domingo, 22 de mayo de 2011

La joyita de San Martín de la Val d'Onsera


Por fin. Con este apego a lo cercano, motivado también por la limitación ACAC (acomeracasa) de nuestro compromiso familiar, hemos ido posponiendo muchas de las hermosas rutas que nos ofrece nuestra Comunidad y limitándonos al hábitat cenefo. Una de ellas era la de San Martín de la Val d’onsera. Y cierto es que realmente no está tan lejos y sobre todo que merece la pena el hermoso paseo que se nos ofrece por esta zona: un lujo, que a veces nuestros vecinos gabachos aprecian mejor que nosotros. Pero este 22 de mayo, jornada de indignada posreflexión, hemos roto la pereza.

A eso de las 6.45 salíamos camino de Huesca, después de recoger el conductor (léase Luis) puntualmente a Juancho, Fernando y Miguel. El camino, tranquilo y entretenido con la sugerente voz del GPS del iPhone de Juancho. Cogida la carretera hacía Lérida, algún reproche llevamos, porque las sugerencias no eran puntualmente atendidas y aun conseguimos despistar nuestra ruta. Eso sí, ¡por la necesidad de pan con el que atender nuestros bocadillos!. No mucho más allá de Huesca, queda el desvío a Loporzano, pueblo de paso y hermosa panadería. Abierta ya a eso de las 8 de la mañana. Hay que continuar, ojo avizor, hasta San Julián de Banzo. La carretera no es una maravilla, pero se lleva. Pasando San Julián se continúa hasta ver una pista de tierra en mal estado, que nos ha de llevar al pequeño aparcamiento en el que comienza la excursión.

En breve, se llega a un barranco, que una vez pasado nos lleva a una pista paralela al barranco y que finalmente concluye en él. Caminamos encajonados por esta zona que se abre un poco, para seguir una senda a la derecha, dejando el barranco principal, pero que nos lleva a otro que impresiona, eso sí, menos. Es un maravilloso paseo, en una umbría queda, y con alta humedad (difícil no romper a sudar) que llega a la puerta del cierzo en el cruce de caminos que está marcado con unas tablillas. No hay pérdida en ningún caso, porque la senda a San Martín está bien señalizada. Tiramos ahí para la izquierda e iniciamos un ascenso más rápido hacia las paredes.

En ellas, pronto se vuelve a alcanzar otro cruce que marca la divergencia entre la subida por la vía ferrata, la Viñeta, el camino de los Burros. Ambos tienen igual destino, pero merece la pena seguir por la primera. Curiosa además la placa del joven que en aquel punto se despeñó, nada menos que en 1843. Plegaria dejamos. Por cierto, reabrimos en esta zona un debate que creíamos cerrado. Sirga o silga. Rafael, contumaz como bien sabemos, sigue teniendo cancha. Aunque rara vez participa en comentarios esperamos alguno para resarcirse (quia). La foto al menos se la brindamos.

La subida por este paso es preciosa y poco exigente. Basta con tener precaución. Se llega a una zona espectacular, el pico del mediodía, que bien merece la caminata. Y a las vistas, podemos sumar un descenso al barranco para acudir a la recogida ermita de San Martín de la Val d’onsera. No vamos a describir. Se va o no se va. Allí estuvimos admirando la joyita, disfrutando de la cascada y encajando este puzle que nos lleva a no entender lo poco que somos y a lo mucho que llega nuestra obcecación. Reflexionamos, eso sí, con la ayuda de la bota cenefa, y el delicioso pan de Loporzano. Que esta vez sí que hubo pan para tanto chorizo (sic, plaza del Sol: salus populi suprema lex est). Debemos loar el torto de Peñaflor y el carajillo con güisqui (caliente y en termo) que nos trajo Miguel. Excelente. Para perdonarle (o casi) su ulterior mala memoria.

