debajo y, de nuevo, “pechada gorda”. La umbría de laila se empina por momentos, pero todos a nuestro ritmo conseguimos coronarla para encontrarnos con Paco Aznar y su perrico en el cruce de caminos. Más cháchara y ya afrontamos los últimos 250 metros de desnivel cresteando. Por momentos la sierra nos engaña (a mi dos veces: creía que ya había llegado y aparecía a lo lejos una loma más alta ).
¡ Cima!. El Pico la Sierra. Qué sensación más agradable. Un día magnífico. Una cuadrilla de compañeros entrañable. Y una sorpresa: el destino quiso que encontráramos allí una cruz para celebrar nuestros primeros 2.000 km por esos senderos de Dios. Así que aprovechamos para atar una medida de la virgen del Pilar con los colores de la tierra en una especie de letra (“C”) que estaba en mitad del palo más largo. Luego, el almuerzo de los campeones. Vino, queso -magnífico el que nos ofrece siempre Luis I-, anchoas, longaniceta ( jó-dó, que buena estaba ), pan del “pelos” recién hecho, chorizo y más vino. Tras tener de nuevo el debate de cómo tratar mejor las botas de vino – en este viaje hemos subido dos – y del calibre óptimo del pitorro, tiramos para abajo, más rápido que deprisa ahora que Wancho ha aprendido a descender, y llegamos al pueblo a eso de la una.
Casino. Vermú torero. Albergue. No vemos a las 80 escaladoras que iban a compartir con nosotros la comida. Cervezas. Alegría (no sé si os he dicho que ese día estaba tremendamente feliz ). Torreznos. Patatas. Vídeo del Garmo Negro (de nuevo, emocionado). Ensaladas. Croquetas. Sepia….. Más vino. Chupitos. Compromiso de comprar nuevas camisetas con dos estrellas bordadas para recordar el acontecimiento. Debate de colores (gris y amarillo o naranja ). Debate de empadronamientos (disculpa, Luis I, si se me fue la mano, ya me conoces). Más felicidad. Abrazos y compromiso de volver a juntarnos a comer en Navidad para preparar los nuevos retos del año 2.014. En lo que se refiere a éste, hemos cumplido casi con creces. Nos quedan las andadas de Noviembre y Diciembre. Y la Alberca en Movera.
Ha sido un placer compartir estos kilómetros con vosotros. Y espero que haya muchos más.
Por último: ¿os he dicho que estoy tremendamente feliz?. Pues eso.
Aupa Cenefos. Nos vemos en los caminos.


Fotos de la salida

lunes, 7 de octubre de 2013

EL TOUR DEL MONT BLANC con ZUBELDIA


De muchas formas por lo que hemos observado se hace el Tour del Mont Blanc, andando, corriendo, bicicleta, etc., y a la hora de pernoctar, unos con tiendas de campaña, otros en refugios o en hoteles y otros como en nuestro caso en auto caravana, siendo trasladado el material en las espaldas o con furgonetas de un lado para otro, y donde no llega un vehículo como podéis observar, con mulas.  

Decidimos realizarlo con auto caravana (Zubeldia) pero para consumar este sistema fue gracias al gran trabajo de Carlos, a su entrega a la hora de planificarlo con Ernesto, y a su conducción de los 2883 Km metidos entre pecho y espalda, así como a buscarnos en los finales de recorridos, la logística y planificación de la alimentación.

El 6 de septiembre, tras recoger los últimos pertrechos, cargar la furgo y el consiguiente almuerzo; a las 14 h “pues siempre hay quien trabaja” nos ponemos en marcha.

Salimos de Zaragoza con Zubeldia bien cargada, 50 litros de vino cosecha propia de Charly, denominación de La Cañada (Avila), un jamón, chorizos, fuet, judías, macarrones, tomates, sandia, melón e infinidad de toda clase de alimentos y como no, con la BOTA de vino, rumbo de Les Houches. Con alguna parada para repostar, llegamos a las 22 h a Nimes acumulando 754 km., ahí cenamos y a dormir.

