martes, 30 de enero de 2018

Puy Moné o "la retina"


FICHA TECNICA
 Fecha:   29/01/2018 
 Distancia:   13,64 km  
 Desnivel positivo:   677 m  
 Dificultad:   Fácil 
 Tiempo Invertido:   5h28m 
Cogido el gusto, volvemos en San Valero a juntarnos cuatro cenefos para ir a Luesia a dar cuenta de una prometedora etapa que habíamos visto en Chino-Chano (habrá que discutir sobre los matices y diferencias con China Chana). Etapa que comenzaba en el pozo Pígalo del Arba en Luesia. Desde allí nace una pista de la que inmediatamente deriva una senda que tras idas y venidas asciende a Puy Fonguera y Puy Moné. Totalmente recomendable, no solo por las sendas por las que se ascienden, que son fantásticas y evocadoras de lo que es esta zona prepirenaica, sino, sobre todo, por las fantásticas vistas que hay en lo alto de la sierra. En cualquiera de los dos picos hay una maravillosa vista de los Pirineos, que hemos pillado nevados como es normal en esta época, así como del Moncayo, que en la parte sur, con su neblina alrededor y su porte majestuoso, y también coronado de blanco, tenía un cierto aire fantasmagórico y de misterio. Hubo alguna duda para subir, más fruto de una mala lectura del track de referencia que llevábamos que de la señalización, que en general está bien. Arriba en Puy Moné el tiempo era realmente maravilloso por lo que disfrutamos de un almuerzo en un decorado inmejorable. Para recordar.
La bajada de nuevo al pozo se hace inicialmente por la misma senda, hasta el cruce que está señalado como Puente Celestino. De allí parte una senda de lujo, de las mejores que hemos recorrido en muchos años. Como dijó Luis I, nos la llevamos puesta en la retina. Para volver sin duda. También hubo algún escarceo de pérdida, pero fruto más de las ganas de seguir disfrutando del paisaje que de otra cosa. Acabamos algo tarde, aunque ya se avisó que a comer no se llegaba. Así que paradica en Luesia a reponer sales y para casa que mañana se trabaja. Algunos.





Fotos de la salida

Paseo por la Sierra de Algairén


FICHA TECNICA
 Fecha:   20/01/2018 
 Distancia:   8 km  
 Desnivel positivo:   472 m  
 Dificultad:   Fácil 
 Tiempo Invertido:   3h10m 
Es de naturaleza perezosa el cenefo, sabido es. Comenzar el año, y más después del cierto letargo del 2017, exigía un prólogo llevadero, de poca exigencia y con objetivos motivadores. A tal fin, se reunieron los luises, Fer y Javi, para dar cuenta de una andadica corta por la Sierra de Algairén, una joyita a un paso de Zaragoza que conviene saborear en todas las estaciones, menos verano. El sábado elegido fue ventoso, ni corto ni largo de temperatura, y eso sí, soleado. Desde el Raso de la Cruz, a la Peña de La Tía sube una senda exigente de la que se dio cuenta, y cuyo track se puede descargar en el link que hay debajo. Arriba, preciosas vistas de Vicor, el Moncayo. Como el día no estaba para muchos trotes, nos refugiamos en el primer recodo del camino para que el almuerzo diera cuenta de nosotros. Allí nos devoró mucho más de una hora el cuero de las botas (no de andar, se entiende), el dulce y el salado. Repaso dimos de la situación futbolística y los próximos triangulares. Y con la modorra correspondiente, pues para abajo. Escasos 7.90 km de buenas sendas: una para arriba y otra para abajo, pero totalmente recomendables.