Como todo es efímero, y a la vista de los numerosos y cada vez más cercanos buitres que nos rondaban, decidimos que era la hora de afrontar la previsible dura subida, que no lo fue tanto. De nuevo en la cima una foto, bajada de pantalones e intercambio de opiniones con los franceses de Guara (unos de ellos). Para no repetir, decidimos bajar desde la cima por el camino de los Burros (así te das cuenta de que es mejor subir por el otro lado, porque la sendita se las trae si hay que hacerla hacia arriba). Animados ya, incluso corremos cuesta abajo con el objetivo de alcanzar el coche poco después del mediodía, lo que nos hubiera situado en casa sobre las 14.30, previa reposición salina. Pero casi al final, Miguel se dio cuenta de que se había dejado el móvil en la cima. Cundió algo el pánico hasta que PFman salió disparado hacia arriba. El asunto, distorsionó un poco el final, pero afortunadamente, todo acabó bien. Hubo rescate y machada (perdón).

Para celebrarlo, y tras avisar del retraso, decidimos mitigar la sed en Barluenga y su club. Para visitar. A 0.7 la cerveza (no era Ámbar, eso sí; pero la perfección no existe), dejamos escaso el mostrador para tanto casco (salvo el conductor, que el cenefo es animal consciente). Recobrado el orden lógico de toda excursión que se precie, volvimos por donde llegamos y tras algunas dudas, conseguimos dejar a cada cual en su nido.

En la crónica, ningún cabreo, medalla para el carajillo, recordatorio para el contador caídas que estrenó Fernando y a Juancho, mil gracias. Y nada más. ¡Qué ustedes hayan reflexionado (o no) bien!

viernes, 29 de abril de 2011

CRONOESCALADA


Sábado, 23 de abril. San Jorge. El día anterior, Viernes Santo, en vista de lo complicado del tiempo, decidimos hacer una salida corta y comenzar a las 9h. A esa hora acudimos, ya sea al albergue o a la Plaza, Javi G., Antonio, Dani, Ángel, Fernando Juancho, Rafa y los Luises. Los que en principio habíamos quedado. En la plaza nos encontramos un nutrido grupo de colegas, con Paco a la cabeza, que también habían decidido despedir la Semana Santa con una andada. Ellos lo tenían claro: subida a la Sierra. Nosotros no tanto, así que decidimos lo lógico: andada comunitaria. La subida al punto geodésico de nuestra Sierra, por el barranco, es un clásico, con tiempos de subida, según nos han referido, que dan escalofríos. Así que se presentía movimiento.

Y así fue. El inicio fue bravo, con Ángel a la cabeza, que se dispara en busca del primer grupo. En todo caso, el ritmo era llevadero, pero lo mantenido de la subida hizo que aparecieran las primeras diferencias. Atrás iban quedando Dani y Rafa. Grupo al que se sumo Luis para ir aliviando tensiones y de paso evitar la falta de resuello que se presumía adelante. No obstante, las cosas estaban calientes detrás. Rafa, se acordaba de aquella máxima cenefa: “Si quieres ir rápido, camina solo. Si quieres llegar lejos, camina en compañía” y maldecía una y otra vez. A Dani, algo castigado por el resfriado y con poco rodaje, la cuesta se le iba haciendo cada vez más dura y tuvo mérito que no abandonara. Tentado estuvo. Nos dejó la frase del día: “He salido a una andada, no a una cronoescalada”. En todo caso, si nos olvidamos de tiempos, el paseo es totalmente recomendable. Una subida exigente, un bonito paisaje, y una mezcla de senda y monte, justo en la puerta de casa, que nos permite un buen entrenamiento.

Con paciencia fuimos llegando arriba. La cima estaba mucho más concurrida que la plaza del pueblo seguro. Nutrido grupo que queda reflejado en la foto que se acompaña y de la que se desgajó Rafa. Aun hubo tiempo para alguna incorporación más, y al poco, tirar para la Atalaya. El monte está realmente impresionante y la mañana acompaña. Ahora sí, vamos cada uno a nuestro ritmo disfrutando de la andada sin excesivas prisas. En la Atalaya tenemos tiempo para un foto y unas cuantas risas, antes de descender de nuevo hacia el pueblo por el camino que va paralelo a la, ya antigua, autovía.