A la mañana siguiente salimos pitando; tras un almuerzo en ruta, a las 14,30 h, y después de los 1150 km, llegamos a Les Houches con un mono de andar impresionante. Para estirar los músculos iniciamos la primera etapa desde Les Houches a Bionnay, con un recorrido de 10,90 Km y un desnivel de 693 metros, subiendo el Col de Voza.


Mientras, Carlos con “Zubeldia” empieza a tener algún que otro tropiezo pues estaba previsto pernoctar en el refugio de Bionnasay, pero una carretera muy estrecha y con mucha pendiente impide el avance con la furgo. Por este motivo hubo que acortar la etapa motorizada y alargar la de marcha, instalándonos en el Camping, muy cómodo, de Les Domes de Miage. Esta misma tarde tuvo lugar el polémico rescate del Supercampeón español Kilian Jorjet y de la sueca Emelie Forsberg de la Aguja du Midi (en el Espolón Frendo).
www.rescatekilianjornet.es 

Al día siguiente la etapa que teníamos programada desde Bionnassay a Notre Dame de la Gorge la tuvimos que suspender por la meteorología, ya que para no visionar los paisajes no merecía la pena y por tal motivo aprovechamos el día para visitar St. Gervais les Bains.  El pueblo merece la pena, el café en la Brasserie du Mont Blanc muy bien y el primer contacto con las boulangeries y sus tartas, sin palabras. Después fuimos a Les Contamines-Montjoie, almorzamos en la furgo y visita al pueblo: domingo a las 14,30 h “no había nadie” y en el único bar que encontramos abierto, a mitad del café nos dijeron que cerraban.  Se nos quedó un cuerpo que tuvimos que ir directos al santuario de Notre  Dame de Gorge.


La segunda etapa, salida a las 7,45 h, transcurrió desde Notre Dame La Gorge-Les Chapieux, con 15,640 km y un desnivel de 1373 metros. Esta etapa transcurre por el paso de Francia a Italia ascendiendo el Col de Bonhomme que servía de paso de contrabando y anteriormente de todos los ejércitos de sardos, italianos, españoles etc. La furgo sale una hora más tarde para hacer los 125 km y llegar a la Vallée des Chapieux  por los pueblos de Megeve, Albertville y Bourg-St-Maurice que merecen una visita… pero otro día, con más tiempo. En Chapieux esperábamos un pueblo pero se resume en un albergue con la cerveza muy cara, una tienda de pan y queso “extraordinario el de cabra” y una zona de acampada con unas vistas espectaculares.


La tercera etapa, salida a las 8 h, transcurrió desde Les Chapieux-Notre Dame de Guerisson, con 29,050 km y un desnivel de 1617 metros, ascendiendo al Col de la Seigne y a L’Arp Vielle superior Arista M. Fauvre.  La furgo tiene por delante unos 90 km pero con un paisaje para ir babeando como los caracoles, volvemos a Bourg-St.-Maurice y desde ahí pasando por el espectacular Col du Petit St. Bernard (2.189 m) llegando a Courmayeur para tomar la Val Veny donde al principio se encuentra Notre Dame de Guerisson (vaya iglesia más hortera). Una vez reagrupados nos instalamos en el camping Aiguille Noire donde empieza el baile de los “jettons”, la lavadora y la secadora.


La cuarta etapa transcurrió desde Courmayeur-La Vachay, con 19 km y un desnivel de 1473 metros, ascendiendo al Mont de la Sase, Testa Bernarda, Col Sapin, Pas entre Deux Sauts.  Como la etapa motorizada era fácil y corta aprovechamos la salida desde el centro de Courmayeur para visitarla, coincidiendo con la llegada de la Tor des Geants: un paseo de 330 km. con un desnivel de 24.000 m que el ganador hizo en 70 h 4 m 15 s. Como dijo el maestro “hay gente pa tó”.  Pernoctamos en el camping Grandes Jorasses.