Fotos de la salida

 

sábado, 2 de septiembre de 2017

Y de repente... MONCAYO


FICHA TECNICA
 Fecha:   26/08/2017  
 Distancia:  12 km  
 Desnivel positivo:   unos 1000 m  
 Dificultad:   pechada, pero llevable
 Tiempo Invertido:  3.30h
Parecía muerta esta ventana al mundo senderista, pero no.... volvemos. Ha sido un año extraño, complicado y lleno de tareas, que nos ha dejado menos polvo en las zapatillas del que nos hubiera gustado a muchos. Bueno... que nos hubiera gustado a casi todos. Que los irreductibles han seguido machacando suela como acostumbran. Los boinas negras.
Ha sido un año de Cosuenda como siempre. Pero eso está ya olvidado (alguno lo olvidó incluso antes de salir de Cosuenda). O de Santabarbarada, que la volvimos a recuperar para celebrar la llegada de un ansiado verano. Una entrañable Santabarbarada, quizás la última tutelada por la entrañable Furgoboni. Esperemos que no. Y por supuesto, ha sido un año de Moncayo.
Es este monte arisco el que marca el recogimiento postvacacional de este colectivo. Adorna la andada esa cierta melancolía que deja el poso de una muesca más, en un tiempo de verano que languidece para desconsuelo de casi todos. La conjura cenefa de este año estaba incentivada por Chema, que prometió coser el desconsuelo, así como reparar agujetas, a base de migas. Había, eso sí, que hacer chufa en el San Miguel. Y allá nos fuimos, unos cuantos. Paco A, Chema, Antonio, Rafa, Víctor, Jesús y Luis. O sea: siete magníficos. Más Matu, que no se pierde una. Aunque nos hubiera gustado contar con varios más de los clásicos que este año nos han fallado.
Llegamos sobre las 7.40 a la Cueva, con algo de neblina, pero en una mañana fresca. La salida está bien marcada, y enseguida cogimos un ritmo vivo, con Rafa tirando y sin esperar a nadie. Disfrutamos y sufrimos lo justito de la primera zona boscosa. Ni preciosos robles, ni el riachuelo que nos acompaña, ni la charla animada detiene el ritmo impuesta. Eso sí, poco antes de llegar a la zona donde brota espontáneo el Trasmoncayo, Chema se desmarca para seguirle pronto Antonio, Paco A. y más tarde Víctor. Los fuertes. Quedamos algo más rezados el resto, aunque Jesús enseguida tira también para arriba con ritmo vivo. Otro fuerte. El resto se queda a un ritmo más suave y tranquilo, pensando en lo que queda por delante. Luis lo agradece que todavía recuerda el pajarón que le dio el año pasado a mitad de barranco. La subida... pues ya se sabe, cada uno a su ritmo y con tranquilidad que, salvo las migas, no nos espera nadie.
Arriba el viento se hace notar, y también el frío, por lo que el almuerzo se hace rápido. La viandas de rigor, que disfrutamos los ocho (Matu, incluido), alguna foto para dejar constancia de la chufa, y para abajo. La bajada se hizo a un ritmo rápido y vivo, trotando en algún caso. Si se tiene cuidado de torceduras indeseadas, no es mal consejo dejarte llevar para evitar sobrecargas. Antonio, que afrontaba el Moncayo por primera vez, como Jesús, es el que más sufre... pero cumple, aunque le tiemblen las piernas. Así que antes de las 12 h estábamos ya en la Cueva de nuevo, listos para afrontar la última etapa del día. Las migas.
Llegados al pueblo toco duchita, reposición de sales en El Casino, y nos fuimos a preparar unas raciones de piparritas, pimientos y otras verduritas a la plancha, para acompañar una migas con huevos fritos y frutas variadas. Todo sano y natural que aderezamos adecuadamente. Chema se portó y preparó unas estupendas migas. Postre, copitas  y un campeonato de guiñote que ganaron los más expertos. Los boinas negras del tapete. Serían ya más de las 6 de la tarde cuando salimos de una estupenda comida. Aún tuvimos tiempo de un campeonato de futbolín, que permitió a Rafa desquitarse de la derrota que sufrió en el guiñote, deporte que se le encasquilla casi tanto como el barranco del Colludillo.
Y con estas, comenzamos un nuevo curso andarín, que esperemos esté lleno de almuerzos, charlas animadas y estupendos paisajes.