Allí, la mayoría nos dirigimos al Albergue para dar cuenta de una cervecitas y alguna tapita. Ya se sabe: cervezas varias, algo de picar, debates sobre cómo organizar rutas senderistas en Morata y poquito más.

Luego nos quedamos unos pocos a disfrutar del maravilloso rancho que nos había preparado Lourdes. Realmente impresionante. Comida de hermandad por todo lo alto, que disfrutamos y esperamos que se pueda repetir próximamente. Hubo jotas, buena gana y mejor humor. Ya cantamos en su momento las alabanzas pertinentes por la hospitalidad que nos dispensaron, pero la dejamos patente, y por escrito, en esta crónica. Gracias.

lunes, 25 de abril de 2011

Huesca_V2.1

Y cierto es que Víctor Fernández, no paró hasta que no logró fotografiarse con las huestes cenefas...
y acá dejamos la muestra de su deseo cumplido...
Todo esto sucedió, media hora antes que nuestro presidente Luis, nos dejara en las inmediaciones de su casa para que Fernando y yo, continuáramos camino para Huesca.
Si bien las sensaciones eran tan buenas como el año anterior, supimos desde un principio que nuestro estado de forma nos iba a ayudar a bajar la marca del año pasado de las 15horas y 20 minutos. Para ello, optamos por envaselinarnos los pies bien, y cambiarnos de calcetines en Zuera y Almudévar.
Y a buen paso abandonamos Zaragoza, para plantarnos en San Juan de Monzarrifar, recorriendo los primeros 8 km en apenas 1h10'. Allí dimos cuenta de una buena dosis de hidratos de carbono en forma de macarrones con atún, de los que Fernando, decide ni probarlos y meter prisa para apenas detenernos y continuar marcha.
A la salida, se nos incorporaría Javier, que hasta Huesca se convertiría en nuestro compañero de andada.
La noche estaba iluminada por la casi primera luna llena de la primavera (anunciadora de la Semana Santa), aunque se hacían necesarios los frontales sobre todo en los interminables kilómetros de pista.
Entre palabra y palabra, llegábamos a San Mateo de Gállego, una hora después con una media por encima de los 7km/h. Allí decidimos pasar por alto chocolate calentito, aunque dimos buena cuenta de los bizcochos que lo acompañaban.
Camino de Zuera, por una pista paralela a la carretera, seguimos con las buenas sensaciones y un ritmo excelente, alcanzando el polideportivo de Zuera. Eran las 2 y 10 de la madrugada, y habíamos recorrido los primeros 27km. Allí en Zuera, estaban las mochilas que habían recogido en la plaza del Pilar, y aprovechamos para revisar neumaticos, a base de vaselina y calcetines nuevos. A base de cacahuetes, plátanos y agua  nos avituallamos y decidimos emprender la marcha, con menos de 10 minutos de parada.
El tramo que nos llevaría hasta San Jorge, se hace sin duda el más pesado, los silencios duran más tiempo y el paisaje apenas ayuda a la distracción.
En San Jorge (48,5 km 7h36'), nos entregan en el primero de los controles el dorsal. 19 para Fernando y el 21 para mi, lo que anunciaba que apenas una veintena de andarines y corredores habían llegado allí antes que nosotros. La Cabañera Real de Lupiñén, nos conduciría a Almudévar. Era todavía de noche, y aunque los kilométros comenzaban a pesar, seguíamos animados y a buen ritmo. Almudevar, (km 57, 9h26') nos recibió con bocadillo de panceta y migas, en su campo de fútbol.  Segundo cuidado de pies, y otra vez en marcha, ya para encarar los ultimos 20 kilometros.
El camino por la Cabañera Real de Huesca, que el año pasado se convirtió en un suplicio por las ampollas, este año y ayudados por esas buenas sensaciones se convierte en un paseo, donde se incorporó Eloy, viejo compañero de andadas populares.
Huesca y su ermita de San Jorge, nos recibe tras 12 horas y 36 minutos de andada, con la enorme satisfacción de haber concluido nuestra segunda Jorgeada.
Foto, duchita de rigor, recogida de camiseta y media docena de cañas, para hacer tiempo hasta la comida. Allí nos reencontramos con los "manolos", que como no han llegado primeros, apenas una hora antes. El menú paella, ensalada y dalky.
Después a la una de la tarde, cogimos el primer autocar. para llegar a Zaragoza, una hora después. El "run-run" de la Calcenada de los 104km, ya planea como siguiente reto cenefo...