La quinta etapa transcurrió desde Chalet de Val Ferret-La Fouly, con 15,50 km y un desnivel de 809 metros, ascendiendo al Col de Grand Ferret que es el paso de  Italia a Suiza. En este caso algunos senderista realizaban el traslado del equipaje con mulas.  Aquí Carlos y la furgo tenía por delante una buena etapa de unos 150 km. ya que pasando por Aosta cruzaron la frontera suiza por el espectacular Col du Grand St. Bernard (2.473 m) utilizado desde la época romana, siguiendo hasta Orsiéres para volver remontando el Val de Ferret en su vertiente suiza hasta La Fouly donde tras recoger a los caminantes llegamos a Champex-lac para instalarnos en el camping Les Rocailles. (Joder que caros son estos suizos “ojo al cambio”)


La sexta etapa transcurrió desde Champex-Lac-Le Peuty, con Km. 14,60 y un desnivel de 1229 metros, siendo este recorrido el más dificultoso por el terreno de alta montaña debido a la cantidad de rocas y añadido por la nieve helada. Ascendimos al paso del Col de la Fenêtre de Arpette, donde conocimos a Pilar una gerundense que también estaba haciendo el TMB que llevaba una mochila entre pecho y espalda de 14 Kg. Al iniciar la bajada lo primero que en voz alta soltamos la frase de Rafa cuando subimos al Garmo “esto no es lo hablado”. La etapa motorizada era fácil por tanto se salió sin prisa, aprovisionando de algunos víveres y tomando un café en Martigny, para desde ahí ascender por unos viñedos muy singulares hasta el Col de la Forclaz (1.526 m) a la bajada se toma un desvío que lleva a Le Peuty, donde hay una zona de acampada perfectamente equipada y que a las 19 h viene la Madame a cobrar.  (En Italia y Suiza está prohibido acampar fuera de las zonas indicadas por debajo de los 2000 m. cosa que no ocurre en Francia).


La séptima etapa transcurrió desde Le Peuty-Trelechamp, con Km. 13,78 y un desnivel de 953, ascendiendo el Col de Balme, como fue una etapa más corta decidimos que el almuerzo fuera con el compañero Carlos, consistiendo en unos huevos fritos con beicon y jamón. Pernoctamos en el camping du Glacier d´Argentiere, sobre todo en esta etapa es imprescindible llevar la cabeza muy alta las vistas son…..


La octava etapa transcurrió desde Trè Le Champ-Chamonix, con Km. 23,60 y un desnivel de 997 de subida, ascendiendo al Col de Brèvènt y con un desnivel de bajada de 1134 en los últimos 5 Km.  Carlos y la furgo apenas 10 km. y cuesta abajo, al camping Mer de Glace.  Por la tarde paseo por Chamonix hasta que nos cogió la tromba de agua.


A la mañana siguiente, Chamonix se merece otro paseo de despedida, alguna compra y recoger a nuestra invitada Pilar; tras el almuerzo iniciamos el regreso. Hacemos noche en Avignon, camping du Pont d´Avignon.

De regreso no podemos marchar sin tomar un café y dar una vuelta, lo que pasa es que la furgo a esas alturas y confianzas también, quiere dar una vuelta y tardamos casi una hora en encontrar la salida del pueblo. Comida en Santa Coloma de Farnes para dejar a Pilar y continuamos a Zaragoza donde llegamos sobre las 22 h.

En los ratos de relax no faltaron los buenos momentos de risas con las celebres frases de alguno de Morata que para estos de Orera fue todo un acontecimiento, tales como “pobres y tontos que mal asunto” de Pololes, llamar alguno Cudril o Madruga Mentir, ver la cara de sorpresa a unas Francesas cortar y servir un plato de jamón y beber en bota de vino, también fue un evento como nos miraban en nuestras paradas durante el almuerzo cuando sacábamos el jamón, chorizo, fuet, queso y como no, la BOTA de vino.