TOCANDO CHUFAS AL RETORTERO


Contábase en la anterior crónica que el Jueves Santo estaba destinado a los castillos de Armantes por la zona de Calatayud. Pero la noche anterior (la de la finalísima de todas las finales) vino con una tormenta tremenda. Demasiada agua para arriesgarnos a no disfrutar de una etapa, que Juancho ha prometido espectacular. Así que decidimos pecar de conservadores, retrasar algo la hora de salida y hacer una andada por Morata.
A las 8 estábamos en el Albergue, Fernando, Miguel, Fernando Alonso (sección LA), Luis I, Luis, Rafa, Juancho y Fran (el León de Gerona). Solo faltaba Javi O. al que animamos a que se quite la pereza y nos acompañe, que le vendrá bien unas horas de charlita, monte y hasta falta de resuello y aire (que estamos en SS y sufrir también tiene su aquel). Ante el cambio de planes, Luis I nos propone hacer la etapa de 3 horas que tenía planeada para el sábado. Y allá que nos vamos, como el día anterior, camino del cementerio hacia adelante. De nuevo visitamos el Huerto de los Olivos, pasamos la zona de obras y tiramos hacia las Torcas, aunque antes de la subida nos desviamos ya a la derechaa porque toca rodear los linderos de Morata. Vamos en busca de las tablillas que delimitan el término, monte a través. La primera subida es de aúpa. Luis I con su típico trotar no tiene piedad y nos lleva al retortero. Cada uno a su ritmo vamos llegando al puntalico que deja Jabacín a la izquierda (mirando hacia la autovía). El león pronuncia una de las primeras frases del día que resume como ha sido la subida: ¡ha sido una putada!
Arriba las vistas son preciosas, aunque el aire aprieta y para que no pillemos frío engancha Luis I de nuevo en busca de chufas que tocar. Y así vamos descendiendo, ascendiendo, descendiendo… con las tablillas delimitadoras como referencia. Cruzamos la autovía por debajo y tiramos ya para la zona de Mularroya, o lo queda de ella.
Alcanzada la carretera, por debajo de la zona del embarcadero de Morata, debatimos algo sobre si es pertinente almorzar en una etapa tan corta. Es más gula que necesidad. Pero ya incumplimos ayer una máxima cenefa, y dos días quizás sea pecado. Así que optamos por preparar almuerzo, compartir viandas y recordarle a Miguel que a andar no se puede salir sin bota. Tocamos a rebato rápido, para que el peso de la culpa se diluya, y nos vamos por la zona de pinos que hay detrás de la antigua gasolinera. Un bonito paseo por esta zona que concluimos a la entrada del parque. Foto para el recuerdo de tantas culecas y meriendas. Será el progreso… o no. En esta zona, el cronista descubre que el fin de sus Merrell se aproxima (ya escribiremos sobre la mierda de calidad de los adhesivos de estas botas).
Tras la foto regresamos de nuevo a Morata. Ascendemos monte, dejamos que Luis I nos machaque otro rato y llegamos al pueblo antes de las 11.30. Lo sabemos porque Rafa y Fran van a cumplir con la cofradía. Nos vamos el resto a entregar a nuestro patrocinador la camiseta cenefa que le teníamos prometida y dar cuenta de una reposición como mandan los estatutos. Entretenido debate sobre las puntas de las estrellas y otros mitos que aderezamos con torreznos de ayuno, cervezas y vino tinto. Y así cumplimos con el Jueves Santo cenefo: de penitencia tocando chufas.