Actores principales: La Zubeldia, Ernesto, Alfonso, Luis, Carlos.
Productor y patrocinador: “el de siempre”
Dirección: Muy anárquica


Fotos de la salida

domingo, 1 de septiembre de 2013

GARMO NEGRO


FICHA TECNICA
 Fecha:   31/08/2013 
 Distancia:   11.80 km  
 Dificultad:   Pechada-Inflón 
 Tiempo Invertido:  aprox 8h 45min (almuerzo y paradas incluidas)


Es el cenefo asiduo de caminos y apasionado de sendas. Más lejos le quedan alturas allende el techo que marca nuestro Moncayo, o todo aquello que se aproxime a la escalada que afama nuestro pueblo. Quizás por ello teníamos la espinita de visitar los Pirineos y romper la curva de nivel de los 3000. Espinita que no nos pudimos quitar el año pasado y que acunaba Miguel. Nos costó lo nuestro decidir una fecha y ajustar la cita, pero al final conseguimos quorum más que suficiente para salir al Garmo Negro este pasado sábado 31 de agosto. Tras varios tiras y aflojas, cientos de guasaps y algún disgusto de Luis I, salimos para Panticosa un casi pleno de cenefos, contando además con Ernesto como excelente guía.
Llegados a Panticosa, nos pusimos las botas y a las 7.50 comenzamos la subida. El día era realmente espléndido: el frío justo para andar plácidamente y ni una nube en el horizonte. Cogimos el camino obligado cerca del refugio de la Casa de Piedra, visitando primero la cascada para ya subir por la senda de la fuente. En esta primera zona boscosa llevamos un paso intenso; la justa para coger calor y romper a sudar. Llegados a la Mallada Baja, hacemos un primer descanso para quitar ropa y echar algún trago. Ya en esta zona, más despejada de árboles, se aprecia lo duro de la etapa y lo que hay que desnivelar para alcanzar el Garmo ya claramente visible. Sigue a esta zona unos buenos desniveles en una zona bien marcada y que enfila hacia el collado de Pondiellos. Ya aquí, se nota lo duro de la subida, con zonas pedregosas en las que a veces hay que echar mano para evitar caídas. Por supuesto Ernesto nos guía y va tirando del grupo, con Fernando respondiendo bien a pesar de su rodilla y Rafa siguiendo siempre a su ritmo con encomiable voluntad. 
Aunque había más de una posibilidad, seguimos a Ernesto, y los múltiples mojones, camino de Pondiellos, haciendo todas las paradas necesarias para reagruparnos, coger algo de aire o echar algún trago. Afortunadamente, no hay excesivos neveros, por lo que ascendemos todo que podemos antes de cruzar e ir al collado que separa el Garmo del Argualas, en una zona en la que ya se distinguen neveros, pero con poca pendiente. No parecían peligrosos, ni necesario el uso de crampones o similar. Incluso, se podían evitar si se prevé bien el camino. Ya en esta zona nos empiezan a adelantar algún grupo y empieza a verse una larga fila de gente que sigue nuestros pasos.
Llegados al nevero cruzamos sin dificultad porque la nieve está blanda y es fácil clavar bastón y asegurar la pisada. Las primeras dudas surgen aquí: tiramos para arriba por la zona sin nieve y subimos por la pedrera que lleva a la cima, o tiramos al final del circo y cresteamos. Esta es la opción que nos habían aconsejado y la que conoce Ernesto, así que dejamos la ruta que hace la mayoría y seguimos cruzando neveros hasta la zona que separa el Garmo del Algas. Subir a la cresta merece la pena; impacta la vista. Luego crestear se antoja un pelín más complicado para el cenefo que vuela a menos altura, pero una vez acostumbrado se llega a la cumbre por un camino inolvidable. Eso sí, la cumbre está concurrida; lo justo para una foto, revisar el panorama, disfrutar del momento y poco más.
La bajada por la pedrera que da al Argualas también tiene lo suyo: es dura y exigente y solo después de algún que otro resbalón llegamos al circo, aunque esta vez descendemos procurando sortear los neveros. También el descenso es algo complicado y conviene reservar fuerzas. Después de varios descansos, buscamos una buena piedra para dar cuenta del almuerzo, que ni decir tiene entra estupendamente. A partir de entonces, todo se antoja más sencillo y en breve llegamos a la Casa de Piedra, donde damos cuenta de una reposición de sales reglamentaria. Ha sido un día estupendo, en un entorno maravilloso y una fantástica compañía. Para celebrarlo nos dimos un refrigerio en Paco’s: vinos, cervecicas, guardiaciviles, huevos rotos, ensaladilla… Hasta el siguiente compañeros. ¡Y suerte en el Mont Blanc!

Película del día


Fotos de la salida